Page 16 - P05
P. 16
Entre broma
y broma la grosería
se asoma
Muchas veces al bromear usamos la metáfora,
mandamos por un tubo a la literalidad y le levantamos
la falda a los significados ocultos.
Por Ana Luz Tavira López
Q uién de nosotros no ha usado, jugado, oído, bromeado, físicos concretos que alguien realiza o como cualidades exactas que
insultado, incluso reído o se ha molestado con algu-
caracterizan a un objeto, es necesaria una interpretación nueva, lla-
na de estas expresiones: a wilson, a wilbur, a todas emes, mada ‘metáfora’. En lingüística, el concepto metáfora no se refiere a
mandar a la búrguer, mandar por un tubo, jijo de la jijurria, hijo de la figura retórica, sino a la capacidad de asociación de los seres hu-
la chilindrina, chiflar a su máuser, dar en la torre, hacerla de tos, estar manos, es decir, al proceso cognitivo por medio del cual extendemos
de la cachetada, partir la mandarina en gajos. Son trucos lingüísti- parte de los rasgos o del significado de una forma verbal a nuevos
cos que nos permiten adornar y ocultar un significado ofensivo, contextos. Así, por ejemplo, un sustantivo como ‘piedra’ que designa
con el cual se bromea o agravia en forma sutil a alguien. La clave una entidad inanimada concreta, dura y compacta, puede insertarse
no es tan secreta: estos juegos de palabras poseen una estructura en un contexto nuevo y asociarse con una entidad animada: fulanito
sonora que nos permite fácilmente inferir el significado al que es una piedra. Estos deslizamientos son posibles gracias a nuestra
se está haciendo alusión. Por su toque pícaro se usan en capacidad cognitiva de asociación. En el caso de las gro-
contextos informales y, en muy pocas ocasiones, se toman serías muchas de las formas que tenemos hoy para nom-
en serio. Sin embargo, esto no quiere decir que a todos brarlas existen gracias a las asociaciones que han operado
les deban agradar o causar risa, pues no son moneditas a lo largo de la historia.
de oro, y en ciertas situaciones pueden resultar agresivos, Entremos entonces en las profundidades de estos nom-
ofensivos o vulgares. bres: De ‘saltar’ a ‘insultar’ sólo hay un paso. Por ‘insultar’ solemos
La transformación y juego de sonido de estas frases buscan es- entender ‘el acto de ofender a alguien con palabras o acciones’.
quivar la ofensa directa de esas palabras casi prohibidas —por las Etimológicamente, ‘insulto’ proviene del latín insultus ‘acción y
que nos suelen jalar las orejas y nos quieren lavar la boca con ja- efecto de insultar’. A su vez, este verbo procede de insultare cuyo
bón— llamadas ‘groserías, majaderías, ofensas, insultos, peladeces, valor es ‘saltar contra alguien’. Así, cuando decimos insultos, lo
vulgaridades, palabrotas’, etcétera. Algo sorprendente es que estos que hacemos es, en sentido metafórico, saltar sobre una persona
nombres son desde su origen una especie de juegos lingüísticos, en con palabras ofensivas que buscan provocarla e irritarla y no la
el sentido de que si atendemos a su etimología veremos que las voces acción concreta de pasar sobre esa persona. Un detalle interesante
y significados de los que derivan no pueden entenderse al pie de es que los verbos ‘saltar’ y su sinónimo ‘brincar’ se emplean para
la letra. Como veremos, acciones del tipo ‘machacar, chocar, saltar’ otros juegos de palabras coloquiales como: saltar (echar bronca,
o los adjetivos ‘grueso, pelado, vulgar’, que son la base sobre la que protestar), ponerse al brinco (reñir o discutir), pantalón de brinca
se construyeron, no se pueden interpretar exactamente como actos charcos (pantalones de talla chica).
14 PAlAbRIjes 05 primavera 2010

