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Hice una segunda lectura de Cien años de soledad  garme a permanecer en aquel lugar mi alma me estaba
                      que tan sólo (y no es poco) rememoro porque el ca-  abandonando. Como no hay mal que dure cien años…
                      mino pedregoso se transformó, como en Las mil y una  decidí renunciar a ese trabajo, convalecí e inicié el ca-
                      noches, en un arroyo serpenteante que se desborda en  mino de mi recuperación.
                      mil afluentes; agua elemental bendecida por la gracia,   Aquí viene al caso contarles que hace ya dos décadas
                      la diversión y el placer.                     pertenezco a un círculo de lectura. Un grupo de amigos
                         Años después y tras leer muchos textos más de Gar-  nos reunimos un domingo de cada mes para comer sa-
                      cía Márquez, regresé a Cien años de soledad en una épo-  broso, comentar, desde la perspectiva de cada uno, el tex-
                      ca difícil. Estaba luchando por sobrevivir en un empleo  to elegido el mes anterior y sortear el del mes siguiente.
                      o decidirme a abandonarlo. Ha sido la única ocasión  En el 2007, Gabriel García Márquez cumplió ochenta
                      en que la ideología y el ambiente de un espacio laboral  años y sus lectores del mundo celebramos los cuarenta
                      me asfixiaron hasta paralizarme. Busqué refugio en las  de Cien años de soledad. Decidimos, en el círculo, eliminar
                      calles soleadas de Macondo, pero atravesé las páginas  el sorteo y releer juntos la historia de la gesta familiar de
                      sin lograr penetrar en las casas de sus habitantes, en  José Arcadio y de Úrsula, para conmemorar y saborear
                      sus  historias,  en  su  bullicio,  y  abandoné  el  texto  con  reunidos el café con pan de nuestros recuerdos. Sé que,
                      una sensación espantosa de oquedad anímica. Lo “pasé  bien dijo Heráclito, un río nunca es el mismo río, una
                      de noche”, como mal estudiante; transité por él, como  novela no es sólo la del autor sino la de quienes la leen
                      cantó, creo que Agustín Lara, como “por la noche negra  y un lector nunca será el mismo lector que fue, porque
                      de mi desconsuelo”. Siempre sucede que un texto, o una  río, texto y lector se transforman en cada instante del
                      frase en especial encontrada en algún libro, nos hace  tiempo. Mi primera lectura fue torpe pero intensa en su
                      intuir, entender o tomar decisiones sobre nuestra vida,  inocencia; mi segunda lectura fue fluida, porque me di
                      pero por primera vez me ocurrió que fue precisamente  permiso de dejarme llevar por la corriente; la tercera fue
                      no poder entrar en el discurso, perder mi capacidad de  como penetrar en la vacuidad de un hoyo negro pero esa
                      comprensión y goce, lo que me hizo saber que por obli-  oscuridad me permitió enfrentar la realidad. Bajo estas
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