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visión. En mi biografía no hubo amigos con una novela compras, y esa incursión de la realidad a mitad de la
iniciática bajo el brazo, ni profesores ansiosos de crear lectura suponía que era hora de cambiar de libro. Como
un lector, no hubo papás a quienes viera leer ni visitas los libros eran un producto más, a nadie le importaban
guiadas a la biblioteca pública. En pocas palabras: no y, de ese modo, el supermercado hizo el milagro de in-
había forma de llegar a los malditos libros por los me- tegrar los libros a la vida, pues de niños, los libros tien-
dios conocidos, pues los cuentos eran tortuosos en lo que den a aparecer en lugares específicamente construidos
tenían de lección de gramática y valores. Sin embargo, para ellos: la escuela, por ejemplo. Al poner los libros al
ahí estaba la televisión para salvarme. ¿Qué me enseñó la mismo nivel de los desodorantes y las cajas de leche, el
televisión? En primer lugar a hacer algo con mi soledad. súper volvía cotidiana la necesidad de leer.
Y en segundo a saber quién diablos era Julio Verne. Es diciembre, si mal no recuerdo. Estoy frente a
Una de las primeras caricaturas que me tuvo al borde Viaje al centro de la Tierra. Tengo el dinero completo
de la silla fue Viaje al centro de la Tierra. Las peripecias para adquirirlo, gracias a dos actividades que perfec-
subterráneas del profesor Lindenbrock, quien desciende cionaría con el tiempo: escribir y no comer. Antes que
por el volcán Sneffels, de verdad tenían que apasionar a un mero acto consumista, comprar se ha vuelto en ese
un niño de Campeche, en donde las cuevas pueden llegar instante una expresión de pertenencia. He hecho todo
a ser un escenario cotidiano. El caso es que una mañana, lo que ha estado en mis manos por una obra de ficción,
tras cumplir el encargo de mi madre en el supermercado, por algo que no existe, por un puñado de letras, por un
vi que en uno de los anaqueles había un ejemplar de Via- artículo que nadie me ha dicho que debería poseer. A
je al centro de la Tierra. Lo editaba Bruguera y las páginas los once años tomo una de esas pocas decisiones en las
de la novela estaban intercaladas por un cómic que con- que no tienen nada que ver ni los padres ni los amigos.
taba la trama. Me di cuenta de que había ahí un objeto Comprar un libro porque sí, porque me da la gana, un
que era literatura e historieta, pero también literatura y signo quizás de madurez. Titubeo entre Verne y Ste-
televisión. El libro –y fue claro para mí en ese instan- venson, pero al final gana Julio. Es el principio de todo,
te— tenía la ventaja de que su ficción no dependía del el primer libro que entrará a mi casa, el momento que
horario del canal, y que, por tanto, yo no estaba obligado cambiará mi vida. Llego a la caja registradora y pago.
a despertar temprano cada sábado. En fin, que quise ser Todo ha sido consumado. Frente a mí la chica que co-
lector precisamente por flojo. bra me mira indiferente y no la culpo, pues yo mismo
Junté dinero de mis recreos y también vendí algu- no soy muy consciente de lo que acaba de suceder. Así
nos poemas. En lo que ahorraba acudía al súper cada aprendo la última lección del día. A nadie le interesa lo
dos días a ojear los otros libros. El pasillo de libros y que nos cambia un libro. Leer es una hazaña íntima.
revistas fue mi primera biblioteca pública y paradóji-
camente, ahí nunca padecí las restricciones que años Eduardo Huchín Sosa es narrador, poeta, ensayista y músico de rock. Ha compilado
después sufriría en las bibliotecas de verdad. El súper sus ensayos en ¿Escribes o trabajas? (Tierra adentro, 2004) y mantiene una bitácora
tenía música ambiental, y carecía de letreros prohibiti- personal en http://tediosfera.wordpress.com además del humor inteligente, una de
vos y señoras que te regañaran por curiosear; incluso, sus aficiones más fructíferas es el porno risible, lo que puede constatarse en otro de sus
de repente alguna chica linda pasaba con su carrito de blogs, titulado A tranquear el zorro.
4 Palabrijes 06 primavera 2011

