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sinónimo de sufrimiento y que el destino de los comalen-  la ventana estaban opacos, y del otro lado las gotas resbalaban
                      ses es una vida sin esperanza. Así nos lo deja ver Dorotea,   en hilos gruesos como de lágrimas. Miraba caer las gotas ilumi-
                      quien sentencia a Juan Preciado después de que éste le   nadas por los relámpagos, y cada que respiraba suspiraba, y cada
                      explica cómo llegó a Comala: “Ya te lo dije en un princi-  vez que pensaba, pensaba en ti, Susana. (p. 77)
                      pio. Vine a buscar a Pedro Páramo, que según parece fue
                      mi padre. Me trajo la ilusión”, a lo que ella, enterrada en   Por esto, descubrir páginas más adelante a un Pedro
                      la misma tumba que él, responde terminante: “¿la ilusión?  Páramo, tan amargado y calculador, realmente me des-
                      Eso cuesta caro.” (p. 119)                    concertó: ¡qué distinto era éste del otro!, del niño que
                         Aun  ahora,  cada  vez  que  tengo  la  oportunidad  de  volaba papalotes al lado de Susana San Juan. Sin em-
                      releer la novela o algunos fragmentos de ésta, sigo de-  bargo, con el pasar de esas mismas páginas y del tiempo
                      jándome atrapar por la historia con la misma         comprendí que sólo alguien como Juan Rulfo
                      disposición  de  aquellos  años.  Porque  aunque     hubiera podido crear un personaje tan sensible-
                      mi  panorama  actual  de  interpretación  pueda      mente endurecido por el amor y tan áridamente
                      ser más amplio, la verdad es que lo que más me       solitario. Pedro Páramo es, sin duda, el personaje
                      sigue gustando es la materia inasible de cada uno de los  romántico por excelencia, pues su amor por Susana res-
                      personajes, la atmósfera y el efecto fantástico provocado  ponde a un deseo egoísta por satisfacerse a sí mismo, pero
                      por la fragmentación del tiempo, en el que las almas en  en aquella época de mi adolescencia, se me hacía muy
                      pena oscilan entre una dimensión y otra (de la terrenal a  difícil aceptar la figura del cacique, el regador de hijos:
                      la fantasmal); de hecho, la estructura narrativa pareciera
                      estar tejida con hilos invisibles entresacados de los espíri-  Bueno,  pues  eso  es  la  Media  Luna  de  punta  a  cabo.  Como
                      tus comalenses, a quienes apenas comenzamos a conocer   quien dice, toda la tierra que se puede abarcar con la mirada. Y
                      cuando ya desaparecieron... algunos de ellos, para no vol-  es de él todo ese terrenal. El caso es que nuestras madres nos
                      ver. De igual manera, Pedro Páramo, que aparece en las   malparieron en un petate aunque éramos hijos de Pedro Pára-
                      primeras páginas de la novela cuando era niño, de repente   mo. Y lo más chistoso es que él nos llevó a bautizar. Con usted
                      desaparece y no volvemos a saber nada de él hasta que en   debe haber pasado lo mismo, ¿no? (pp. 68-69)
                      su lugar comienza a dibujarse la figura del cacique, tan
                      diferente del niño que se aislaba en su cuarto para pensar   De esta manera, Abundio Martínez le da la bienveni-
                      en Susana mientras la lluvia hacía eco a sus lágrimas en  da a Juan Preciado, revelándole un mundo antes vedado
                      las húmedas noches de Comala:                 para él: Comala, el encuentro con sus orígenes. ¿Cómo
                                                                    no caer en la fascinación de estos personajes, para quienes
                         Por la noche volvió a llover. Se estuvo oyendo el borbotar del  todo es tan natural como el mismo hecho de compartir
                         agua durante largo rato; luego se ha de haber dormido, porque  el mismo padre, la misma muerte, y aún tener conciencia
                         cuando despertó sólo se oía una llovizna callada. Los vidrios de  de esto? La muerte es aceptada por los comalenses como
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