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la ya tardía edad de diez años, es- chapina y catracha y mi santa madre ‘de puta’
cuché por primera vez hablar con no tenía nada. Pero yo me hacía las ilusio-
A fluidez un lenguaje donde las ‘malas nes. Aprendí también que para ser libre, era
palabras’ eran por mucho más abundantes y importante darles a los adultos lo que era de
expresivas que el resto de conectores, artículos los adultos, las buenas calificaciones y un des-
y preposiciones con que la persona hablante empeño escolar irreprochable: ¿quién podría
ligaba su discurso. Se trataba de una adoles- objetarte algo si eras el modelo a seguir? Así
cente de unos dieciséis años, amiga de una de pues, la lengua se me diversificaba, hablaba en
mis hermanas, y con quien, para mi asom- casa la lengua de la niña modelo, en la escue-
bro, mi hermana se entendía perfectamente. la, la lengua de la niña estudiosa y del patio de
Recuerdo que se me arrebolaron las mejillas. la escuela hacia los cuatro puntos cardinales
Esa muchacha estaba transgrediendo exqui- hablaba como se me hinchaba la gana.
sitamente todos los diques de prohibición Esa corriente de palabras prohibidas me
expresiva que la familia, las monjas y todo el revitalizaba; lejos de empobrecerme el idio- Poema de amor (fragmento)
entramado de adultos que me rodeaba habían ma, me dio nombres más exactos para evitar …
levantado en nombre de la buena educación. los rodeos eufemísticos que el ‘deber ser’ im-
Y no sólo los estaba transgrediendo, ahí, en pone muchas veces. Una mierda es una mier- los que fueron cosidos a balazos al
una plática de minutos de cuyo contenido no da y no hay modo de endulzarla. [cruzar la frontera,
recuerdo nada, sino que estaba dinamitando Grande fue mi regocijo cuando en la
para siempre esos diques obtusos, permitién- adolescencia, y ya en México, me cayó en las los que murieron de paludismo
dome ver por un instante el mar de las pala- manos José Agustín, ese maestro del lengua- o de las picadas del escorpión o la
bras en toda su vitalidad, con una brusquedad je irreverente. Más tarde Eusebio Ruvalcaba.
que resultaba hermosa. Caray, nada como decirles a las cosas por su [barba amarilla
Cuando por fin pude salir de la escuela nombre más desnudo, sin ambages. Qué pla- en el infierno de las bananeras,
de monjas, un año después, fui a la secun- cer. Qué poder. Porque hay que tener agallas los que lloraran borrachos por el
daria mixta y pública con el secreto deseo para decirles a las cosas sus nombres oscuros y
de convivir con el sexo opuesto y aprender no hacerse de la boca chiquita, sino más bien [himno nacional
aquella extraña lengua que había escuchado de una boca precisa y juguetona que pueda bajo el ciclón del Pacífico o la nieve
con fascinación. No me fue difícil conseguir reírse de la mojigatería que le queda a una.
ninguna de las dos cosas, pronto no sólo tenía De esa forma, navegando por esa corriente [del norte,
mi novio de manita sudada sino que era una subterránea del idioma me acerqué cada vez los arrimados, los mendigos, los
de las peores bocas de los alrededores. Era más a ese mar rugiente que había vislumbrado
feliz. Me sentía libre y poderosa. Sensación en la infancia, aunque claro, tuve la suerte de [marihuaneros,
que aumentaba al poder recorrer sola las mu- aprender también los usos cultos del español los guanacos hijos de la gran puta,
chas montañas que rodean a Santa Rosa de y el arte de usarlos en el momento oportuno.
Copán, la pequeña ciudad del occidente de Pero para mí el idioma era ya un montón de los que apenitas pudieron regresar,
Honduras donde por avatares de la vida ocu- modos de hablar arracimándoseme en la len- los que tuvieron un poco más de
rría todo esto. Habrá que decir, para no faltar gua, las palabras de cada uno de esos modos
a la verdad, que una vez instalada en mi recién luchaban por salir, por sonar, por volar en el [suerte,
ganada libertad de transeúnte y hablante, me aire. Las muchas formas de decir la misma los eternos indocumentados,
di cuenta que el malpalabrismo era en reali- cosa peleando entre sí, y entonces viene Paz a
dad la lengua franca de Honduras y muchas decirme que las haga chillar a las muy putas y los hacelotodo, los vendelotodo, los
veces, para mi beneplácito, vi abrazarse con Cortázar que las agarre del rabo. Ah, las pa- [comelotodo,
grandes muestras de afecto a los amigos que labras, esas bestezuelas locas, brillantes como los primeros en sacar el cuchillo,
se decían “Hijo’eputa, vení acá.” A mi modo dice Neruda, emperejiladas.
de entender por aquellos entonces, todos éra- Ya como adulta e instalada en México, tuve los tristes más tristes del mundo,
mos hijos de puta y eso nos hermanaba pro- la suerte de participar en el Taller de Len- mis compatriotas,
fundamente y nos ponía a buen resguardo de guaje, Comunicación y Cultura, que es parte
la ‘buena educación’ y de las absurdas jaulas de la carrera de Comunicación y Cultura en mis hermanos.
con que se pretendía atrapar al mar. nuestra Universidad. Ahí aprendí mucho y me
Pronto leí a Roque Dalton, y quise ser una divertí más. Y una de las cosas que me gustó
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guanaca hija de puta, aunque no lo era; era reflexionar con los estudiantes es el hecho de Roque Dalton
Palabrijes 03 primavera 2009 17

