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enteramente sociales. No deja de ser la misma palabra, vamos a mexicano, no permiten pensar que tuvo un primer significado
suponer: cabrón. Si la digo en la cantina con mis amigos, suena sexual. Yo recuerdo que Roberto Moreno de los Arcos, un histo-
absolutamente normal, nadie se va a extrañar porque estuvo di- riador, defendía el uso incluso prehispánico de ese verbo: yo creo
cha en una situación adecuada. Esa misma la digo en el pleno que no; yo creo que viene del español y tiene ahora un sentido
académico, y probablemente dirán: “¿Qué le pasa a esta persona?, equivalente a ‘molestar’. ¿Por qué entonces es una grosería? Pues
¡ya enloqueció!” Y no porque la palabra haya cambiado de signi- simplemente porque suena a grosería, por los contextos en los
ficado, lo que cambió fue el ámbito. que se usa, por el tono que se emplea, por la forma en que se usa,
por todo eso es socialmente catalogada como grosería o como
N: ¿Cuál es el origen de las malas palabras? palabra malsonante.
M: Pues yo creo que las llamadas malas palabras son, a veces,
voces que van perdiendo su sentido, su primer significado. Yo N: ¿Tienen las Academias alguna postura sobre el uso de las gro-
les pregunto a mis estudiantes, por ejemplo: serías?
“¿La palabra carajo es un error?, ¿es una gro- Hay algunas groserías M: No, nunca nos ha preocupado. Nues-
sería?” Y me responden: “¡Pues claro, maes- que son meramente tro problema más bien es en el diccionario, el
tro!, ¿cómo no va a ser una grosería?, cuando cómo catalogarlas. En eso sí discutimos un
le dicen a uno: ‘¡vete al carajo!’ es una grose- onomatopéyicas, palabras poquito. Por ejemplo, ahora, doña Concep-
ría y se dice en lugar de la chingada.” Bueno, ción Company, que es nuestra presidenta de
¿por qué la chingada es una grosería y carajo que ya están vacías de la Comisión de Lexicografía, tiene dudas en
también? significado y muchas relación con la calificación de tal o cual pa-
Si supiéramos lo que significaba carajo, veces son alusiones labra; lo que hemos decidido para el nuevo
veríamos que no tiene nada de grosería, era un Diccionario de mexicanismos es no hacer re-
cesto donde estaba el vigilante de un barco de también a asuntos comendaciones de carácter moral. Me explico.
vela, para ver desde ahí a lontananza segura- A veces en los diccionarios hay recomenda-
mente, entonces era el lugar más remoto del sexuales encubiertos. ciones realmente de carácter moral, pero ésta
barco. Si a alguien lo mandaban al carajo, lo Por ejemplo, se sigue no es la función de las Academias. Su función
mandaban ahí, a la canastilla de arriba, desde es más bien informar al que consulte el diccio-
donde estaba volteando hacia el mar y se que- discutiendo si en México nario que tal o cual palabra está socialmente
dó, supongo, la expresión ¡ir al carajo!, como ir chingar es violar. mal vista; pero no quiere decir que no la usen,
a un lugar muy remoto, muy distante, de casti- ¿me explico?, sino más bien: “Mira, si no quie-
go. Pero, ¿quién identifica hoy carajo con eso? res que la gente se te quede viendo medio raro,
Tal vez un historiador de la lengua o un lexicógrafo histórico. pues no uses determinada palabra en tal situación.” Y esto queda
atendido cuando se pone el término ‘malsonante’ o alguna marca
N: Es decir que las groserías no tienen un origen vulgar en sí mismas. por el estilo en el diccionario. Ya sabemos que es ‘malsonante’ de
M: Bueno, yo creo que la mayor parte de las groserías tienen acuerdo con las normas sociales.
siempre un origen significativo que no tenía nada de majadero ni Y continuamente hay que estarlo ajustando, porque algunas
nada de vulgar, a diferencia –digamos– de los tabúes sexuales o lo van cambiando, van perdiendo este carácter malsonante, otras lo
escatológico. Los albures, por ejemplo, son un juego de palabras conservan, y otras lo adquieren. Regreso al ejemplo del carajo,
que no tienen un significado vulgar por sí mismas, por lo que sólo que no era absolutamente malsonante ni nada, cuando refería a
un mexicano puede entenderlos; me parece que ni siquiera un cen- esa parte del barco, pero ahora sí lo es. Bueno, las Academias lo
troamericano, quizá los guatemaltecos también porque están bas- único que hacemos es estar vigilantes de estos cambios, diríamos
tante contaminados de las costumbres verbales mexicanas. Inde- pragmáticos. Felizmente, los que norman la lengua no son los
pendientemente de eso, son un asunto enteramente mexicano, muy académicos, ni son los gramáticos, ni los maestros, sino que son
creativos en el uso de la lengua, mentalmente muy chistosos, com- los hablantes. Lo que nos queda a los académicos o a los estu-
plicados; es muy complicada la relación que se puede dar en una diosos de la lengua es estar atentos nada más al uso que se les va
conversación, en un diálogo que se establece a partir del albur, que dando a las palabras.
resulta de un ultra-machismo y supone alusiones homosexuales.
Hay algunas groserías que son meramente onomatopéyicas, N: ¿Cuándo se consigna una grosería en el diccionario?
palabras que ya están vacías de significado y muchas veces son M: Cuando hay constancia de su uso, sobre todo en lengua
alusiones también a asuntos sexuales encubiertos. Por ejemplo, escrita. Hay muchas expresiones propias sólo de la lengua habla-
se sigue discutiendo si en México chingar es violar. Tal vez, pero da y que, como tal, pueden ser efímeras, pueden ser una grosería
yo sigo teniendo muchas dudas en este sentido. Las documenta- o no. Cualquier tipo de palabra que no tiene registro escrito nos
ciones más antiguas de esa palabra, tan mexicana, con un sentido preocupa. Por ejemplo, tenemos transcripciones de lengua ha-
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