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nietzscheana, y la pesadez apabullante de la obra hegeliana, con la  Intento penetrar en los sintagmas movedizos de su alma laberíntica.         i n
       increíble precisión de ambas; sus manufacturas textuales son fluidas  Me revelan que el diálogo es inútil, las palabras son vacías frente a                F
       y gozosas como la obra zambraniana, e ininteligibles y abigarradas  la intensidad del pathos. No lo comprendo, así que retrocedo, busco
       como la obra heideggeriana. Hircocérvico es el cuerpo de MS.  entre líneas, interpreto. La dificultad de abandonarme al texto que   O                               O
          Como se puede adivinar a través  de las líneas precedentes, el  sus miembros construyen, de dejar de lado mis prejuicios y mis ho-
       cuerpo de MS es un libro que me asombra, interpela e hipnotiza.  rizontes de sentido, de juzgar ese texto por sí mismo en su totalidad
       Sus inagotables y laberínticas páginas me seducen y me llevan a ex-  de sentido, de interpretarlo como instante advenedizo y no como                                 i
       perimentar sensaciones y sentimientos más allá de lo que algún día  un signo de teleológica fatalidad, es evidente. Al fin, el discurso de   p
       imaginé posible. Hojeo sus páginas, leo con los dedos, con los ojos,  su obstinado silencio me persuade de lo vano de mis intentos, así
       con los dientes, exploto en sentimientos y en vibraciones descono-  que debo ceder. Me hundo en el remolino de sus emociones, las de-                              p
       cidas para mí, me hundo en sus espirales psicodélicas y descanso  letreo de atrás hacia delante y de reversa. Me ahogo hasta el llanto.
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       en sus playas desérticas y pacíficas. Su cuerpo es un libro de lectura  Su lectura me devasta.                                                                i
       permanente, sin posibilidad de escape.                  Alguna noche es posible que vuelva la calma. Su cabeza ensorti-        i
          Después de una noche ardua y retorcida de oníricas ensoña-  jada descansando en mi pecho me dice que todo irá bien. Su mirada      n             c
       ciones, en una mañana desolada y despoblada cuya única habitante  aún perdida me dice que debemos esperar un poco más. Esperamos
       es la duda, una mañana en la que tengo la boca seca y amarga, una  hasta que vuelve la alegría, la furia, o la excitación, la excitación de ver-
       mañana en la que la fatídica luz de la noche ha iluminado antiguos  nos a los ojos, de rozar nuestras manos, de compartir un camino, de
       enigmas que me han puesto a temblar, no sé qué pensar, no sé, si-  ser nosotros siendo otros. Su mano en mi erección reclama agitación
       quiera, si es posible pensar. En una mañana como esas, necesito  y presume lucidez. Su lectura me hace feliz.
       tierra, claridad, entendimiento, algo que me arrope y me saque de   Leyéndola me construyo, me descubro y me recubro, pero, sobre
       la indefensión. Entonces recurro a ella. Con las yemas de mis dedos  todo, me abandono, me olvido de mí y me entrego a la frenética
       voy palpando su silueta sinestésica plagada de signos que despiertan  experiencia de lector empedernido. Con ella, nunca tengo razón; y
       mi imaginación. Me detengo, interpreto el movimiento, la textura,  si la tengo, no importa nada, lo que importa es la imaginación. Mi
       las pausas que me marca su respiración. Comprendo un par de co-  identidad se vuelve frágil, quebradiza. Mis convicciones se esfuman.
       sas y medito con mi lengua jugueteando en un pezón. Memorizo  Y a lo largo de todo este tiempo he descubierto que nada conviene
       lo entendido hincando mis dientes en la suave piel de su hombro  más a mi existencia que persistir en la lectura de ese hipnotizante
       izquierdo. Lo subraya con sus dedos. Una pregunta asalta a mis  libro, que no contiene lecciones, moralejas, ni consejos, pero que
       manos y busco la respuesta en sus muslos. Ahí no está. Un guión,  logra violentarme y apaciguarme de tan diversas maneras que no
       una coma, un gemido, al fin lo encuentro. Pregunta respondida. Me  me ha quedado más que aprender algo: que no hay mejor manera
       regodeo en sus senos. Comienzo a entender. Las frías plantas de  de llegar a ser lo que soy que volviéndome otro a través de ella.
