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Ponchito, chiquito



                                                   Por Elia Sánchez
                           La forma de dirigirnos hacia las personas, así como sus nombres,
                  se ven modificados cuando, al nombrarlos, queremos reflejar cuánto los queremos.

             os  seres  humanos  tenemos  la  necesidad  de  expresar  lo  muchos de los casos, los padres, o incluso la abuela, nos corrigen
             que sentimos hacia las personas que nos rodean; esta ne-  diciéndonos que esa no es la forma adecuada de referirnos a ella,
       Lcesidad nos ha llevado a usar formas de habla que permi-  que parece que no la queremos —lo mismo pasa con el abuelo.
       ten mostrar, entre otros, el afecto, el amor, el odio y la rabia que  Puede pensarse que en las grandes ciudades estas expresiones de
       aquellos en nuestro entorno nos provocan. Se trata de formas  cariño ya no son tan comunes, pero basta con escuchar a los niños
       comunes que han estado presentes a lo largo de nuestra vida y  de primaria hablar de estos miembros de la familia para saber que
       que hemos aprendido a usar de manera informal, es decir, sin  es una forma todavía muy arraigada.
       tener que ir a la escuela. Sin embargo, el análisis de ellas nunca   Así, en el entorno familiar hemos aprendido, de manera natu-
       está de más, es por eso que en este espacio hablaremos del uso y  ral, que las formas –ito/–ita sirven también para expresar cariño
       de las características de dos de las formas que más frecuentemen-  (hermanito/a, abuelito/a) o para suavizar algunas expresiones ya
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       te usamos para expresar afecto: los cariñativos  (uso afectivo de  de por sí cariñosas, (mamita, papito, cariñito, amorcito).
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       diminutivos) y los hipocorísticos   (fundamentalmente modifica-  Este aprendizaje lo hemos puesto en práctica constantemen-
       ciones en el nombre de pila).                        te, sobre todo en relación con los niños, cuyos nombres habi-
                                                            tualmente sufren estas modificaciones (Anita, Pablito, Laurita,
       Cosita, papito, mamita                               Pedrito, Carlitos); incluso hemos extendido su uso a palabras que

       A los mexicanos, y en general a los latinoamericanos, se nos ca-  en un contexto diferente al de la manifestación del cariño po-
       racteriza por la forma en la que usamos los diminutivos, muchas  drían resultar insultantes: tontito/a, flojito/a.
       veces, por no decir las más de las veces, en relación con factores
       completamente distantes del tamaño de las cosas a las que nos  Juaco, Mela
       referimos. Desde la escuela primaria nos enseñaron que las ter-  Otra forma verbal de expresar cariño está dada por los hipocorís-
       minaciones –ito/–ita se agregaban al final de las palabras para  ticos —del griego hypokoristikós (acariciante/acariciador)—, que
       referirnos a objetos de dimensiones pequeñas: sillita, vasito, etc.,  son el resultado de las modificaciones hechas a los nombres de
       sin embargo, ya nosotros habíamos aprendido a usar esas termi-  pila con el fin de que resulten “acariciadores” al oído de quien así
       naciones para referirnos a algo muy distinto del tamaño de las  es nombrado, es decir, son formas con las que se expresa el afecto
       personas o cosas: al sentimiento que esas personas o cosas nos  que se tiene hacia quien se llama de esa forma —característica
       inspiraban.  Esto  es  lo  que  en  el  ámbito  lingüístico  empieza  a  que comparten con los cariñativos.
       denominarse ‘cariñativo’.                               Son varias las maneras que el español tiene para formar hipo-
          En términos generales, se puede decir que este uso constituye  corísticos, éstos pueden darse en forma de diminutivos, abrevia-
       uno de los rasgos culturales de los hablantes de español en Amé-  turas o imitación del habla infantil. En este trabajo nos centra-
       rica, el cual puede haber sido motivado, de acuerdo con Ignacio  remos en las abreviaturas, las cuales, por sí solas, constituyen un
       Hualde y Ana María Escobar, por el hecho de que las cosas de  grupo bastante complejo.
       dimensiones pequeñas tienden a inspirarnos compasión o cariño;
       esto es fácilmente verificable porque no genera la misma emo-  Pérdida de sonidos
       ción un oso que un osito, un gato que un gatito; ya antes Mauri-  Muchos de los hipocorísticos más usados son resultado de la pér-
       cio Swadesh había hecho una observación semejante: lo pequeño  dida de sonidos en la pronunciación de nombres de tres o más
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       expresa cariño.                                      sílabas, generalmente algunas de ellas se pierden completas. Estas
          Tal vez para todos los mexicanos el ejemplo más común de  pérdidas pueden darse al final del nombre (apócope), al inicio
       esta forma de expresar cariño sea la palabra “abuelita”, la cual  (aféresis) o en posiciones intermedias (síncopa).
       empezamos a usar cuando nuestra abuela era, por mucho, más   Las apócopes han dado lugar a muchos nombres de pila que
       grande que nosotros (y no me refiero a la edad sino al tamaño, a  se ven reducidos por la eliminación, en la pronunciación, de los últimos
       la estatura). ¿Qué pasa cuando en lugar de abuelita usamos abuela  sonidos que los componen; es por este proceso que se han originado
       para llamar o referirnos a la madre de nuestros progenitores? En  formas como Vero, Caro, Rafa, Fede, Leti, Magda, Tere, entre otros.
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