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algo inherente a su condición humana, de ahí que trans-  no puedo explicar lo feliz que me hizo saber que tomaría
          mitan su visión de la misma como algo natural y, hasta  dos clases por semana exclusivamente para estudiarla. In-
          cierto punto, irreverente; así, Abundio le comenta a Juan  variablemente, un café en mano acompañaba la discusión
          Preciado, al referirse a Comala: “con decirle que muchos  literaria en el aula Gómez Robledo de la Facultad de Fi-
          de los que allí se mueren, al llegar al Infierno regresan  losofía y Letras, en la cual, el doctor Sergio López Mena
          por su cobija” (p. 67). Era así que cada noche descubría  tenía un espacio abierto para la interpretación y la anéc-
          las distintas formas en que Rulfo podía lograr que un  dota alrededor de Juan Rulfo. La primera clase me dejó
          muerto viviera, y aunque no lograba entender aún esta  satisfecha, al fin había cumplido mi sueño de toda la vida,
          paradoja, de todos modos disfrutaba haciendo el intento:  intercambiar puntos de vista y discutir con otros admira-
          ¿cómo que Dorotea Arango y Juan Preciado comparten  dores, estudiosos o posesionados rulfianos, mi ‘novela de
          la misma sepultura? Así como ésta, otras tantas preguntas  novelas’. Hablábamos incluso de anécdotas como la que
          venían a mi mente, mientras me entrometía en las in-  cuenta que, según Arreola, Rulfo había recortado el relato
          usuales conversaciones de estos muertos, como cuando  en fragmentos y luego los había pegado a la manera de un
          Juan Preciado le dice a Dorotea:  “Siento como si alguien  poema dadaísta, a sugerencia de aquél, para así obtener
          caminara sobre nosotros”, a lo que ésta le responde: “Ya  la estructura narrativa de Pedro Páramo. Durante aquellas
          déjate de miedos. Nadie te puede dar ya miedo. Haz por  épocas casi se podía decir que sólo respiraba a Juan Rulfo,
          pensar en cosas agradables porque vamos a estar mucho  porque del aula de clases pasaba a las conferencias sobre su
          tiempo enterrados. ” (p. 120)                obra literaria, de éstas a exposiciones sobre su obra foto-
            Así, esta novela que me había hipnotizado y que, se-  gráfica, de ahí a las obras cinematográficas, al teatro y, para
          gún yo, terminaría de leer muy pronto, me mantuvo en  acabar pronto, a todo lo que tuviera relación con él.
          vela durante muchas noches cuando, ya recostada en mi   Y aún ahora, cada vez que pienso en la historia de Pe-
          cama y cubierta por las cobijas, retomaba el ritual que  dro Páramo, llegan a mi mente diversas escenas fugaces,
          me sumergía en las calles abrasadoras de aquel puebli-  como entre brumas, de un hombre que se adueñó de todo
          to fantasma. Tanto era mi fervor hacia esa lectura, que  un pueblo y hasta de sus almas en pena; también pienso
          una  noche  sentí  que  iba  demasiado  rápido,  entonces,  en un personaje que va en busca de sus orígenes; en dos
          justo a la mitad de la novela tomé una decisión drástica:  hombres desconocidos entre sí que descubren sin sorpre-
          leería dos páginas por día, sin embargo, como éstas no  sa ser hijos del mismo padre; en una mujer perdida entre
          eran suficientes, las leía una y otra vez hasta quedarme  los recovecos de su memoria y sus delirios; en dos herma-
          dormida, con tal de no rebasar el número acordado. Así  nos incestuosos que acogen por unos días a un forastero
          pues, los murmullos de Comala me envolvían          que anda en busca de su padre; en una mujer que
          cada noche hasta que mis párpados se iban en-       en su lecho de muerte le pide a su hijo que re-
          trecerrando. Finalmente, una de esas sagradas e     clame lo que les pertenece y que nunca tuvieron;
          incontables veladas, a pesar de mí misma, tuve      en un niño llamado Pedro que se encierra en el
          que terminarla.                              baño para pensar en su amada; en una mujer que durmió,
            Pedro Páramo fue mi secreto más preciado durante al-  en una noche de bodas, con el esposo de su amiga con
          gunos meses, hasta que una feliz tarde, cerveza en mano,  el consentimiento de ésta; en dos muertos platicando en
          encontré a alguien con quien finalmente pude intercam-  una misma tumba; en un alma en pena buscando un lugar
          biar puntos de vista, neófito del universo rulfiano igual  que se le perdió entre la neblina de la muerte; y en un
          que yo, pero obsesionado por éste de la misma forma.  cacique que sentado en su equipal, se cruza de brazos para
          Juntos  comenzamos  a  bosquejar  opiniones  imprecisas,  dejar a su pueblo morir de hambre.
          contradicciones, en medio de las carcajadas desenfrena-
          das de mis compañeros que atentaban con profanar la   Bibliografía
          más legendaria de las novelas, sólo por eso nunca ten-  Fell, Claude (editor), Juan Rulfo. Toda la obra,  México, Colección archivos, 1992.
          drían el privilegio de pasearse por la Media Luna porque,   rulfo, juan, Pedro Páramo, 20.ª ed., josé Carlos González Boixo (editor), Madrid, Cátedra, 2007
          además, ni se lo merecían; Comala estaba en ese enton-  (letras Hispánicas).
          ces, según yo, reservada sólo para espíritus evolucionados   1rulfo, juan,  Pedro Páramo, (ed. de josé Carlos González Boixo), 20.ª ed., Cátedra (letras Hispá-
          como Eduviges Dyada, capaces de sostener una charla   nicas), Madrid, 2007, p. 74. inmediatamente después de cada cita referente a la novela, se propor-
          con un muerto.                               ciona el número de página correspondiente a esta misma edición.
            Mi experiencia rulfiana no terminó ni con la primera
          ni segunda lectura de Pedro Páramo, de hecho, una de las   Keri González es profesora-investigadora de la UaCM, idealista de nacimiento y do-
          épocas más placenteras de mi vida fue cuando tomé un se-  cente por vocación; se considera obsesa de temas como la memoria y la muerte, quizá
          minario sobre la obra de Juan Rulfo durante dos semestres,   de ahí el origen de su pasión rulfiana...
          Palabrijes 06 primavera 2011                                                                          27
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