Page 32 - P05
P. 32

cualquier pretexto, Santiago Rico cabulea a Jorge Nitales y todos  nos de los lectores no lo recuerdan o no lo saben, cabe aclarar que
       a risa y risa tan contentos. Pienso que en estos menesteres más  ‘pelado’ no refiere aquí a ningún albur (aunque muchos en él pu-
       vale evitar el chovinismo. Poco importa si México es el único  dieran espinarse) sino a un tipo popular, el personaje callejero por
       país del mundo en el que se alburea, cosa que dudo mucho y que  excelencia, aquel que según Ramos “pertenece a una fauna social
       en todo caso habría que documentar. Importa conocer el papel  de categoría ínfima y representa el desecho de la gran ciudad.”
       social y cultural que tiene este quehacer verbal entre las mujeres y  Desde su punto de vista, el albureo era practicado únicamente
       hombres mexicanos que lo practican. No obstante, puede que sea  por este sector marginal de las clases populares como una manera
       una costumbre secular entre nosotros. Hay evidencias de que los  de elevar su “yo” deprimido, de recuperar la fe en sí mismo me-
       nahuas precolombinos construían versos en los llamados cuicah,  diante un artilugio ficticio, la demostración pública de su hom-
       género de canto-baile acompañado de gestos y música, que sin  bría en bravatas verbales, porque estaba desprovisto de todo valor
       lugar a dudas calificaríamos hoy de albureros, propios para cabu-  real. Seguía el maestro hablando del peladito y su obsesión fálica:
                                           3
       learse a dos que tres descuidados que se dejen.      “En sus combates verbales atribuye al adversario una femineidad
         El albur es un absoluto irreverente, no admite solemnidad, ni  imaginaria reservando para sí el papel masculino. Con este ardid
       siquiera al estudiarlo como expresión del habla popular. Incluso  pretende afirmar su superioridad sobre el contrincante.”
       es difícil “fijarlo” mediante la escritura para llevar a cabo su aná-
       lisis, pues estamos frente a un lenguaje oral, inseparable de un
       lenguaje gestual que apoya y confirma lo que se verbaliza. Aún
       más, el albureo es una puesta en escena en la que generalmente   Cuícatl:
       intervienen no sólo los contendientes sino los oyentes, que for-  Momalina zan ic ya totoma ho ohuaya ca nicalle
       man un público y confirman la victoria de uno y la derrota de   Crece (enredándose) luego se desfaja
       otro mediante risas, participaciones y gestos. Un ejemplo de la   ho ohuaya: (soy el atizador) soy el dueño de la casa
       complejidad que implica esta operación de pasar por escrito los   Xoconquetza in nonexocon cenca nima xocontoquío
       albures para analizarlos se puede encontrar en el riguroso trabajo   Páralo en mi olla (de ceniza), luego atízalo mucho.
       de Helena Beristáin en torno a la densidad del lenguaje albure-  Recopilación y traducción de Johansson, Patrick
         4
       ro.   La autora desmenuza al detalle cada frase alburera registrada
       en conversaciones o en canciones como “La tiendita de mi pue-
       blo” de Chava Flores. Sin cuestionar ni el método ni el análisis de   Hoy en día es casi imposible aceptar como válidos los argu-
       la autora, el texto muestra las dificultades a que me refiero para  mentos de Ramos por los estereotipos que manejaba y las gene-
       transcribir un lance de albures sin aludir al contexto y sin descri-  ralizaciones que se atrevía a hacer, comprensibles desde luego en
       bir ademanes ni gestos. De igual manera, la lectura de la letra de  el contexto de su obra y por la época en que fue escrita. Difícil-
       la canción permite su desglose analítico pero pierde los énfasis  mente podríamos sostener ahora que el albur es una expresión
       y las insinuaciones que el propio Chava Flores y sus intérpretes  discursiva de sólo un sector, excrecencia marginal o ínfima, de
       imprimían al momento de interpretarla o grabarla. El albur pier-  la sociedad mexicana. De manera más tajante rechazamos que
       de su carácter lúdico y con ello se pierde, probablemente, buena  esta forma de apropiación y reinvención lúdica del lenguaje re-
       parte de su efecto comunicativo.                     presente, en el fondo, una de las formas en la que los mexicanos,
         No obstante, Beristáin despliega un sofisticado arsenal ana-  todos, supuestamente retroalimentamos nuestro sentimiento de
       lítico que demuestra y explica la complejidad de la interacción  inferioridad frente al resto del mundo. Desde luego, no preten-
       verbal alburera que, no por ser expresión del habla popular, es una  demos invalidar las propuestas de una obra solamente porque no
       expresión simple o primitiva. Todo lo contrario, se trata de un  estamos de acuerdo con el enfoque que utilizó para explicar el
       lenguaje que la autora califica de barroco, culterano y conceptista,  albureo.
       cargado de significados literales y figurados. Los análisis de Be-
       ristáin representan la manera de explicar el albur a partir de teo-
       rías lingüísticas y de la comunicación, desprendidas de prejuicios,
       muy lejanas ya a las pretensiones clásicas de interpretar este uso   Es que hace tanto tiempo
       de la lengua como un rasgo psicológico y social de los mexicanos   de la última
       o, en todo caso, de ‘cierto tipo’ de mexicanos.                   vez, que
         Como  ejemplo  de  aquella  manera  clásica  de  pensar  el  al-  ahora, francamente,
       bur, tenemos el libro El perfil del hombre y la cultura en México   ya no sé qué escoger
       de Samuel Ramos; en ese texto, publicado en 1934, el maestro
       afirmaba que: “la terminología del ‘pelado’ abunda en alusiones                      Elías Nandino
       sexuales que revelan una obsesión fálica, nacida por considerar el
                                               5
       órgano sexual como símbolo de fuerza masculina.”  Por si algu-
       30                                                                                           PAlAbRIjes 05 primavera 2010
   27   28   29   30   31   32   33   34   35   36   37