Page 29 - P06
P. 29
algo inherente a su condición humana, de ahí que trans- no puedo explicar lo feliz que me hizo saber que tomaría
mitan su visión de la misma como algo natural y, hasta dos clases por semana exclusivamente para estudiarla. In-
cierto punto, irreverente; así, Abundio le comenta a Juan variablemente, un café en mano acompañaba la discusión
Preciado, al referirse a Comala: “con decirle que muchos literaria en el aula Gómez Robledo de la Facultad de Fi-
de los que allí se mueren, al llegar al Infierno regresan losofía y Letras, en la cual, el doctor Sergio López Mena
por su cobija” (p. 67). Era así que cada noche descubría tenía un espacio abierto para la interpretación y la anéc-
las distintas formas en que Rulfo podía lograr que un dota alrededor de Juan Rulfo. La primera clase me dejó
muerto viviera, y aunque no lograba entender aún esta satisfecha, al fin había cumplido mi sueño de toda la vida,
paradoja, de todos modos disfrutaba haciendo el intento: intercambiar puntos de vista y discutir con otros admira-
¿cómo que Dorotea Arango y Juan Preciado comparten dores, estudiosos o posesionados rulfianos, mi ‘novela de
la misma sepultura? Así como ésta, otras tantas preguntas novelas’. Hablábamos incluso de anécdotas como la que
venían a mi mente, mientras me entrometía en las in- cuenta que, según Arreola, Rulfo había recortado el relato
usuales conversaciones de estos muertos, como cuando en fragmentos y luego los había pegado a la manera de un
Juan Preciado le dice a Dorotea: “Siento como si alguien poema dadaísta, a sugerencia de aquél, para así obtener
caminara sobre nosotros”, a lo que ésta le responde: “Ya la estructura narrativa de Pedro Páramo. Durante aquellas
déjate de miedos. Nadie te puede dar ya miedo. Haz por épocas casi se podía decir que sólo respiraba a Juan Rulfo,
pensar en cosas agradables porque vamos a estar mucho porque del aula de clases pasaba a las conferencias sobre su
tiempo enterrados. ” (p. 120) obra literaria, de éstas a exposiciones sobre su obra foto-
Así, esta novela que me había hipnotizado y que, se- gráfica, de ahí a las obras cinematográficas, al teatro y, para
gún yo, terminaría de leer muy pronto, me mantuvo en acabar pronto, a todo lo que tuviera relación con él.
vela durante muchas noches cuando, ya recostada en mi Y aún ahora, cada vez que pienso en la historia de Pe-
cama y cubierta por las cobijas, retomaba el ritual que dro Páramo, llegan a mi mente diversas escenas fugaces,
me sumergía en las calles abrasadoras de aquel puebli- como entre brumas, de un hombre que se adueñó de todo
to fantasma. Tanto era mi fervor hacia esa lectura, que un pueblo y hasta de sus almas en pena; también pienso
una noche sentí que iba demasiado rápido, entonces, en un personaje que va en busca de sus orígenes; en dos
justo a la mitad de la novela tomé una decisión drástica: hombres desconocidos entre sí que descubren sin sorpre-
leería dos páginas por día, sin embargo, como éstas no sa ser hijos del mismo padre; en una mujer perdida entre
eran suficientes, las leía una y otra vez hasta quedarme los recovecos de su memoria y sus delirios; en dos herma-
dormida, con tal de no rebasar el número acordado. Así nos incestuosos que acogen por unos días a un forastero
pues, los murmullos de Comala me envolvían que anda en busca de su padre; en una mujer que
cada noche hasta que mis párpados se iban en- en su lecho de muerte le pide a su hijo que re-
trecerrando. Finalmente, una de esas sagradas e clame lo que les pertenece y que nunca tuvieron;
incontables veladas, a pesar de mí misma, tuve en un niño llamado Pedro que se encierra en el
que terminarla. baño para pensar en su amada; en una mujer que durmió,
Pedro Páramo fue mi secreto más preciado durante al- en una noche de bodas, con el esposo de su amiga con
gunos meses, hasta que una feliz tarde, cerveza en mano, el consentimiento de ésta; en dos muertos platicando en
encontré a alguien con quien finalmente pude intercam- una misma tumba; en un alma en pena buscando un lugar
biar puntos de vista, neófito del universo rulfiano igual que se le perdió entre la neblina de la muerte; y en un
que yo, pero obsesionado por éste de la misma forma. cacique que sentado en su equipal, se cruza de brazos para
Juntos comenzamos a bosquejar opiniones imprecisas, dejar a su pueblo morir de hambre.
contradicciones, en medio de las carcajadas desenfrena-
das de mis compañeros que atentaban con profanar la Bibliografía
más legendaria de las novelas, sólo por eso nunca ten- Fell, Claude (editor), Juan Rulfo. Toda la obra, México, Colección archivos, 1992.
drían el privilegio de pasearse por la Media Luna porque, rulfo, juan, Pedro Páramo, 20.ª ed., josé Carlos González Boixo (editor), Madrid, Cátedra, 2007
además, ni se lo merecían; Comala estaba en ese enton- (letras Hispánicas).
ces, según yo, reservada sólo para espíritus evolucionados 1rulfo, juan, Pedro Páramo, (ed. de josé Carlos González Boixo), 20.ª ed., Cátedra (letras Hispá-
como Eduviges Dyada, capaces de sostener una charla nicas), Madrid, 2007, p. 74. inmediatamente después de cada cita referente a la novela, se propor-
con un muerto. ciona el número de página correspondiente a esta misma edición.
Mi experiencia rulfiana no terminó ni con la primera
ni segunda lectura de Pedro Páramo, de hecho, una de las Keri González es profesora-investigadora de la UaCM, idealista de nacimiento y do-
épocas más placenteras de mi vida fue cuando tomé un se- cente por vocación; se considera obsesa de temas como la memoria y la muerte, quizá
minario sobre la obra de Juan Rulfo durante dos semestres, de ahí el origen de su pasión rulfiana...
Palabrijes 06 primavera 2011 27

