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El amor ensancha el
vocabulario y el vocabulario
ensancha el amor:
se excitan mutuamente.
En algún momento inicia
este arrebato.
aludir a que cuando nace un individuo todo le es nue- dad verbal’ al respecto, se entera de cómo se nombra la
vo, que aún no ha tenido que solucionar el problema situación y acumula referentes verbales: cada palabra le
de nombrar nada, sin embargo, hay otras personas que sirve para conocer cómo se nombró en cierto contexto
ya han nombrado sus experiencias vitales, en las cuales una emoción. También podemos decir que al hacer el
el nuevo individuo se apoya; también alude al hecho amor sólo sabemos cómo es la experiencia con esa per-
de que una acción no inicia al momento en que uno sona, en ese momento, en ese lugar, a esa edad, con esas
se involucra en ella, sino que ya ha iniciado antes, hay emociones involucradas, pero nunca se repiten exacta-
otros sujetos y factores involucrados, entonces, nom- mente esas características, es imposible; así es cada acto
brar nuestra experiencia siempre será un esfuerzo por de habla: no hay dos iguales, el contexto y el hablante
aunar más material verbal para nombrar la realidad, cambian permanentemente.
pero la responsabilidad está compartida por todos los En este orden de ideas podemos reflexionar cuántas
hablantes. veces se usan las mismas palabras ‘amorosas’, por ejemplo
“mi vida”, para hacer contacto con distintas personas a lo
Convenciones verbales largo de la existencia: en cada acto de habla en que se usa
Las palabras cargadas de significados emotivos pare- esa oración, dependiendo de la relación que se vive, el
cen ejercer un efecto casi mágico cuando se reciben (o referente puede cambiar y por lo tanto las palabras cam-
se dicen): “eres mi princesa”, “ya siento que te quiero”; bian de significado, se renuevan conservando su poder,
nos quedamos impávidos frente a esas palabras porque sin desgastarse o anularse. Claro que hay personas que
reconocemos mensajes latentes en ellas. En ese sentido prefieren no utilizar las mismas palabras amorosas con
la historicidad y la semanticidad son rasgos inherentes (y distintas parejas y así las van dejando inservibles respecto
sorprendentes) a la lengua humana: cada palabra guar- al presente, el significado de ellas sólo denota la relación
da en sí una historia tanto en su parte estructural (‘beso’ amorosa ya caducada: únicamente les sirven para nom-
proviene de la palabra latina <básiu>), como en su as- brar el pasado. El lenguaje para nombrar el amor es tan
pecto semántico (¿qué entendían los mexicanos del siglo ancho o tan breve como queramos que sea.
xix por ‘públicamente se exhibieron besándose apasio- Recordemos que los hablantes requerimos de
nadamente’?, ¿lo mismo que entendemos hoy?). Estos convenciones para ponernos de acuerdo. Así al decir
rasgos nos ayudan a reconocer caminos andados en la ‘azul’, más o menos todos pensamos (generamos una
experiencia humana aunque en lo personal no los haya- imagen mental) en el mismo color aunque seguramen-
mos recorrido. te en diferente tono. Frente a las cosas no tangibles,
Un ejemplo de eso es que cuando alguien lee, antes frente a las subjetivas que involucran a las pasiones,
de haberse enamorado por primera vez, una novela que también generamos convenciones. Por ejemplo, al re-
incluya una relación de amor, pierde en parte la ‘virgini- cibir la frase ‘me urge verte’ en un contexto de franco
Palabrijes 04 otoño 2009

