Page 34 - P04
P. 34
Ilustración de Leonel Sagahón
Y parece que no podemos sentir una sin la otra. Aunque como pérdida de la identidad; y en tercer lugar, un narcisismo
quizá, desde su perspectiva, podríamos vivir nuestra condición desmedido. La con-fusión que se da entre los amantes es alienan-
deseante de una forma más relajada, menos turbia y conflictiva, te, porque si cuando se juntan son uno solo, ¿dónde queda la dife-
porque sería fácil dividir lo carnal de lo espiritual, aunque con rencia que los unió? Desde el mito del andrógino, nos enamora-
ello también eliminaríamos los avatares y pormenores que le dan mos de alguien que tiene cualidades complementarias a nosotros,
sentido y encanto al amor contemporáneo. y al consumarse la unión somos magnánimos. El sentimiento de
Erixímaco sugiere la necesaria estabilidad de la pareja. La ar- omnipotencia nos convierte en titanes, aunque en el fondo sea-
monía conyugal debe ir acompañada de paliativos, como “meca- mos totalmente dependientes, porque sin la otra mitad somos
nismos terapéuticos” para “sostener” al amor. Todo estructurado nada. Simultáneamente, el amor mata la diferencia. Cuando nos
de manera profiláctica para que se alejen las “malas” tentaciones. enamoramos perdemos la identidad, y eso nos hace vulnerables,
Sin embargo, aunque la infidelidad sea reprobada socialmente, porque pensamos que el sentimiento de omnipotencia durará
no por eso se deja de practicar, y aquí es donde surge la pregun- para siempre y tributamos nuestra personalidad a la relación. Por
ta ¿será realmente la armonía una tendencia original? Desde la eso, desde la dimensión narcisista del amor, lo que más duele
Antigüedad, existe una preocupación intensa y sistemática por al terminar una relación es lo que se pierde, no con relación al
temperar los instintos, al saber que el ser humano es lábil por amado, sino con nuestro propio reflejo construido por su mirada.
naturaleza y que la pasión no se puede contener por ser parte de Cuando el otro se va, nuestras cualidades desaparecen. Así, lo que
la condición humana. Podemos rebatir a Erixímaco, planteando subyace en la separación es una afrenta narcisista, apostamos a
que el amor, como lo expone, no existe o no es posible; que la ser titanes y nos duele acabar siendo unos simples mortales.
armonía siempre es transicional, y que muchas veces, aunque un Agatón sostiene la idea de la tendencia natural hacia el bien.
amor dure décadas, simular armonía no significa estar enamora- La predisposición hacia lo semejante se evidencia con la identi-
do, en una proporción perfecta con la pareja. Asimismo, algunas ficación de los amantes; uno se enamora de otro porque se ve a
veces podemos ser infieles aunque sigamos “amando” a nuestra sí mismo en él y proyecta sus anhelos; también es cierto que el
pareja; o por el contrario, dejamos la “armonía” de una relación sujeto muchas veces quiere hacer bien al otro y se procura lo mis-
por apostar a una nueva pasión con un futuro incierto. mo, sin embargo, es insostenible que en las relaciones humanas
El mito de Aristófanes plantea tres situaciones. En primer siempre haya un deseo del “bien” para uno mismo y para el otro,
lugar, la insatisfacción constitutiva del ser; en segundo, el amor porque el “bien” nunca es el mismo para todos. Pensemos, por
Palabrijes 04 otoño 2009

