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Desde la torre
Por Francisco de Quevedo
Retirado en la paz de estos desiertos,
con pocos, pero doctos libros juntos,
vivo en conversación con los difuntos
y escucho con mis ojos a los muertos.
Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
o enmiendan, o fecundan mis asuntos;
y en músicos callados contrapuntos
al sueño de la vida hablan despiertos.
Las grandes almas que la muerte ausenta,
de injurias de los años, vengadora,
libra ¡oh, gran don Ioseph! docta la emprenta.
En fuga irrevocable huye la hora;
pero aquella el mejor cálculo cuenta
que en la lección y estudios nos mejora.
Bibliografía
De Quevedo, Francisco, “Desde la torre”, en Parnaso español (sonetos), edición de ramón García
González. alicante, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2003.
Francisco de Quevedo es espadachín diestro con la lengua y la espada en ese orden;
amante del vino, cojo y cegatón es inolvidable tanto por sus versos como por su malicia,
que le hacen alternar temporadas en destierro y en prisión privándole de su adorada
taberna, donde se da el gusto de ser orgulloso hasta los huesos.
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