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Por Mariano Andrade


                                                                                   El lenguaje, esa magia evocadora…
                                                                                                                                                   Charles Baudelaire

              é que cuando lean estas líneas no seré ya el mismo. Puedo  gramaticales que oponen, por ejemplo, el placer con el dolor y
              predecir que, por ejemplo, seré incapaz de dar explicaciones  la muerte con la vida. Recuerdo esta advertencia, consciente del
          Sa mis actos… y no es que espere perdón o clemencia. Sé  poder que tienen ciertas palabras para atravesar el tiempo, como
          que las leyes de los hombres están hechas de una materia que  raíces subterráneas que proyectan el pasado y convocan el futuro.
          rechaza la vida y que, según ellas, mi conducta debe ser aislada y  Por lo demás, no creo en los hechizos… es decir, considero que
          reprimida para prevenir cualquier contaminación hacia el cuerpo  eso que llamamos magia es, en realidad, un juego de palabras.
          social, de pudorosos miembros e impúdicos órganos reproduc-  Eso pensé cuando conocí a Florence. Más fresca que la albahaca
          tores. Por eso este escrito. No por justificar una razón que no  perfumada, de mirada inquieta, gestos  infantiles y provocadores,
          me asiste, ni una identidad que se pierde irremediablemente con  toda una mezcla aromática de ansia y pudor, una tormenta pri-
          cada segundo que me acerco al destino… sino para que, lo que  maveral, un capullo herido. Y es que en su cuerpo maravilloso se
          voy a perpetrar, encuentre lectores y acaso, alguna resonancia.    agazapaba, implacable y silencioso, el cáncer. Ella lo sabía, yo lo
            Nací hace 46 años, bajo el signo de Virgo. Alguna vez, un  sabría, aunque ambos, durante un buen tiempo, hiciéramos lo po-
          astrólogo me dijo que debía precaverme de la posición relevan-  sible por ignorarlo. Porque, durante cierto precioso lapso, creímos
          te de Saturno en ese momento, pues presagiaba circunstancias  de buena fe que teníamos el poder de reírnos en la cara misma de
          oscuras y una peligrosa tendencia a contravenir ciertas cláusulas  la enfermedad, de toda su crueldad y su hipócrita saña.
          Palabrijes 05 primavera 2010                                                                          37
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