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Por Leonardo Sánchez Pérez

               or la mañana del día de muertos una tarea aparentemente  de desechar lo inconveniente de que fueran muertos reales, pues
               simple fue comunicada a un grupo de internos del Reclu-  a decir de los propios internos eran demasiados problemas para
          Psorio Oriente: tenían que elaborar una ofrenda tradicional  una “pinche ofrenda”, se decidió que los muertos fueran muñe-
          del Día de muertos, para que un grupo de visitantes “distingui-  cos, hechos con ropa vieja rellenos de papel periódico.
          dos” la pudiesen ver ese mismo día.                     Es así que se representó, por ejemplo, un cuerpo con una gran
            Los internos recibieron la noticia como un balde de agua fría,  piedra sobre su cabeza; el realismo con que cada artista se esme-
          pues en su carrera delictiva, la creación de ofrendas, representaba  raba helaba la sangre. Los detalles eran reconstrucciones de su
          una hazaña. Para medio día, todo era compulsión y caos, dema-  imaginación, o tal vez de su memoria. También había un cuerpo
          siadas ideas, todas absurdas e imposibles, muchos jefes y pocos  desmembrado con sangre por todos lados, y hasta un muñeco
          lacayos y, por supuesto, mucha delincuencia desorganizada.  en llamas que poco a poco se consumía, dejando en el suelo una
            Finalmente, después de dos horas de discusiones, mentadas  perfecta silueta humana grabada, con el rostro carbonizado.
          de madre, deserciones y gritos, muchos gritos, los internos deci-  Ahora son las cuatro de la tarde y es hora de comer. Todos
          dieron representar un cementerio. Nada más apropiado para el  abandonan su tarea casi terminada, pero cuando regresan media
          humor del mexicano que burlarse de su condición y representar  hora después, la ofrenda no se salva del entorno y es saqueada.
          un cementerio en el lugar donde viven los enterrados vivos, ¿aca-  Los tenis o zapatos colocados en los muñecos han desaparecido.
          so no es para reírse?                                A quien se le ocurrió colocar pan de muerto, frutas o veladoras,
            Siendo las dos con treinta minutos, ya había un proyecto para  descubre con desilusión que  todo ha sido robado.
          la ofrenda. El siguiente paso era la ejecución. Primero se pensó   A las cinco, cansados y furiosos, los internos no se rinden,
          en excavar una serie de tumbas en un pequeño jardín, pero se  pues la comitiva de visitantes está próxima y deciden jugarse la
          abandonó la tarea cuando los funcionarios de custodia se llevaron  última carta para impresionar con su ofrenda; es así que deciden
          al castigo a los primeros excavadores entusiastas, ¡pues en qué  que los muertos sí sean reales, de tal forma que, olvidando que las
          cabeza cabe empezar a abrir hoyos con pico y pala, dentro del  cuerdas están prohibidas, optan por simular una serie de hombres
          reclusorio!                                          ahorcados en los árboles, sobre su devastado cementerio. De tal
            Sobreponiéndose a este pequeño tropiezo, los trabajos con-  manera que un interno, demostrando su conocimiento en ama-
          tinuaron; para las tres de la tarde se optó por simular las tumbas  rres, elaboró una creativa solución para suspender de los árboles
          con papel pintado. Para las cruces de los sepulcros la solución fue  a cinco reclusos que, más a fuerzas que por convicción, de pronto
          más afortunada pues en sólo unos minutos comenzaron a llegar  se vieron balanceándose con la lengua de fuera, dándole un toque
          cruces de todos los tamaños y estilos, demostrando así cómo el  de realismo extraño a una imposición de los directivos del Re-
          hombre es un ser de creencias, de seguridades y paliativos, y en la  clusorio que no daban crédito ante tal espectáculo y, asombrados
          cárcel la religión es todo eso, es como un cactus que se aferra a la  y furiosos, se limitaban a sonreír nerviosamente a los visitantes
          vida en el desierto.                                 confundidos.
            Una hora más tarde, el cementerio-ofrenda estaba casi listo,   De más está decir que al final, cuando los visitantes se re-
          pero algo le faltaba. Según los propios internos, ¡le faltaba vida!,  tiraron, los cinco reclusos fueron bajados y, tras los regaños de
          estaba demasiado solo, comentaban. Hasta que el “Pelao”, un in-  los directivos y los golpes de los custodios, decidieron que jamás
          terno reconocido por su acento norteño, dijo un tanto burlón: “¿y  volverían a participar en una experiencia tan creativa como li-
          si ponemos muertos?”. La idea cayó de golpe, como una revela-  bertaria.
          ción, seguida de un extraño silencio en el que todos se miraban,
          como niños imaginando una travesura.
            Desde este momento comenzó la verdadera diversión para los   Leonardo Sánchez Pérez estudió periodismo en la UNaM, pero terminó de policía en la judicial.
          reclusos, parecían estar cómodos en terrenos conocidos, pues pa-  intenta narrar historias que no tengan que ver con él; aun cuando nunca lo logra, lo prueba una y otra
          recían saber de muerte y cómo representarla. Es así que después   vez. le gusta reír, ¡qué más!, es lo que le recuerda que está vivo incluso en el espacio donde está.
          Palabrijes 04 otoño 2009
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