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Noticias desde Chile. Pinochet está “preso” (en su casa). No tengo
ningún comentario serio que hacer. O el único comentario a la altura
sea el siguiente: ojalá a ese viejo hijo de su puta madre le exploten las
bolas y se ahogue en su propia sangre gonorreica, pedazo de caca pega-
do en los pelos del culo, puto asesino hijo de la chingada: diez mil falos
cargados de diversas ETS te atravesarán el ano una y otra vez y te
harán vomitar eternamente mientras tus valientes soldados son todos
descuartizados en el Paseo Ahumada, y las ratas que alguna vez metiste
en las vaginas de las desaparecidas y torturadas saldrán de su infamia e
irán directamente a mascar el glande de los torturadores, a escarbar por
el chico de tus ministros fascistoides y de todo tu subnormal linaje de
mierda.
And justice for all.
Martín Cinzano
as palabras delinean la existencia, la cultivan, la colorean, Un grupo de buenas palabras, se me ocurre, son aquellas que
la llenan de matices, y por ello la pueden también des- Borges utiliza en “El inmortal” para describir la apariencia atroz,
Ltruir, mutilar o llenar de opacidad. Al hablar alumbra- teratológica hasta la infamia, de la ciudad de los inmortales: “Esta
mos el mundo, lo construimos, pero también lo ocultamos, lo ciudad es tan horrible que su mera existencia y perduración, aun-
derruimos, y a nosotros con él; al decir nos decimos, nos llena- que en el centro de un desierto secreto, contamina el pasado y el
mos y nos vaciamos, nos vamos y nos venimos en inextricable porvenir y de algún modo compromete a los astros. Mientras per-
performatividad sonora. Una palabra es un punzón de múlti- dure, nadie en el mundo podrá ser valeroso o feliz”; son buenas,
ples aristas e innumerables filos, pues ella no sólo ‘dice’, sino que sin duda, por su eficacia; alcanzar a rozar la imagen de la fealdad
‘hace’ la existencia que al hacer también ‘deshace’. Por ello ‘decir infame es relativamente fácil si pensamos que ese algo es tan feo
bien’ o ‘decir mal’ no es una cuestión de forma, de moral, ni si- que, por su mera fealdad, contamina el porvenir e impide la feli-
quiera de gramática, sino de intensidad y precisión ante aquello cidad de los hombres. Otro ejemplo son las palabras que Octavio
que se dice o se calla en su decir: ‘decir bien’ o ‘decir mal’ depende Paz utiliza en el poema “Conversar” para señalar el carácter fini-
de la precisión de la intensidad que nos dice diciendo el mundo. to, advenedizo, fugaz, letal e inevitable de la humana palabra: “la
En la experiencia, en la sana concupiscencia de la vivencia, en el palabra del hombre es hija de la muerte”. García Márquez, en El
sagrado y profano manantial del existir, las palabras son misiles, amor en los tiempos del cólera, utiliza la expresión “echar el alma por
arquitectos, sables y frontispicios que destruyen, erigen, hieren y la boca” para designar la confesión que Florentino Ariza realizó a
coronan lo vivido, lo presente y lo por-venir. ‘Decir bien’ o ‘decir Prudencia Pitre, una confesión, más que necesaria, apremiante, una
mal’ se hiende en el fondo de la vivencia arropada por la palabra, confesión expiatoria, redentora, exorcizante de su pasado, es decir,
pues ésta graba con fuego o ceniza los cuerpos vivientes que en una confesión en la que iba de por medio su ser, su alma.
aquella discurren, se pasman o transfiguran. Otras buenas palabras son las que utiliza Carpentier en su
Contrario a lo que de común se cree, las buenas y las malas Guerra del tiempo para describir los reacios sentimientos que un
palabras no se definen a partir de sus connotaciones morales, hijo puede albergar hacia su padre: “El padre era un ser terrible y
su bien y su mal no están en el nomos estatuido por las buenas magnánimo al que debía amarse después de Dios. Para Marcial era
costumbres, sino en la praxis que construyen y de la cual derivan. más Dios que Dios, porque sus dones eran cotidianos y tangibles.
Una experiencia, cualquiera que ésta sea, tiene en la palabra el Pero prefería el Dios del cielo, porque fastidiaba menos.” Sade, por
diafragma comunicante entre ella y el cosmos. La palabra es el otra parte, dice en Justine que “le remords est une chimère” (el remor-
crisol de la experiencia, en ella se funde y cobra forma la viven- dimiento es una quimera), ¿qué otra palabra define mejor el re-
cia, se vuelve plástica, comunicable, se conjura. El uso ‘correcto’ mordimiento, en su doble carácter de imaginería y monstruosidad
del lenguaje es una cuestión arbitraria, de formalidades, legali- letal, que la palabra chimère?
dades y taimados establecimientos culturales. Desde el punto Friedrich Nietzsche, en un ejemplo más filosófico, utiliza el
de vista comunicativo, la corrección o incorrección del lenguaje término Übermensch para nombrar al nuevo tipo de hombre que
se mide a partir de la eficacia o la ineficacia de sus formas para ha de rebasar al hombre moderno; el Übermensch (superhombre,
comunicar un mensaje determinado. Si esto es así, las buenas o ultrahombre o transhombre, según distintas traducciones que no
malas palabras se determinan entonces a partir de la precisión alcanzan a rozar la precisión del término alemán, pues en alemán
con la que ellas revisten el mensaje que quieren transportar. En el prefijo über señala que algo está sobre algo más, pero también
este sentido, las buenas o malas palabras no tienen un sentido algo que rebasa o que excede algo, que está más allá, pero que sigue
moral, sino de eficacia; ninguna palabra es buena o mala en sí estando dentro de algunos parámetros de ese algo) es, ante todo,
misma, sino que depende del contexto en que se profiera para un hombre apartado de los valores instaurados por la Modernidad,
determinar su precisión. un hombre que desprecia la virtud, la mesura y la felicidad tal y
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