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Por Sandra Martinelli









                              Un diálogo anhelante corría por las páginas como  des amores (Cuba en primer lugar), otro de los cambios históri-
                             un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba  cos que apoyó en sus páginas y en sus actos, en las conferencias
                                              decidido desde siempre.  que daba alrededor del mundo y en los viajes repetidos a Mana-
                                                   Julio Cortázar  gua. Durante su última visita no dudó en instalarse en medio de
                         “Continuidad de los parques” en Final del juego  (1956)  la balacera de la frontera con Honduras, allí desde donde Estados
                                                               Unidos preparaba una invasión.
                omo un Dorian Gray gigante, Julio Cortázar, al llegar   A pesar de sus esfuerzos, la batalla parecía perderse. Las dic-
                la década de los años setenta, no envejecía. No lo hacía  taduras se reproducían y ni Cuba ni Nicaragua eran suficientes
          Csu literatura y tampoco su cara,  a pesar de que los años  para frenar tanto avance imperialista escondido bajo las marchas
          se sumaban sin pausa. Tenía cincuenta y cuatro años y recorría el  militares. Argentina cayó en 1976. Julio Cortázar tenía sesenta
          mayo francés confundido con las barricadas de los estudiantes.  y dos años y el exilio que hasta ese momento había elegido se
          En un mundo convulsionado por los cambios, lleno de ideales y  convirtió en una imposición.
          de nuevas conquistas, se convirtió en una suerte de líder espiritual   Decir que en 1981 recibió la ciudadanía francesa es sólo un
          que asistió al triunfo de Allende, presidente socialista en Chile, y  dato más. Lejos de una típica vida europea seguía luchando por
          celebró el nuevo peronismo de Cámpora en Argentina.   la resistencia chilena, acogía a los exiliados argentinos, pasaba lar-
            Pero los años setenta representaron las dictaduras. El gobier-  gos meses trabajando en Cuba o en Nicaragua y viajaba a dictar
          no de Allende cayó derrocado por Pinochet y el sueño de una  conferencias revolucionarias en el corazón de las universidades
          Latinoamérica libre comenzó a derrumbarse. Lejos de darse por  de Estados Unidos. Mientras tanto, no cesaba de escribir infor-
          vencido, Cortázar siguió luchando. Aunque todavía guardaba la  mes, recoger testimonios, insistir en la toma de conciencia de un
          fantasía para varios de sus cuentos, la revolución cubana y la de-  mundo que miraba muy poco hacia abajo.
          nuncia de las dictaduras saltaban a la vista en cada nueva página.   Las líneas anteriores intentan plasmar el escenario en el cual
          El libro de Manuel (1973), Fantomas contra los vampiros multi-  surgió Alguien que anda por ahí; un escenario que necesariamente
          nacionales (1975) y Alguien que anda por ahí (1977)  son algunos  trasciende el ámbito literario pero que, como todo buen escenario
          de los libros que consagró a su lucha política. En tiempos de  vital, lo contiene y abarca.  Alguien que anda por ahí habla de la
          revolución y militancia, la literatura se había convertido en su  ausencia, de los desaparecidos, de la imposibilidad de la pareja, de
          ametralladora.                                       la soledad del hombre contemporáneo y, de la vida misma. O me-
            La revolución sandinista en Nicaragua fue otro de sus gran-  jor dicho, de lo difícil que se torna vivir y hacer vivible la vida.
          Palabrijes 04 otoño 2009
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