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Ilustración de Leonel Sagahón







          Y  parece  que  no  podemos  sentir  una  sin  la  otra.  Aunque  como pérdida de la identidad; y en tercer lugar, un narcisismo
       quizá, desde su perspectiva, podríamos vivir nuestra condición  desmedido. La con-fusión que se da entre los amantes es alienan-
       deseante de una forma más relajada, menos turbia y conflictiva,  te, porque si cuando se juntan son uno solo, ¿dónde queda la dife-
       porque sería fácil dividir lo carnal de lo espiritual, aunque con  rencia que los unió? Desde el mito del andrógino, nos enamora-
       ello también eliminaríamos los avatares y pormenores que le dan  mos de alguien que tiene cualidades complementarias a nosotros,
       sentido y encanto al amor contemporáneo.             y al consumarse la unión somos magnánimos. El sentimiento de
          Erixímaco sugiere la necesaria estabilidad de la pareja. La ar-  omnipotencia nos convierte en titanes, aunque en el fondo sea-
       monía conyugal debe ir acompañada de paliativos, como “meca-  mos totalmente dependientes, porque sin la otra mitad somos
       nismos terapéuticos” para “sostener” al amor. Todo estructurado  nada. Simultáneamente, el amor mata la diferencia. Cuando nos
       de manera profiláctica para que se alejen las “malas” tentaciones.  enamoramos perdemos la identidad, y eso nos hace vulnerables,
       Sin embargo, aunque la infidelidad sea reprobada socialmente,  porque  pensamos  que  el  sentimiento  de  omnipotencia  durará
       no por eso se deja de practicar, y aquí es donde surge la pregun-  para siempre y tributamos nuestra personalidad a la relación. Por
       ta ¿será realmente la armonía una tendencia original? Desde la  eso,  desde  la  dimensión  narcisista  del  amor,  lo  que  más  duele
       Antigüedad, existe una preocupación intensa y sistemática por  al terminar una relación es lo que se pierde, no con relación al
       temperar los instintos, al saber que el ser humano es lábil por  amado, sino con nuestro propio reflejo construido por su mirada.
       naturaleza y que la pasión no se puede contener por ser parte de  Cuando el otro se va, nuestras cualidades desaparecen. Así, lo que
       la condición humana. Podemos rebatir a Erixímaco, planteando  subyace en la separación es una afrenta narcisista, apostamos a
       que el amor, como lo expone, no existe o no es posible; que la  ser titanes y nos duele acabar siendo unos simples mortales.
       armonía siempre es transicional, y que muchas veces, aunque un   Agatón sostiene la idea de la tendencia natural hacia el bien.
       amor dure décadas, simular armonía no significa estar enamora-  La predisposición hacia lo semejante se evidencia con la identi-
       do, en una proporción perfecta con la pareja. Asimismo, algunas  ficación de los amantes; uno se enamora de otro porque se ve a
       veces podemos ser infieles aunque sigamos “amando” a nuestra  sí mismo en él y proyecta sus anhelos; también es cierto que el
       pareja; o por el contrario, dejamos la “armonía” de una relación  sujeto muchas veces quiere hacer bien al otro y se procura lo mis-
       por apostar a una nueva pasión con un futuro incierto.  mo, sin embargo, es insostenible que en las relaciones humanas
          El mito de Aristófanes plantea tres situaciones. En primer  siempre haya un deseo del “bien” para uno mismo y para el otro,
       lugar, la insatisfacción constitutiva del ser; en segundo, el amor  porque el “bien” nunca es el mismo para todos. Pensemos, por
                                                                                                    Palabrijes 04 otoño 2009
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