Page 19 - P03
P. 19

2
                la  ya  tardía  edad  de  diez  años,  es-  chapina y catracha y mi santa madre ‘de puta’
                cuché  por  primera  vez  hablar  con  no  tenía  nada.  Pero  yo  me  hacía  las  ilusio-
          A fluidez un lenguaje donde las ‘malas  nes. Aprendí también que para ser libre,  era
          palabras’ eran por mucho más abundantes y  importante darles a los adultos lo que era de
          expresivas que el resto de conectores, artículos  los adultos, las buenas calificaciones y un des-
          y preposiciones con que la persona hablante  empeño escolar irreprochable: ¿quién podría
          ligaba su discurso. Se trataba de una adoles-  objetarte algo si eras el modelo a seguir? Así
          cente de unos dieciséis años, amiga de una de  pues, la lengua se me diversificaba, hablaba en
          mis  hermanas,  y  con  quien,  para  mi  asom-  casa la lengua de la niña modelo, en la escue-
          bro, mi hermana se entendía perfectamente.  la, la lengua de la niña estudiosa y del patio de
          Recuerdo que se me arrebolaron las mejillas.  la escuela hacia los cuatro puntos cardinales
          Esa muchacha estaba transgrediendo exqui-  hablaba como se me hinchaba la gana.
          sitamente  todos  los  diques  de  prohibición   Esa corriente de palabras prohibidas me
          expresiva que la familia, las monjas y todo el  revitalizaba; lejos de empobrecerme el idio-  Poema de amor (fragmento)
          entramado de adultos que me rodeaba habían  ma, me dio nombres más exactos para evitar    …
          levantado en nombre de la buena educación.  los rodeos eufemísticos que el ‘deber ser’ im-
          Y no sólo los estaba transgrediendo, ahí, en  pone muchas veces. Una mierda es una mier-  los que fueron cosidos a balazos al
          una plática de minutos de cuyo contenido no  da y no hay modo de endulzarla.               [cruzar la frontera,
          recuerdo nada, sino que estaba dinamitando   Grande  fue  mi  regocijo  cuando  en  la
          para siempre esos diques obtusos, permitién-  adolescencia, y ya en México, me cayó en las   los que murieron de paludismo
          dome ver por un instante el mar de las pala-  manos José Agustín, ese maestro del lengua-  o de las picadas del escorpión o la
          bras en toda su vitalidad, con una brusquedad  je irreverente. Más tarde Eusebio Ruvalcaba.
          que resultaba hermosa.                Caray, nada como decirles a las cosas por su           [barba amarilla
            Cuando por fin pude salir de la escuela  nombre más desnudo, sin ambages. Qué pla-  en el infierno de las bananeras,
          de  monjas,  un  año  después,  fui  a  la  secun-  cer. Qué poder. Porque hay que tener agallas   los que lloraran borrachos por el
          daria  mixta  y  pública  con  el  secreto  deseo  para decirles a las cosas sus nombres oscuros y
          de  convivir  con  el  sexo  opuesto  y  aprender  no hacerse de la boca chiquita, sino más bien   [himno nacional
          aquella extraña lengua que había escuchado  de una boca precisa y juguetona que pueda   bajo el ciclón del Pacífico o la nieve
          con fascinación. No me fue difícil conseguir  reírse de la mojigatería que le queda a una.
          ninguna de las dos cosas, pronto no sólo tenía   De esa forma, navegando por esa corriente       [del norte,
          mi novio de manita sudada sino que era una  subterránea del idioma me acerqué cada vez   los arrimados, los mendigos, los
          de  las  peores  bocas  de  los  alrededores.  Era  más a ese mar rugiente que había vislumbrado
          feliz. Me sentía libre y poderosa. Sensación  en la infancia, aunque claro, tuve la suerte de   [marihuaneros,
          que aumentaba al poder recorrer sola las mu-  aprender también los usos cultos del español   los guanacos hijos de la gran puta,
          chas montañas que rodean a Santa Rosa de  y el arte de usarlos en el momento oportuno.
          Copán, la pequeña ciudad del occidente de  Pero para mí el idioma era ya un montón de   los que apenitas pudieron regresar,
          Honduras donde por avatares de la vida ocu-  modos de hablar arracimándoseme en la len-  los que tuvieron un poco más de
          rría todo esto. Habrá que decir, para no faltar  gua, las palabras de cada uno de esos modos
          a la verdad, que una vez instalada en mi recién  luchaban por salir, por sonar, por volar en el    [suerte,
          ganada libertad de transeúnte y hablante, me  aire. Las muchas formas de decir la misma   los eternos indocumentados,
          di cuenta que el malpalabrismo era en reali-  cosa peleando entre sí, y entonces viene Paz a
          dad la lengua franca de Honduras y muchas  decirme que las haga chillar a las muy putas y   los hacelotodo, los vendelotodo, los
          veces, para mi beneplácito,  vi  abrazarse con  Cortázar que las agarre del rabo. Ah, las pa-  [comelotodo,
          grandes muestras de afecto a los amigos que  labras, esas bestezuelas locas, brillantes como   los primeros en sacar el cuchillo,
          se decían “Hijo’eputa, vení acá.” A mi modo  dice Neruda, emperejiladas.
          de entender por aquellos entonces, todos éra-  Ya como adulta e instalada en México, tuve   los tristes más tristes del mundo,
          mos hijos de puta y eso nos hermanaba pro-  la  suerte  de  participar  en  el Taller  de  Len-  mis compatriotas,
          fundamente y nos ponía a buen resguardo de  guaje, Comunicación y Cultura, que es parte
          la ‘buena educación’ y de las absurdas jaulas  de la carrera de Comunicación y Cultura en   mis hermanos.
          con que se pretendía atrapar al mar.  nuestra Universidad. Ahí aprendí mucho y me
            Pronto leí a Roque Dalton, y quise ser una  divertí más. Y una de las cosas que me gustó
                1
          guanaca   hija de puta, aunque no lo era; era  reflexionar con los estudiantes es el hecho de   Roque Dalton
          Palabrijes 03 primavera 2009                                                                          17
   14   15   16   17   18   19   20   21   22   23   24