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Algo en la cultura se está pudriendo y ha contaminado ya la experiencia
amorosa: hay que desinfectarla. Hay que reinventar el amor, destruir el amor,
hacer del amor algo que no sea lo que es: hay que hacer el anti-amor.
Por Bily López
Lo que he visto, ¿será el amor? Mas,
¿qué amor es ese tan ciego como el de una célula primera?
¿Fue eso? ¿Aquel horror, eso era amor?
Clarice Lispector
I El amor en serio: las llamadas constantes, los regalos protoco- nos tenemos que “esforzar” es porque ya no existe el goce que
larios, la ternura, los celos, las quejas, los besos, los abrazos, el la originó, es decir, está fría, putrefacta, huele mal. No podemos
sexo, la costumbre, la confianza al borde del colapso, la protec- fingir que queremos reparar algo, ese derecho está resguardado
ción, la propiedad, el poder, la costumbre, sí, otra vez, y otra, la para las Furias; y ellas no reparan, sólo hacen justicia.
costumbre pactada verbalmente, la costumbre aceptada y legi- VI La ilusión de plenitud a la que nos arroja la experiencia amoro-
timada mediante el uso, la costumbre enraizada en cada una de sa da cuenta del profundo abismo que nos constituye. Cuando
nuestras fibras nerviosas, la endeble y traicionera certidumbre, amamos nos creemos completos, sobreabundantes y potentísi-
la lucha, la felicidad, la resignación, el debilitamiento, el rencor, mos, pero, bien mirado, es en ese momento cuando más insufi-
el perdón, el olvido, el ser con el otro para ser uno mismo, la cientes, vacíos, incompletos y vulnerables nos mostramos, pues
utilización, el hastío, el desuso, el amor. es en esa precisa experiencia ante la persona amada cuando
II No hay amistad —dice Bolaño—, no hay amor, no hay épica, no podemos darnos cuenta de que no nos bastamos a nosotros
hay poesía lírica que no sea un gorgoteo o un gorjeo de egoístas, trino mismos. El amor no es, no y tres veces no, señor Platón, deseo
de tramposos, borbollón de traidores, burbujeo de arribistas, gorgo- de plenitud, sino mostración de su ausencia: hay que aprender
rito de maricones. Se puso realista Roberto. a amar, también, nuestra ontológica insuficiencia.
III La mayor parte de las relaciones humanas, bienaventuradas o VII Eso que se conoce como amor y odio no son más que inter-
no, son el resultado de uno o más malentendidos. pretaciones del deseo y del rechazo.
IV El amor y la verdad (a propósito del engaño). Creer en la verdad VIII Amar es ser profundamente transgresor y miserablemen-
como una condición necesaria para que entre dos personas flo- te vulnerable. En la más pura de las ternuras, en la más santa
rezca el amor es una de las más lerdas ilusiones que poseemos de las entregas, en la más cálida caricia de dos cuerpos que se
en nuestra cultura, pues dicha creencia se sostiene en varios aman, se asoma velada la violencia de dos seres que irrumpen
presupuestos altamente cuestionables: en primer lugar, se cree amorosamente en sus fragilidades.
en la verdad; en segundo, se cree que la verdad se puede decir; IX El amor es un asunto, fundamentalmente, de gusto; es una
y en tercero, se cree que la verdad nos hará felices y nos po- cuestión corporal irrenunciable e irrebatible, inicia y culmina
drá hacer amar a alguien. ¿No es esto un invento, además de con él; si éste es “bueno” o “malo” da lo mismo —cuestión de
torpe, francamente inconveniente? Las más bellas experiencias cánones, el gusto siempre está más allá de ellos, se hiende en la
amorosas suelen sustentarse en lo oculto, en lo ficticio y lo in- afectación, en el pathos. Por eso el amor es incontrolable, pues es
decible. delirio puro, afectación, posesión, manía: no depende de noso-
V “Arreglar” una relación entre dos personas, “esforzarse” por que tros, nunca. La comprensión, la sinceridad, el respeto, y todas
las cosas salgan bien, “poner de nuestra parte” para que reine la esas excrescencias, no son sino adornos mojigatos que se le han
ventura, no es más que el entierro definitivo de un cadáver bien superpuesto al pathos amoroso; esta brutal penetración e impul-
muerto (y hediondo). Todo “esfuerzo” implica sacrificio, y éste so por alguien puede subsistir a pesar de casi todo, pero si la
a su vez trae consigo la culpa que le corresponde a aquel por el afectación, la sensibilidad, es decir, el gusto, se acaba, eso que
que se hace (las personas adquieren así una relación de acree- llamamos amor perece también.
dor-deudor en la que ya no hay nada más que culpas que se X El problema de la belleza. Cuando una persona hermosa abre
deben y se cobran). Una relación no se “arregla”: cuando en ella sus fauces para articular discurso, compromete irremediable
Palabrijes 04 otoño 2009

