Page 15 - P05
P. 15

Sin palabras







                                                     Por Leticia López

                                                                                           Cualquier coincidencia con la realidad
                                                                                     es responsabilidad de la angustia o del invierno.
                                                                                    A mis amigos sacerdotes que se permiten profanar
                                                                                          sus historias y convertirlas en historias...


               ólo miradas. Ni una palabra. Intensa actividad visceral. El  Rogelio sólo precisa una cama. Todos los Rogelios de ese pueblo
               amor es un proceso visceral... no es casualidad que se perciba  o de cualquier otro sólo precisan una cama; pero para una mu-
          Sen el estómago, que sea tan vertiginoso y breve como la ma-  chacha como ella la cama no es el cobijo de los que aman, es
          riposa, como el vuelo del colibrí... El amor, el real, es muy breve... el  una contingencia más, es parte de las reglas del juego; para ella,
          resto es evocación o, en el mejor de los casos, perseverancia.  el cobijo de los que aman está en sus recuerdos, en el paradójico
            Habían pasado los años. Ella tenía la certeza de que no volvería  gozo-dolor de sus silenciosos recuerdos.
          a verlo, así que, desde hacía tiempo, había decidido no esperarlo   —Vamos a saludarlo también nosotros, ¿no?
          más. Bueno, qué tanto es tantito... aunque sea por última vez, sólo   Por supuesto, no iba a delatarse con titubeos. Ya había apren-
          un cruce de miradas, total, todo estaba listo para su partida; ade-  dido a controlar los signos de su tristeza. Disimular es simple,
          más, estaba más que acostumbrada a las concesiones: la vida en un  lo difícil es reconciliarse con uno mismo cuando se vuelven casi
          pueblo como ése, para una muchacha como ella, no es sino   habituales las máscaras.
          una dialéctica de concesiones, no hay lugar para la disyun-  Se acercaron los tres a él. No había nada qué decir; al menos,
          tiva y la elección, para buscar el punto flaco del sistema   ella no tenía nada qué decir; no lo había hecho en el pasa-
          y escapar de él. Las concesiones eran su último reducto       do, no iba a echarlo todo a perder ahora. Además, ya ni
          de dignidad. Pensaba en todo esto mientras sostenía          quién se acordara que Pedro había prometido casarse con
          en sus manos temblorosas los boletos del vuelo.             ella. La tristeza, los recuerdos, todo estaba controlado. Sus
          Recordó aquella misa, cuando lo conoció. Él estaba arro-   miradas se cruzaron. El pobre Rogelio ni cuenta se dio... el
          dillado, el mentón apoyado en sus manos; miraba alternativa-  pobre Rogelio hubiera necesitado ver sus lágrimas... el pobre
          mente: Cristo... ella. Ella... la Virgen. El retablo... ella. Ella...ella...   Rogelio sólo entiende de lo tangible... sólo que el verdadero, el
          Sólo algunos percibieron en la Iglesia la presencia de la mariposa,  dolor más lacerante, nunca llora. En realidad nunca habrá peligro...
          el vuelo del colibrí; justo ésos cuantos se preguntaron luego qué le  Rogelio ve pocas cosas y entiende muchas menos.
          habría ocurrido a él... ¿por qué un día, sin más, se había ido? Era   Algún domingo, mientras Rogelio tomaba cerveza y veía el
          mejor así. Era un tipo especial, no cabe duda. Para un tipo, espe-  partido de futbol, ella pensó que quizá la mujer de Lot había
          cial o no, siempre habrá disyuntivas pero ¿qué iba a ser de ella?  decidido voltear como único recurso para deshacerse de él... tam-
          Alguno de esos cuantos, anónimo, discreto, amigo, como suelen  bién pensó que no había mucha diferencia entre una estatua de
          ser los que saben ver, comprender y callar, fue a avisarle...  sal y ella.
            Una inesperada cantamisa. Estaba segura de que allí lo ve-  —Padre, él es Pedrito, se llama como usted.
          ría. No había nada qué decir. Se conformaba con el cruce de   Pedrito le tendió sus brazos... Pedro lo tomó en los suyos y
          miradas, miradas que testimonian revuelos viscerales, sólo per-  lo cargó. El revuelo visceral comenzaba a tomar su forma más
          ceptibles para los iniciados... el amor también es misterio.   habitual: el dolor; pero los sacerdotes saben controlarlo. En el
            Todos  en  el  pueblo  querían  hablarle,  darle  la  bienvenida,  seminario se aprenden muchas cosas... teología, liturgia, psico-
          ofrecerle su amistad y apoyo, felicitarlo por su brillante carrera  logía; pero el sacerdote es primero un ser humano. El sacerdote
          y sus honores. Pero la discreción es divisa de unos cuantos, los  también tiene sus historias y evocaciones, así que también debe
          que sufren con dignidad, en silencio. Ella, discreta, quiso diluirse  aprender a disimular. Pedro aprendió allí, con los demás.
          entre el gentío y desaparecer, pero Pedrito la detuvo.  Ella aprendió sola.
            —Mami, vamos nosotros también.
                                                              Leticia López  20 de abril de 1969. Cuatro de la madrugada. llanto de recién nacido. es niña. se llamará
            Rogelio  la  miró  con  atención.  Había  estado  pendiente  de
                                                              leti porque así se llama la vecina bonita del 4. Irónica paradoja es su actividad en las aulas universitarias
          cada uno de sus movimientos, pero no había riesgo, el pobre no
                                                              en las que toma a veces el sitio del profesor y a veces el del alumno. Aunque tiene, más bien, espíritu de
          entendía nada de revuelos viscerales ni de cruces de miradas. Un
          hombre tan ordinario como Rogelio no se gasta en elucubracio- discípula, la vida se empeña en llevarle la contraria y con frecuencia debe tomar el sitio del profesor. en fin...
          nes, no se desgasta en sospechas. Un hombre tan sencillo como  es Doctora en letras y profesora de latín en la Facultad de Filosofía y letras de la UNAM.
          PAlAbRIjes 05 primavera 2010                                                                          13
   10   11   12   13   14   15   16   17   18   19   20