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Página 59, Altazor








                      La poesía es un misterioso conocimiento que algunas veces llega a nuestras vidas por
                      los resquicios más inesperados. En este texto vemos qué pasa cuando se va en busca
                      de esos resquicios.

                      Por María Jessica Hernández Monroy



                               de marzo de 2009, un regalo (un pedazo de   (Ante esta frase me derrumbo y se desbordan de
                               papel) que decía: “Hay un espacio despoblado  mí las lágrimas, recuerdo a la persona que me regaló la
                      18 / Que es preciso poblar / De miradas con se-  frase y sé, ahora, de qué manera me conocía.)
                      millas abiertas / De voces bajadas de la eternidad”.
                         Un año después. En un momento de ocio encuen-  Trampas de luz y cascadas lujosas
                      tro el pedazo de papel en mi cartera, lo leo, intento dar-  Trampas de perla y de lámpara acuática
                      le sentido. Mi cabeza da vueltas, sé que falta algo, ¿qué   Anda como los ciegos con sus ojos de piedra
                      falta?, no puedo darle sentido a algo fragmentado, ten-  Presintiendo el abismo a todo paso
                      dría que armar el rompecabezas. Observo que en el pa-
                      pel dice: Vicente Huidobro. Enciendo la computadora,   He de terminar el primer Canto y comenzar a cu-
                      deletreo en Google “Vicente Huidobro” y salen: bio-  brirme con la poca decencia que me queda, el sabor
                      grafía, poemas, infinidad de páginas… Doy clic en una  no es igual a través de un monitor (apago y cierro la
                      página de poemas y recorro cada texto: “Ella”, “1914”,  computadora).
                      “Noche”, “Para llorar”. Comienzo a enamorarme        Tomo el periódico que estaba en la sala, leo
                      de cada palabra, de cada verso de este, para mí,   que hay un remate de libros en la Alameda del
                      desconocido Huidobro.                              Sur, se me ocurre que quizá ahí encuentre el
                         Pero no he de perder mi objetivo: armar el      libro para ahora sí devorármelo como se debe,
                      rompecabezas que representa la frase. Se me ocu-   frente a frente.
                      rre poner parte del fragmento en el buscador, apa-   Dos de la tarde del día siguiente. Salgo de mi
                      recen letras en mayúscula en el monitor: “ALTAZOR”.  domicilio y me dirijo a la Alameda del Sur. Llego a
                      Doy clic rápidamente, comienzo a leer y sentir la intensi-  mi destino: un vasto número de libros; la tarea se hace
                      dad de la primera página, la fuerza con que él se pregunta:  cada vez más grande, ya no es sólo la frase, es ahora la
                      “¿en dónde estás Altazor?” Me identifico de inmediato  tarea encontrar a Huidobro y su Altazor.
                      con esta búsqueda desesperada donde devoro cada letra y   En este mar de títulos y autores salta a mi vista un
                      cada verso, los saboreo para encontrar la esencia de aque-  nombre:  “Nicolás  Guillén”,  unos  anaqueles  después
                      lla frase. Siento cómo se hilan las ideas en mi estóma-  uno de mis libros favoritos: Amaneceres del Husar de
                      go, en mi mente; dentro de este manjar de literatura se  Eduardo Casar. Mi mano, como si aquel libro fuera
                      me olvida cuál era el objetivo, me enredo con más y más  un imán, lo toma pero otra mano aparece para arre-
                      frases, me coquetean, y yo, débil ante tanta majestuosi-  batármelo. Levanto la cabeza para mirar el rostro de
                      dad, me dejo llevar; dejo que me invadan, se lleven mi  aquel ladrón de libros favoritos, cuál es mi sorpresa
                      esencia y así comenzamos a tener una desbordante y  al percatarme de que se trata de aquella persona del
                      rápida relación, me le entrego con facilidad.  pedazo de papel, de la frase que me ha llevado hasta
                         Soy yo Altazor el doble de mí mismo […]    aquí. Sonrío y le digo Altazor. Quién diría que aquella
                         La distancia que va de cuerpo a cuerpo     obsesiva búsqueda de un secreto encerrado en un libro
                         Es tan grande como la que hay de alma a alma  me llevaría a un encuentro con el susodicho. Recorda-
                         Solo                                       mos que hace mucho que no nos veíamos, y entonces
                             Solo                                   me presenta a su esposa. Mis ánimos decaen un poco,
                                      Solo                          a esas alturas la frase perseguida ya me viene valiendo
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