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bamos a una persona “narcisista” o por qué a “Cupido” lo las visitas para venderlos. Yo no podía concebir cómo se
relacionábamos con el amor. Y así, entre la charla, las pre- podía vivir en ese lugar sin libros.)
guntas y los comentarios del grupo, se fueron interesando Para una de las sesiones se me ocurrió llevar textos
por el tema. Yo, mientras tanto, aproveché ese interés para de humor negro pensando, ingenuamente, en que nos
leerles aquellas partes de los mitos que más les atraían. podríamos reír de las desgracias y de los actos delictivos.
Para la parte final, decidí leer la adaptación infantil de Para ello llevé una selección de cuentos de Saki y el li-
Polidoro sobre el mito de Pandora. El texto es muy atrac- bro de La verdadera historia de Nelson Ives de Francisco
tivo, pues además de describir en forma sencilla cómo era Hinostrosa. Empecé preguntándoles si sabían lo que era
Tesalia, el pueblo donde vivían los hombres (sin mujeres, el humor negro. Ante las respuestas negativas expliqué
pues según el mito, Pandora es la primera mujer en la Tie- a grandes rasgos en qué consistía ese tipo de humor. Al
rra mandada por los dioses), hace un recuento de los dis- observar las caras de duda ahondé mi charla con ejem-
tintos dioses griegos, quienes le regalan dones a Pandora plos sobre la vida cotidiana y les comenté cómo al reírnos
para bajar a la Tierra y tener contentos a los hombres. de los problemas podíamos alivianar un momento difícil.
En la historia, como algunos recordarán, Pandora no Como la plática no prendía, decidí leer el cuento de Hi-
puede con su curiosidad y decide asomarse a ver nostrosa llamado “Informe negro”. En éste, un
qué tiene aquella caja tan atractiva que Zeus le joven gris, sin mayor ocupación, de la noche a
había enviado con la orden expresa de no abrir- la mañana decide convertirse en un investiga-
la, pero con la intención de poner a prueba su dor privado. En sus aventuras, en las que repite
curiosidad. Al abrirse la caja comienzan a salir todos los todos los lugares comunes de este oficio, al final, logra
males: el enojo, el dolor, la frustración, las enfermedades atrapar a una banda de malhechores en la que la jefa es su
y demás calamidades que supongo les hicieron mucho propia madre, una mujer conservadora y sobreprotectora.
sentido a las reclusas. En la última parte del texto, cuando A mí el texto se me hace sumamente divertido, pero a
Pandora estaba más que arrepentida por su acto, una últi- las participantes, por sus expresiones y comentarios, al pa-
ma vocecilla que salía de la caja le decía a la protagonista recer, no les terminaba de agradar la propuesta. Y enton-
que volviera a abrir la caja y que esta vez no se arrepenti- ces, ya metido en el asunto, se me ocurrió leer un cuento
ría. Pandora, al creer que nada podía salir peor, la vuelve a del mismo libro, que, a mi criterio, es el mejor de todos:
abrir y de su interior surge una especie de hada reluciente “A los pinches chamacos”. El texto trata de las andanzas
quien se presenta como la Esperanza. En ese momento delictivas de un grupo de niños, quienes al estar hartos
desparece la aflicción del corazón de Pandora y el hada de ser “ninguneados” por los adultos como “pinches cha-
barre con la nube de males que cubría a Tesalia. Las últi- macos”, comienzan a matar a balazos a quienes intentan
mas palabras de este personaje fueron que siempre estaría acabar con sus aventuras. Todo esto contado desde la vi-
a su lado para luchar contra todos los males que vinieran. sión inocente de uno de los niños. Cuando avanzaba la
Y el texto remata: “Hasta hoy la Esperanza sigue aquí, en la historia me di cuenta de que estaba un poco fuerte para
Tierra, muy cerquita de todos nosotros”. el contexto del grupo, pero ya estaba enganchado en la
En el momento en que callé, bajé el libro y alcé la lectura y no me detuve hasta que la terminé.
mirada. Había un silencio expectante que se rompió con La colombiana, como siempre lo hacía, fue la primera
una ola de aplausos que inundaron el salón. Creo que en hablar. Pero esta vez sus comentarios no iban dirigidos
nunca me habían aplaudido tanto una lectura en voz alta hacia el gusto por lo escuchado, sino que comenzó a despo-
como en aquella ocasión. tricar con un tono de voz elevado contra el autor. Decía que
no era posible que una persona escribiera sobre cosas tan
2) ¿Qué es eso del humor negro? terribles como ésas y que menos entendía que se las publi-
Después de aquella sesión subieron los bonos de la activi- caran; que de experiencias así nadie se podía reír o burlarse
dad y algunas estudiantes llamaron a compañeras que no y mucho menos fomentarlas a través de los libros. En resu-
estaban inscritas en el PESCER. Entre las nuevas asis- men, estaba indignada con lo que había escuchado.
tentes apareció una chica de Colombia muy guapa, quien Yo intenté calmarla diciéndole que la literatura,
difícilmente había rebasado los 20 años de edad. Ella se como buen arte, no pensaba en la moral o en el “deber
volvió una asidua, y muy participativa, lectora del círculo. ser”. Estaba empezando a desarrollar una explicación
No sólo comentaba con emoción los textos y traía a nue- al respecto cuando se paró, se dio la media vuelta y
vas participantes, sino que inclusive intentó, con mi apo- salió del salón. El silencio ahora fue sepulcral. Nadie
yo, que se volviera a abrir el préstamo externo de libros habló. Yo balbuceé unas cuantas explicaciones más al
de la pequeña biblioteca del reclusorio. (Los libros no se respecto y di por terminada la sesión. Ese día me fui
prestaban, pues eran sacados del reclusorio por medio de del reclusorio con el corazón encogido preguntándome
22 Palabrijes 06 primavera 2011

