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premisas, inicié la lectura con miedo por la experiencia describe la medicina tradicional refiriéndose a quien ha
anterior, pero también con esperanza. Leer Cien años de sido curado de espanto. Salí del texto agradecida y eufó-
soledad, significó, entonces, vivir el relato más allá de la rica, con ganas de prodigarme en júbilo con mis compa-
intuición, el placer o el vacío. La novela se abrió y me ñeros de lectura. Quise jugar, aunque fuera por un día, a
recibió en su cosmos haciéndome parte suya. Dejarme ser Úrsula, Eva nodriza de generaciones, y exportar de
arrastrar por su invención delirante, tan cercana, por ello, la literatura al mundo la comida que ella preparaba para
al pálpito más profundo de la vida, me permitió dimen- su vasta descendencia y los dulces que extendieron su
sionar la estela caudalosa de una imaginación que, seme- fama entre sus vecinos. Polimnia, la musa de la mímica,
jante a la del Quijote, es capaz de poblar este mundo con estuvo de mi parte. Reproduje en mi cocina los gestos y
otro y otro y otro más habitable, de manera que, necesa- movimientos de Úrsula para lograr aparecer platillos ca-
riamente, salga una de allí con ganas de seguir peleando ribeños en una especie de ritual mágico: asé los plátanos,
porque el complicado mundo real cobre sentido y valga preparé el sancocho de pollo y el sofrito de arroz con
mucho más la pena. hongos. Solicité la confiada complicidad de mis
Siempre he querido a García Márquez por amigas, sin que ellas entendieran en qué clase
muchas razones, pero especialmente porque su de invención o capricho estaban participando,
genuino amor por la mujer lo hace capaz de cap- cuando accedieron a elaborar una receta im-
tarla en su justa condición femenina y terrestre. puesta: sí, necesariamente, es indispensable una
Pude recuperar en su real justeza la enorme esta- ensalada hecha con palmitos y estragón; obliga-
tura de cada una de las mujeres de Macondo, centro toriamente Isabel, por favor, tienes que traer un postre
del corazón de sus hombres; ombligo del orbe ma- a base de crema dulce con café. Por último, preparé en
condiano. José Arcadio puede abandonarse a la ma- cazo de cobre los casquitos de guayaba que el narrador
gia para intentar encontrar los secretos del mundo o nos hace degustar en la novela. Recordé que, cuando era
lidiar su locura en un rincón del patio porque Úrsula muy niña, mi mamá me compraba en el mercado unos
se ocupa de ordenar el caos doméstico. Pietro Crespi gallitos de tamarindo y azúcar que nunca volví a ver y
se sabe para siempre amado porque Amaranta prepa- que se parecían a los animalitos que Úrsula vendía o re-
raba la mortaja de Rebeca con el odio enconado que galaba a los niños del pueblo. El azar me siguió el juego
era el mismo roto amor de su despecho. Remedios la pues cuando llegué al mercado por algunos ingredientes,
bella flota, habitante sólo de su belleza portentosa, y en el primer puesto me topé, sin buscarlo, con un huacal
abandona este mundo para subir al cielo en cuerpo y repleto de gallitos de tamarindo, corolario genial para un
alma” porque tiene la certeza de su misión cumplida: banquete de fantasía.
sabe que su hermosura basta para tocar el corazón de Agasajé a la familia y a los amigos con la mejor de
Aureliano y deslumbrar a cualquier otro mortal que la mis mesas, la que se viste con los manjares de la pleni-
contemple. Todas y cada una de ellas están constituidas tud, y fueron tan grandes el amor y el gozo de cocinar-
de lodo y piedra, de fuego y aire, de vida y presencia los que los platillos realmente quedaron deliciosos. Los
contundentes. Quisiera aprender de todas como quiero comensales también me siguieron el juego: paladearon
aprender de Petra Cotes: ser capaz de ir como ella de la los guisos, se mostraron fascinados por el modo en que
pasión a la compasión y de prodigar amor escandaloso fueron preparados y ofrecidos, se alegraron conmigo.
y abundante en loterías, donde todos puedan ganar, o Me entendieron. Ellos saben tan bien como yo que la
en actos solidarios silenciosos porque el amor le alcanza literatura, alimento del alma y pasión de los sentidos,
a Petra no sólo para amar a Aureliano Segundo sino a es a veces tan avasalladora que también se convierte en
la esposa ensimismada de su amante y a su hija ino- sustento corporal indispensable para seguir viviendo.
cente. Amaranta Úrsula, la última de su linaje, tiene el
coraje de romper el miedo a la maldición ancestral del Bibliografía
amor incestuoso con su deseo transgresor y trocar el García Márquez, Gabriel, Cien años de soledad. edición conmemorativa, México, real academia
mundo en torbellino hasta disolverlo y volverlo parte española, asociación de academias de la lengua española, alfaguara, 2007.
del eterno; ella cierra el ciclo de la historia, convierte a
Macondo en leyenda estelar y la fija en el firmamento Alicia Pastrana es profesora, desde hace muchos años, porque ése es el trabajo que le
junto a la órbita de los mitos inmortales. gusta. socializar lo que ha tenido la oportunidad de aprender y la fortuna de leer es algo
Leer Cien años de soledad, en aquel entonces, fue que forma parte suya. su formación extramuros también se nutre de cine, de imágenes
como una inmensa oleada de vino y luz que me hizo pictóricas, de viajes, del inagotable asombro por la música. su tiempo libre es para ella y su
entender, gracias al poder de la palabra, que, una vez re- gente; la familia, los amigos, la sabrosa demora de la conversación en sobremesa.
cuperada, el alma me había vuelto al cuerpo, como bien
Palabrijes 06 primavera 2011 51

