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—En realidad para nada -le dije, salvo como un divertimen-
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                                                               que uno puede encontrar asombro y placer en un simple juego
                                                               de palabras.
                                                                  —Bueno… ya me voy —me respondió luego de unos segun-
                                                               dos incómodos. Se dio media vuelta, se despidió de mi hermana
                                                               y le dejó un tono desabrido al resto de mi tarde. Ya de noche,
                                                               tuve una pesadilla muy vívida en la cual dos sujetos, de rasgos
                                                               similares, discutían de manera delirante, arrebatándose extrañas
                                                               palabras que pronto descubrí eran palíndromos:


               e ocurre muchas veces que tengo que explicar mis manías,   —No deseo ese don —decía uno.
          Mlo cual no me resulta del todo extraño cuando me detengo a   —Amigo, no gima —buscaba tranquilizarlo el otro.
          pensar en ellas: ¿quién puede justificar su gusto por caminar apre-  —No traces en ese cartón –respondía, impositivo, el primero.
          tujado en medio de multitudes anónimas y amenazantes como las   —A ti, mi oso baboso imita —contestaba, desafiante, su in-
          que invaden cualquier rincón de esta insondable ciudad?, ¿cómo  terlocutor.
          volver razonable el ansioso delirio de armar rompecabezas no me-  —Sorberé cerebros —vociferaba, en tono de amenaza, el más
          nores de 5,000 piezas en una época en que la impaciencia y la prisa  irascible.
          dominan incluso nuestras conversaciones más íntimas? Es claro   —A la catalana banal, atácala —ordenaba, el último, dirigién-
          que resulta difícil argumentar de forma convincente para defender  dose a un perro que se hallaba aburrido en medio de la conver-
          estos caprichos maniáticos que, por supuesto, no terminan ahí: me  sación.
          gusta coleccionar noticias insólitas (“Plagian a hija para impedir   Al  despertar  pensé  en  el  principal  defecto  de  mi  pariente
          que se case”), leer los libros menos conocidos de los autores más  (creer que la intolerancia es señal de educación) y decidí comen-
          renombrados (“Crónicas del volcán” de Jaime Sabines, por ejem-  zar a escribir este texto, en parte para exorcizar la pesadilla re-
          plo), observar parejas en sus peleas públicas (de preferencia con  tórica  que  interrumpió  de  forma  dramática  mi  descanso,  pero
          grabadora en mano), o llegar tarde a una conversación y    también movido por la sana intención de poner en papel
          derivar conclusiones inverosímiles (pero coherentes) de lo   lo que no pude decirle a mi insolente concuño, quien me
          apenas escuchado… Quien se atreva a decir que padezco      dejó con todas las palabras en la boca cuando de manera
          una especie de amor a lo contraproducente y un gusto por   intempestiva me dio la espalda. Supongo que ésa es una
          la exageración y lo extravagante, es muy seguro que no esté equivo-  de las ventajas de la escritura: nos regala segundas oportunidades
          cado. Y yo, por supuesto, no tendría por qué negarlo. Supongo que  (imaginarias), siempre indispensables ante las afrentas del mun-
          hay algo de pasión enfermiza de por medio en todo lo que hago.  do (real).
          Decía Oscar Wilde que “la moderación es fatal” y que “nada ofrece   Si he de revelar el móvil de mi debilidad por el palíndro-
          mejores resultados que el exceso”. No sé si estoy de acuerdo con él,  mo, tendré que comenzar por decir que tiene que ver con la
          pero sin duda actúo siguiendo el sentido de sus palabras.  atracción  que  me provocan los  espejos. Desde niño ha sido
            Hace unos días, un familiar (poco cercano a los libros y la  así. Recuerdo que cuando supe que los vampiros no podían
          escritura) me preguntaba por qué permanecía tanto tiempo sen-  reflejarse en los espejos, éstos me provocaron cierta aversión
          tado en el mismo lugar, frente al mismo cuaderno. Supongo que  y temor, pero también fascinación y encanto. Lo mismo me
          llevaba varias horas contemplándome. Le respondí cortésmente  ocurrió al leer la historia de Alicia a través del espejo de Lewis
          al visitante:                                        Carroll,  la  segunda  parte  de  Alicia  en  el  país  de  las  maravi-
            —Estoy intentando hacer un palíndromo.             llas: asumí que todo espacio reflejante implicaba una especie
            Su patidifuso rostro me hizo comprender que debía iniciar,  de pasaje hacia otro lugar, una suerte de fuga, un espacio de
          irremediablemente, la explicación de otro más de mis enigmá-  entrada y salida. Un escritor argentino, Andrés Neuman, ha
          ticos y casi esotéricos pasatiempos. Más que intentar una jus-  dicho que “la literatura cumple la función de las puertas”, nos
          tificación racional del porqué alguien podría dedicar tres horas  conduce al lugar preciso (nuestro mundo interior) y nos per-
          de su vida a darle existencia a una sola frase, opté por mostrarle  mite respirar estando ahí (abre ventanas). ¿Por qué hablo de
          algunos ejemplos de eso a lo que me refería:         superficies que reflejan, fugas y ventanas? Porque me parece
            —Un palíndromo es una frase que puede leerse lo mismo de  que el palíndromo se relaciona precisamente con esos objetos,
          izquierda a derecha que de derecha a izquierda: Amo la pacífica  se ajusta a sus características y funciones. Intentaré explicarlo.
          paloma / Yo dono rosas, oro no doy / Se laminan animales.  Un palíndromo es una suerte de juego de espejos. Al leer esta
            —Y eso ¿para qué sirve? -me espetó con un gesto de desprecio.  oración nos percatamos: Somos o no somoS. Es una frase, sí,
          PAlAbRIjes 05 primavera 2010                                                                            7
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