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Ilustración de Leonel Sagahón
ejemplo, en las tendencias sado-masoquistas de la vida amorosa, que ya se posee, Sócrates está condenando el amor al desengaño,
denominadas perversiones. ¿Acaso no son muestra de que hay pues si la condición del amor es la posesión del otro y lo que lo
muchas formas de amar y sentirnos “bien” con nuestras parejas? motiva es el deseo de lo que no se tiene, cuando se consigue se
Habría que ver a través de la cerradura, o escuchar conversacio- acaba. Ésa es la lógica trágica del amor como posesión, sólo el
nes de alcoba, para percatarnos de cómo se relacionan afectiva y deseo lo mantiene vivo.
sexualmente nuestros congéneres. Nos sorprenderíamos con tan De lo anterior, y para concluir, regreso a la pregunta de Gi-
diversas formas de amar, que no siempre tienden hacia el “bien”, rondo, ¿cómo amar sin poseer? A partir de nuestra reflexión so-
entendido de una forma universal. bre El Banquete, pareciese que la realización del deseo es el ocaso
Al volver a Sócrates no hay que olvidar a Diotima, la mujer del amor, y justo ahí se encuentra la respuesta implícita: ¿cómo
que lo aconseja, y que posee una enorme sabiduría sobre el amor. amar?, sin poseer. Conclusión que se infiere de la imposibilidad
En su discurso hay tres ideas fundamentales: el punto medio del del amor, como realización de la verdad y como unión plena de lo
amor como ideal trágico; la falta de correspondencia y semejanza; semejante, que se reproduce en acto al final de El Banquete, con la
y el hecho de que el amor mata al deseo. La primera presenta relación entre Alcibíades y Sócrates, ya que al terminar solos por
el amor como una búsqueda de la verdad, que inevitablemente no ceder ante el deseo, no pueden poseerse mutuamente, y así no
fracasa. Sócrates lo dice así, “el amor apunta a la verdad sin poder pueden dejar de amarse.
dar cuenta de ella”. El amor es un ideal, un imposible, porque
mientras se vive es un sueño, del que despertamos cuando se aca-
ba. La segunda idea contradice a Agatón, pues Sócrates admite
que el principio de lo semejante no sostiene al amor, que uno
ama por razones diversas y, aunque sabemos que una de ellas es
la identificación con el otro, no hay un principio ni una tendencia
hacia el bien que determine la elección. En la tercera, Sócrates
coincide con Aristófanes, porque paradójicamente cuando el Aliber Escobar ha pasado toda su vida buscando un amor perdido, a sabiendas de que nunca lo en-
amor se “consuma” también se “consume”. Quiero decir, al estar contrará. sin embargo, apuesta a que al producir discursos construye un puente, aunque sea ilusorio, para
enamorados, mientras más iguales somos, perdemos la única di- acercarse cada vez más a ese objeto, causa de su deseo; sabe que toda producción cultural no es más que
ferencia que nos hacía atractivos. Al decir que no hay deseo de lo una posibilidad de amar a aquel objeto perdido a través de un sucedáneo.
Palabrijes 04 otoño 2009

