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Puertas, salidas y silencios ruidosos en

       Río de Janeiro













                      Un viaje al exterior que conduce al interior. Un idioma ajeno que ayuda a reconocer las
                      propias palabras. Un libro de cuentos que lleva a su lectora al centro mismo de su realidad.




                      Por Cynthia Pech



                            ra agosto cuando llegué a Río de Janeiro. La or-  la perfección, sino encontrar la manija que la abriera.
                            fandad del cuerpo me doblegó los primeros tres   En la historia del cuento, la señora de Jorge B. Xavier
                      Edías después de haber aterrizado en la ciudad.  busca la salida sin éxito, hasta que se encuentra un hom-
                      Un resfriado y la fiebre me aquejaban. Recuerdo que, du-  bre que la guía hasta ella; pero una vez encontrada, su
                      rante el viaje en taxi del aeropuerto al hotel, se abrió una  problema se vuelve otro: la señora no sabe cómo llegó ahí.
                      vorágine de gente multicolor y una mancha de coches  La diferencia con mi historia sería que yo sí sabía cómo
                      que me comieron con todo y taxi.              había llegado allí.
                         Viajé a Brasil como mucha gente que busca encon-  Las calles de Río se abalanzaban en sus espectacula-
                      trar algo en los viajes: para descubrir algo mágico en otros  res, en los rostros de mujeres y hombres nunca vistos, en
                      lugares, para conocer gente que quizá nunca vuelva a ver.  los cuerpos vertiginosos que zambullían mi imaginación
                      Viajé  a  Brasil  cargada  de  historias,  referencias  míticas  en el mar no muy distante. Las calles atosigaban con su
                      sobre su gente, su calor y su humedad. Viajé a Brasil   ruido. En silencio, la luz de los escaparates iluminaba el
                      queriendo hallar la puerta de salida que necesita-  gran estadio.
                      ba. Era agosto, después de todo no era el mejor       Que de aquel viaje sólo recuerdo el asombro
                      mes para viajar.                                   ante el bullicio, es mentira. Las esquinas y su mun-
                         Agosto significaba precipitar mi historia en    danal ruido se evaporan en sus imágenes ante la
                      un tiempo que quebraba cualquier espacio, tam-    perplejidad de descubrir la mirada de Lispector en-
                      bién era el mes que “daba mala suerte”, según pensaba la   sanchando su ángulo de observación en dirección distin-
                      señora de Jorge B. Xavier, personaje central de la historia  ta a la señora de Jorge B. Xavier. La mirada de Lispector
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                      que abre el libro Silencio , de Clarice Lispector, y que ha-  hurgando en la certeza de no saber cómo se llega a los
                      bía empezado a leer una semana antes de viajar a su país  lugares vacíos, inmensos, en donde los ecos van y vie-
                      de acogida.                                   nen en una especie de reflexión que va más allá de donde
                         Cuatro días después de haber llegado a Río, el labe-  se encuentra una. No es cuestión de ubicuidad sino de
                      rinto de mi vida era como el estadio de Maracaná, en  mirarse. Así, de repente, me miré buscando la puerta de
                      donde la señora de Jorge B. Xavier se extraviaba en “La  salida en el gran estadio, en su gran laberinto… y es que la
                      búsqueda de la dignidad”, y donde erradamente, creía en-  vida misma, a veces, es también ese gran estadio sin visi-
                      contrar alguna puerta de salida.              bles puertas de salida, pero donde los viajes son la manija
                         En este viaje, Lispector y su personaje estaban presen-  que las abre.
                      tes. Yo, mientras tanto, vivía la ciudad con la templanza de
                      la desorientación que, con todo, se agudizaba por mis con-
                      tinuas incorrecciones al hablar. Pero esas incorrecciones   1   Publicado por Círculo de lectores, Barcelona, 1988.
                      no eran por falta de memoria, sino por una falta de hábito
                      conversacional. Además, para encontrar la puerta de sali-  Cynthia Pech  pertenece a la academia de Comunicación y Cultura de la  UaCM. si quie-
                      da, mi-puerta-de-salida, no necesitaba hablar portugués a   res escribirle algún comentario sobre este texto su correo es: cpech_2000@yahoo.com
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