       mis pies hacen rayones en sus pantorrillas. Sus lumbares contraídos
       me ofrecen una pauta de interpretación. Se acomodan las ideas jun-  1   a menudo solemos asociar la lectura con las letras, ciñendo nuestras prácticas lectoras conscientes a un universo
       to con las mieles. Delibero con mi erección. Hay algo que aún no   limitado por las páginas, las pantallas o cualquier superficie marcada con grafías. sin embargo, haciendo esto res-
       queda claro y lo busco entre sus piernas. En las páginas de su vagina   tringimos brutalmente las posibilidades de la lectura misma y la reducimos a la funcionalidad o a la academicidad
       leo mensajes que descubren los secretos de la vida, aprendo a desci-  (en el extremo de la funcionalidad la lectura sólo sirve, desapercibidamente, para sobrevivir, para hacer algo; mien-
       frarlos a través de los gemidos que construyen una carta que jamás   tras que en el extremo de la academicidad, la lectura sólo sirve para atiborrarnos de información y retener por unos
       escribirá. Los vientres se encuentran después de un par de giros   días, meses, o años, algunos datos específicos), cuyo interés para nosotros se convierte en mero trámite.
       lánguidos entre las sábanas perezosas. Retozamos.           El vaivén            en estos tiempos, en los que intentamos empeñosamente reducir la lectura y la escritura a sus niveles míni-
       de sus caderas acuáticas sobre mi pétrea pelvis apresura la llegada   mos (como en los mensajes del celular o del messenger), la lectura es sólo un trámite desapercibido, cuando no
       de la orgásmica marea. Descansamos, sollozamos entre oleadas es-  desdeñable, para lograr algo. estos hábitos —que tienen sus respectivas explicaciones sociológicas, culturales,
       pasmódicas aclaradoras de la mente; una nueva razón me invade y   antropológicas, psicológicas y filosóficas, en las que no abundaré aquí— nos impiden, de muchas maneras, ad-
       el pensamiento se hace posible. Su lectura me realiza.  vertir que la lectura va mucho más allá de los dos ámbitos arriba descritos, puesto que ella es, ante todo, un acto de
          En una tarde cualquiera, una visita incómoda nos viene a inte-  desciframiento de signos y un intento por comprender el significado que de ellos emana, lo cual descentraliza a la
       rrogar. Es la melancolía, la trágica y maravillosa melancolía de estar   lectura del ámbito exclusivo de las grafías del lenguaje escrito. si la lectura consiste en esto, con facilidad podemos
       vivos, la puta felicidad y la pinche nostalgia de estar vivos —el har-  advertir la más escandalosa, pero también la más evidente, de sus conclusiones: todo puede ser leído. Más aún:
       tazgo de la vida insuficiente y la paradójica plenitud de la pasión—.   todo el tiempo estamos leyendo. lo anterior significa que, más allá de las grafías, constante e ininterrumpidamente
       Hojeo su mirada. Leo las páginas de su tristeza y estallo en desespe-  estamos leyendo una cosa u otra, es decir, estamos descifrando, interpretando, intentando comprender el acontecer
       ración que contengo y declamo en un abrazo. Con sus labios en los   del mundo, y ¿qué lectura más relevante dentro de este acontecer que la lectura de un cuerpo?
       míos me marca un punto y aparte. Insisto furibundo estrechando
       sus caderas en una nota al pie.  El descanso se vuelve imperativo:
       hay que dejar de leer la amenaza intermitente de su tristeza mono-  Bily López   es un profesor que confía en el aprendizaje, pero que descree fuertemente de la enseñan-
       silábica. Una pausa, dos, tres, cuatro, puta desesperación. Es inútil.   za; por ello, comprende su labor académica como un acto de compartir lecturas para abrir horizontes.
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