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Entre broma




           y broma la grosería





                                    se asoma










                                       Muchas veces al bromear  usamos la metáfora,
                                  mandamos por un tubo a la literalidad y le levantamos
                                             la falda a los significados ocultos.


                                                Por Ana Luz Tavira López








       Q      uién de nosotros no ha usado, jugado, oído, bromeado,  físicos concretos que alguien realiza o como cualidades exactas que
              insultado,  incluso  reído  o  se  ha  molestado  con  algu-
                                                            caracterizan a un objeto, es necesaria una interpretación nueva, lla-
              na de estas expresiones: a wilson, a wilbur, a todas emes,  mada ‘metáfora’. En lingüística, el concepto metáfora no se refiere a
       mandar a la búrguer, mandar por un tubo, jijo de la jijurria, hijo de  la figura retórica, sino a la capacidad de asociación de los seres hu-
       la chilindrina, chiflar a su máuser, dar en la torre, hacerla de tos, estar  manos, es decir, al proceso cognitivo por medio del cual extendemos
       de la cachetada, partir la mandarina en gajos. Son trucos lingüísti-  parte de los rasgos o del significado de una forma verbal a nuevos
       cos que nos permiten adornar y ocultar un significado ofensivo,  contextos. Así, por ejemplo, un sustantivo como ‘piedra’ que designa
       con el cual se bromea o agravia en forma sutil a alguien. La clave  una entidad inanimada concreta, dura y compacta, puede insertarse
       no es tan secreta: estos juegos de palabras poseen una estructura  en un contexto nuevo y asociarse con una entidad animada: fulanito
       sonora que nos permite fácilmente inferir el significado al que  es una piedra. Estos deslizamientos son posibles gracias a nuestra
       se está haciendo alusión. Por su toque pícaro se usan en     capacidad cognitiva de asociación. En el caso de las gro-
       contextos informales y, en muy pocas ocasiones, se toman     serías muchas de las formas que tenemos hoy para nom-
       en serio. Sin embargo, esto no quiere decir que a todos      brarlas existen gracias a las asociaciones que han operado
       les deban agradar o causar risa, pues no son moneditas       a lo largo de la historia.
       de oro, y en ciertas situaciones pueden resultar agresivos,   Entremos entonces en las profundidades de estos nom-
       ofensivos o vulgares.                                bres: De ‘saltar’ a ‘insultar’ sólo hay un paso. Por ‘insultar’ solemos
          La transformación y juego de sonido de estas frases buscan es-  entender ‘el acto de ofender a alguien con palabras o acciones’.
       quivar la ofensa directa de esas palabras casi prohibidas —por las  Etimológicamente, ‘insulto’ proviene del latín insultus ‘acción y
       que nos suelen jalar las orejas y nos quieren lavar la boca con ja-  efecto de insultar’. A su vez,  este verbo procede de insultare cuyo
       bón— llamadas ‘groserías, majaderías, ofensas, insultos, peladeces,  valor es ‘saltar contra alguien’. Así, cuando decimos insultos, lo
       vulgaridades, palabrotas’, etcétera. Algo sorprendente es que estos  que hacemos es, en sentido metafórico, saltar sobre una persona
       nombres son desde su origen una especie de juegos lingüísticos, en  con palabras ofensivas que buscan provocarla e irritarla y no la
       el sentido de que si atendemos a su etimología veremos que las voces  acción concreta de pasar sobre esa persona. Un detalle interesante
       y significados de los que derivan no pueden entenderse al pie de  es que los verbos ‘saltar’ y su sinónimo ‘brincar’ se emplean para
       la letra. Como veremos, acciones del tipo ‘machacar, chocar, saltar’  otros juegos de palabras coloquiales como: saltar (echar bronca,
       o los adjetivos ‘grueso, pelado, vulgar’, que son la base sobre la que  protestar), ponerse al brinco (reñir o discutir), pantalón de brinca
       se construyeron, no se pueden interpretar exactamente como actos  charcos (pantalones de talla chica).
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