Page 4 - P01
P. 4

El poder de la





      escritura










                      Por Bily López

                      Más que una llana fijación de sonidos, la     nos que dice, palabras más, palabras menos, que “todos
                      escritura es ordenación, jerarquización y     podemos hacer lo que se nos pegue la gana, siempre y
                      maquinación meticulosa de significados:       cuando esto no sea un delito o falta penada por la ley”.
                      he ahí su poder, su vastedad, su belleza…     Y concluí que, indefectiblemente, patria y libertad son
                                                                    conceptos antagónicos, pese a lo que la clase política y
                      y su peligro.                                 el gobierno nos quieren hacer creer mediante baratos
                                                                    spots  televisivos  y  cuentitos  históricos  tergiversados,
                               is pasos zigzagueantes en la plaza de armas   cursis hasta la infamia, que dan cuenta del antihumano
                               bogotana se detuvieron de manera abrupta   heroísmo de los hombres patriotas.
                      Mante la apabullante y monumental visión de      Continué avanzando hacia el barrio de La Cande-
                      una sentencia inscrita en la impasible roca: “Colombia-  laria y no podía borrar la sentencia de mi mente. La
                      nos: Las armas os han dado independencia, las leyes os   patria, la libertad, las leyes, las armas. Entre los balcon-
                      darán libertad”. El alcohol que circulaba festivamente   citos de madera y los colores agrestes de las casitas del
                      por todos los conductos sanguíneos de mi cuerpo que-  barrio, me di cuenta de que la sentencia me había lle-
                      dó pasmado y de pronto recobré la terrible sobriedad.  nado de miedo. Las armas, las leyes. Y recordé entonces
                         Colocada en el centro del lado poniente de la plaza,   que en alguna sesión de un curso en el que se intentaba
                      dicha sentencia me arraigó al suelo hasta entonces mo-  hablar sobre la violencia y la literatura, el viejo Choreño
                      vedizo y tambaleante y me indujo una postura patrióti-  nos había contado que los primeros testimonios de es-
                      ca y casi marcial. La sentencia, queda claro, fue inscrita   critura eran códigos escritos en monumentales piedras.
                      para exaltar el sentimiento patriótico de los colombia-  Mi irresponsable intelecto tendió entonces una liga di-
                      nos una vez que Bolívar y sus secuaces habían logrado   recta entre el latín scriptum y el griego Krypte, como
                      emancipar a los pobladores del yugo de la corona es-  para convencerme de que escribir tiene algo que ver con
                      pañola. Y yo ahí, ebrio y aturdido, frente a uno de los   el deseo de hacer perdurar aquello que ha muerto. De
                      vestigios imborrables de la independencia colombiana,   inmediato abandoné la hipótesis por falta de referen-
                      sin saber qué pensar, porque, eso sí, Colombia puede   cias precisas. Me pregunté entonces, ¿por qué escribir
                      estar  cercada  por  militares,  paramilitares,  guerrillas,   algo así y dejarlo en piedra y a la vista de todos?, más
                      narcos  y  las  FARC  (Fuerzas  Armadas  Revoluciona-  aún, ¿para qué escribir algo?, ¿qué implica la escritura?,
                      rias de Colombia), pero la sentencia en la piedra queda   ¿cuáles son sus presupuestos?
                      como testimonio imborrable de un pasado glorioso que   Recordé en ese momento una hipótesis de un filó-
                      se niega a ceder mediante aquella inscripción, y da una   sofo francés —mi estado etílico me impidió recordar
                      beligerante bienvenida a todos los que transitan por la   su nombre— que sugiere que el discurso escrito no es
                      plaza de armas.                               más que la fijación del discurso oral, es decir, algo así
                         Semisobrio por la impresión, reanudé mi marcha,   como una sujeción gráfica de los sonidos; esta hipó-
                      pero no podía dejar atrás el acoso de la sentencia… la   tesis, para los fines teóricos que el autor establece, es
                      patria,  las  leyes,  la  libertad…  Recordé  entonces  que   plausible, pues resulta una cosa bastante natural pensar
                      para  los  anarquistas  la  patria  es  un  invento  burgués   que lo que escribimos es una traducción en grafías de
                      para defender sus intereses y dominar a la clase traba-  aquello que expresamos oralmente; sin embargo, mira-
                      jadora, recordé también el paradójico artículo 24 de la   do cuidadosamente, la escritura no es ni puede ser una
                      Constitución Política de los Estados Unidos Mexica-  llana fijación del discurso (como si el discurso oral no
       2                                                                                            Palabrijes 01 primavera 2008
   1   2   3   4   5   6   7   8   9