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Pequeño tratado del
entendido
Nuestro “silencioso” lenguaje gestual está cargado de
sobreentendidos, de intenciones dialogantes, pero
también de malos entendidos, que nos pueden llevar a
equivocaciones graves o relaciones desastrosas.
Por David Huerta
Ilustración Arizbeth Juárez
l poeta francés Charles Baudelaire (1821- Casimiro levanta las cejas y la pobre de Pancha cree
1867) escribió alguna vez acerca de la impor- una cosa: la sobreentiende. El gesto cejudo quiere decir
Etancia decisiva de los gestos en las grandes algo, significa, comunica un mensaje, trasmite un con-
circunstancias de la vida. Sin duda los gestos tienen tenido; pero no es el que Pancha cree o quisiera creer.
esa importancia que les atribuye el poeta; pero vale la Más le valdría a Casimiro aclarar la célebre situación
pena ver el asunto de cerca. No es Palabrijes el lugar emisor-mensaje-receptor. El sobreentendido —lo tá-
adecuado para discutir con un poeta muerto hace ya cito o lo virtual de lo que Casimiro intenta “decirle” a
tanto tiempo, y francés por añadidura: tendríamos que Pancha con su gesto— se presta a malos entendidos:
comunicarnos con el más allá y en una lengua que no es peligro cierto.
la nuestra, ¡menudo escándalo y no menor dificultad! Pero eso no descalifica o prohíbe los sobreentendi-
Pero conviene, quizás, por lo menos, considerar con dos. Del otro lado de ese riesgo —el riesgo de los malos
cuidado lo que Baudelaire quería decir, sin recurrir a la entendidos—, está la riqueza indiscutible del lenguaje
tabla güija ni a ningún médium. de los gestos, riqueza cimentada en el sobreentendido.
Podemos hablar, y sospecho que lo hacemos a me- Partamos del sentido que tiene la segunda parte de
nudo, del “lenguaje de los gestos”. En realidad, nos refe- la palabra compuesta: ‘entendido’. Indica o señala esa
rimos con ello a una dimensión intrigante del lenguaje parte compleja de nuestra vida mental, acaso el rasgo
que tiene un pie en las palabras y otro en el silencio central de la inteligencia: el entendimiento.
(perdón por las metáforas: ¡el lenguaje no tiene pies!… —No necesito aclararle nada a Pancha. Ella sabe
es una “manera de hablar”). Generalmente en los ges- que yo la quiero. Me entiende, nos entendemos. Si le-
tos se juegan los sobreentendidos. Una consulta rápida vanto las cejas o abro los brazos o miro hacia la iz-
al diccionario nos explica la palabra “sobreentendido” y quierda, ella sabe; ella entiende. Así que más te valdría
sus congéneres o sinónimos. Desde luego, los sobreen- ocuparte de tus propios asuntos y dejarnos a Pancha y
tendidos no se limitan a los gestos; pero estos renglo- a mí en paz. Quién te mete, Juan Copete.
nes se ocupan de cómo se nutren unos a otros: gestos, —Como quieras, hermanito. Espero, mi estimado
sobreentendidos. Casimiro, que no te enredes en problemas que luego no
Un diccionario a la mano nos informa de palabras puedas solucionar. Te lo digo como amigo. No quería
más o menos sinónimas de “sobreentendido”: ‘tácito’, molestarte. Discúlpame si te ofendí.
‘virtual’. Dice también que es un adjetivo; aquí com- Con enorme frecuencia, hablamos sin decir pa-
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pletaremos al tumbaburros: también es un sustantivo , labras; hablamos en silencio; nos comunicamos con
por supuesto: nuestros semejantes con una multitud de gestos cuyas
—Hay muchos sobreentendidos en la relación que claves, en ocasiones, únicamente conocen los “inter-
tienes con Pancha, Casimiro. Más te valdría aclararlos… locutores”, los dialogantes de los sobreentendidos. Es
PAlAbRIjes 02 otoño 2008

