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terrible de los sentimientos; un cuerpo es flujo e intensi-
dad que aparecen bajo la forma de un torso, un gemido,
o una lágrima provocada por un orgasmo o un puntapié.
Nos lo han enseñado mal. No somos alma y cuerpo. El
alma es cuerpo y el cuerpo es alma. No hay uno solo de
Esencial: partir del cuerpo y utilizarlo como guía. nuestros pensamientos, sentimientos o ilusiones –desde
Él es el fenómeno más rico que permite los más sublimes hasta los más infames– que no hayan
observaciones más claras. pasado por nuestro estómago, nuestros pulmones o nues-
Friedrich Nietzsche, VP, 526 tros genitales. Cuerpo es espíritu.
Por lo anterior, leer un cuerpo no es cosa fácil, de
manual o mecánica, ni siquiera de ciencia médica —al
eer, sin duda, es una de las experiencias más ri- menos no exclusivamente—. En la lectura de un cuerpo
cas en posibilidades de la existencia toda, que se también está implicada la hermenéutica, la semiótica, la
Lconstruye desde la más desfachatada frivolidad semántica, el chamanismo y la hechicería. Una sonrisa
hasta la más profunda abisalidad de la experiencia. Leer está más allá de las contracciones musculares. Las endor-
es construir, pensar, habitar, poner en cuestión, sonreír, finas, la dopamina, y la adrenalina son sólo explicaciones
desfigurar, suspender, hundirse en los más terribles abis- parciales de la calma, la excitación y la euforia; ninguna
mos —los propios y los ajenos—, ir más allá, infringir, de estas substancias explica por sí misma un escalofrío,
deliberar, imaginar, festejo simultáneo de morbosidad el brillo de una mirada, la melancolía o el entusiasmo de
e inocencia. Al leer suspendemos el mundo para enri- vivir. Para leer un cuerpo no bastan las ecuaciones, las fór-
quecerlo, para llenarlo de color, opacidad y matices, de mulas o los lugares comunes; cada cuerpo tiene sus pro-
rabia, de melancolía, de festividad: suspensión edificante. pias intensidades que se entretejen de peculiares maneras,
Leyendo inventamos el mundo y parimos sentimientos, atándose y repeliéndose bajo sus propias reglas que están
convicciones y quimeras, ideologías, farsas, pasiones y ahí para ser comprendidas, respetadas y transgredidas.
dioses. Leer es vivir. Leer es una ardua tarea.
De todo el universo de lecturas posibles, la lectura Ahora bien —como ya he dicho—, así como hay de
de textos filosóficos y literarios ha construido una bue- libros a libros, hay de cuerpos a cuerpos. Hay libros que
na parte de mi vida. He podido pasar tres días seguidos uno lee y desde las primeras líneas anuncian su final: abu-
leyendo un prólogo de Nietzsche, un párrafo de Hegel, rrición. Hay libros que hacen reír, hay libros que hacen
o una línea de Borges; y a partir de ellas me he llorar, hay libros que nos sumergen en insólitas
maravillado, fascinado y aterrado, intentando pe- melancolías de insondable profundidad. Hay li-
netrarlas, desentrañarlas, y fincar en ellas mi ex- bros que despiertan alegría y pasiones vivaces.
periencia; después de ellas, y por ellas, nunca seré Hay libros baratos, caros, de pasta dura, de pésima
el mismo. Sin embargo, pese al profundo eros que ronda manufactura y encuadernación endeble. Hay libros que
este tipo de lecturas, nada es comparable con la erótica uno, definitivamente, no puede entender, y cuyas inex-
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y patológica experiencia de leer un cuerpo, el de MS . Y tricables letras nos incitan o nos repelen. El universo de
es que, pese a que todo cuerpo es susceptible de lectura, libros posibles es casi inabarcable, pero, de entre ellos, hay
hay de textos a textos, y de cuerpos a cuerpos, y el de ella unos cuantos que están destinados fatalmente a demo-
es un abismo en el que me precipito sin remedio y en el lernos, hechizarnos o maravillarnos. El símil entre libros
cual experimento los límites de mis propias posibilidades. y cuerpos es evidente, así que no me fatigaré en extender
Leer es un riesgo. las analogías; me contentaré solamente con decir que el
Un cuerpo, para empezar por el principio, nunca es cuerpo de MS es como una Odisea escrita por Cervan-
sólo un cuerpo. Él es pasión, emoción, sufrimiento, deli- tes, llena de conflictos shakespierianos, con fatalidades
rio, tintineo anímico, éxtasis palpitante aflorando por los esquileas, urdida con demoras proustianas, y cimentada
poros; un cuerpo es alegría, lujuria y cursilería, bobería, en fantásticas verosimilitudes borgeanas; pero no sólo
brujería, hartazgo, sensaciones y sentimientos desplega- eso, sino que en sus páginas es posible encontrar, desde
dos en la piel. Un cuerpo no es solamente un conjunto de pletóricas líneas carpentierianas, hasta desnudas líneas
órganos, una máquina, no es una res extensa unida miste- de sádica crudeza, pasando por descripciones vívidas y
riosa o mágicamente con una res cogitans. Un cuerpo es vivificantes garciamarquecianas o italocalvinianas, mis-
un holon, totalidad de sentido vibrante y pulsante, inten- terios pessoianos, desquiciantes estructuras woolfianas, y
sidades abigarradas manifestándose en una sonrisa, una demenciales lógicas carrollianas; además, por si esto fuera
mirada, el más hermoso de los pensamientos, o en el más poco, sus líneas oscilan entre la ligereza de una sentencia
Palabrijes 06 primavera 2011 29

