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madre y quiero irme. Jorge extiende su mano, señala
          el anaquel en donde está Huidobro, me lleva, y de en-
          tre ese mar de títulos y autores, el santo grial aparece
          frente a mí. Le platico mi desventura con la frase y mi
          coquetería con las letras de Huidobro en lo que llega
          quien me cobre el libro (su esposa sale de la escena).
          Aparece un joven atento quien nos hace mención del
          precio. Rápidamente Jorge saca un billete, lo paga y
          coloca  el  libro  sobre  mis  manos.  Me  da  a  entender
          que en ese momento ya no hay encuentro posible. Nos
          abrazamos y nos despedimos. Ella se lleva a Jorge y yo
          me quedo con Huidobro en las manos, con una frase
          que buscar.                                   tiempo, nuestros espacios, nuestro éter divergiendo.
            Llego a mi casa y, ahora sí en la intimidad, co-  Sentí que debía seguir. Continué adoptando frases:
          mienzo a ultrajar las palabras página por página: no se
          me escaparía mi frase (porque ahora ya era mi frase).   La herida de luna de pobre loca
          No habrá de vuelta una seducción, porque ahora el   La pobre loca de la luna herida
          poder lo llevo yo, soy yo la que se entrega totalmente
          a las palabras; recuerdo que en esa exploración hubo   Las sonrisas iban y venían en ese juego de molinos
          otra frase que me describió, que me tomó y desnudó,   de aliento / de viento, / de cuento, / de intento, /  de
          que me expuso totalmente:                     acontecimiento, / del momento, / con razonamiento,
                                                        / para alojamiento, / a lanzamiento, / que presiento,  /
            Contradictorios ritmos quiebran el corazón  Molino, / Molino, / Molino… / Ai a i a a i i i i o ia…
            En mi cabeza cada cabello piensa otra cosa
                                                          La frase tomó más de un sentido. Entendí en ese
            Fue tal mi entrega y mi alianza con este hilo de   momento la impetuosa necesidad de poblar los espa-
          letras, que lo dejé en mi nick de Messenger.  cios vacíos; entendí que siempre llegarían más voces.
            Continué leyendo; después de aquel perverso “Uiu   Al  final  había  más  que  una  frase,  había  una  razón,
          uiui / Tralalí tralalá /Aia ai ai aaia i i”, llegué al Canto   una complicidad. Una complicidad que en aquella tar-
          V, página 59:                                 de había poblado uno de muchos de mis espacios.

            Hay un espacio despoblado
            Que es preciso poblar
            De miradas con semillas abiertas
            De voces bajadas de la eternidad
                                                        Jessica Monroy  es egresada del iNBa, alumna de la UaCM en arte y Patrimonio
            Suspiré,  se  detuvo  el  tiempo,  mil  cosas  tuvieron   Cultural,  amante del color que se pone entre línea y línea, del acto contradictorio de
          sentido. Las personas, el contexto, mi vida, yo, él, el   la casa de los espejos. invasora del éter.
          Palabrijes 06 primavera 2011                                                                            7
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