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Mis palabras sobre las suyas
Sabiduría popular
Sabía que era una maceta. No tenía intención de pasar del
corredor… Y sin embargo, las hojas le llovían del cielo.
Hay un cuento que me asegura espanto sas pe sadillas
(es, por supuesto, uno de mis favoritos): “El número 13”
de Montague R. James, incluido en el libro Histori as de un
anticuario. Se trata de un autor de historias de fantasmas,
Rara vez escribimos desde cero. Casi siempre hay palabras que nos subgénero del cuento con una larga tradici ón, y éste trata
anteceden. Este texto habla del poder creativo de la reescritura. de un espíritu malig no que habita en una habitación que
Por Adriana Azucena Rodríguez sólo aparece por las noches, porque el hotel, previsoriamen
te, no tiene este número de cuar to. También hay un cuento
mpecé a escribir desde que aprendí a escribir. por escribir historias sobre las historias, es decir, encima de sino a un uso consciente de tex tos con la in tención de crear de Amparo Dávila sobre una ex periencia aterrado ra en un
Con la certeza de que los cómics eran el material ellas (ahí empezó, tambi én, la caída en picada de mis califi uno nuevo. Las frases he chas (“ángel de mi guarda, de mi hotel de Nueva York. Con ambos, escribí este cuento:
Ede lectura por el que valía la pe na aprender a leer, caciones cuando éstas incluían revisión del libro, ese objeto dulce compañía” ¿por qué agre gar el “de”?), las imágenes
repasaba con cuidado sus pági nas buscando el sentido de sagrado para los educadores). conocidas por todos (el ratón de los dientes, la princesa y Historia de anticuario
las imágenes e intuyendo los secretos de las mayús culas y Escribir sobre los escritos anteriores. Esa fascinación el sapo) son mis materiales favoritos de escritura; porque, Nunca fue supersticiosa. Se hospedó confiadamente en la
minúsculas. Enton ces me maravilló descu brir que los glo me surge en cuanto tomo un lápiz y un papel. ¿para qué necesitaría un ratón los dientes de los niños, al habitación número 13. Apenas se instaló en aquel húmedo
bos que apunta ban hacia algún persona je representaban Muchos años después, ya en la universidad, me enteré grado de dar dinero a cambio de ellos? En un cuento, com y frío cuarto, sellaron la puerta desde afue ra para que no
sus afirmacio nes. Más me asombré cuan do mi paciente de que unos señores muy serios ya habí an puesto nombre y biné episodios de la novela Drácula con episodios del diario pudiera escapar. Sólo para convertirla en la mayor atracción
mamá escuchó y res pondió mi pregunta, sin descuidar las categorías a ésa, mi forma de escri bir: transtextualidad, in- de un célebre poe ta hispanoamericano que mantuvo una de un hotel de prestigio decadente.
intermina bles labores de la cocina (¿qué hacía exactamen tertextualidad y otras textualida des más. Pero mi favorita es relación por lo menos peculiar con su hermana (y todas las
te ese día y todos los que me reveló algún secreto?, ¿lavar la hipertextualidad: “toda relación que une un texto B (que relaciones tormentosas, creo, tienen una cierta tenden cia Así, con mis autores tutelares, con las frases que sirven
trastes, licuar, molcajetear, picar, asar, sazonar?, sólo sé que llamaré hipertexto) a un texto anterior A (que llamaré, des vampírica): lo titulé “Elvira, la noche”, y es un relato en que a todos para todo uso, con las viejas historias, ha go lo
nos conocimos hablando con ella de espaldas y yo atosi de luego, hipotexto) en el cual se injerta de una manera plagié de una manera francamente escandalosa. Lo peor es que más me gusta hacer: escribir historias. Bre ves, no tan
gándola de preguntas): “¿Qué son las nubeci tas con letras?” que no es la del comentario” (Genette, 1997:57). Todos los que no he podido parar desde entonces. breves, o muy breves. Malas, buenas o regula res. Un día
“Ah, pues sus pensamientos.” “Qué buen invento”, pensé yo hombres han escrito a partir de otros: La Ilíada llevó a La Actualmente, considero que estoy a punto de termi triste mejora cuando imagino una historia, cuan do avan
(decepcionada de que no se apareciera una nubecita con cír Odisea y a La Eneida. Toda la literatura clásica, medie val, nar un libro de minificciones, un género que re curre con zo o cuando resuelvo un problema que impi de pasar a la
culos dirigiéndose hacia mí). Ya sólo faltaba aprender a leer, renacentista, barro ca y neoclásica consiste en ejercici os de frecuencia a otros textos, pues su breve dad necesita, en siguiente línea, cuando el personaje toma su de cisión y
y enterarme de qué puede pen sar un muñequito dibujado. imitaci ón (nombre que recibía la hipertextuali dad en aque ocasiones, aprovechar la información que el lector posee estoy ahí para registrarla. Escribir un cuen to me jora mi
Así que cuando descubrí que ya leía y escri bía (del proce llas épocas). Todos los hombres han leído buscando las re para que reconozca el sentido del rela to. Este recur so re ánimo cuando un lector no lo entiende, no le gusta o de
so de aprendizaje nada recuerdo entre los palitos y las bolitas laciones entre la lectura presente y sus lecturas del pasado quiere, además, de un giro (a veces se expone al princi pio plano lo rechaza para publicarlo. Pero ésa es otra historia
y mi primer enunciado), escribí globos de diálogo y de pen (“Este libro se parece a tal otro”, “Qué poco original: este y otras al final) que es la apues ta de todo imita dor: que que no viene a cuento...
samiento sobre todas las cabezas de las ilustraciones de mis libro es idéntico a...”). el lector descubra el texto imitado, convencerlo de que la
libros. Por supuesto, alteraba un po co las expresiones para No es de extrañar que de ese modo haya escrito algunos situación lleva el mis mo sentido del original y, de pron Adriana Azucena imaginadora y mentirosa profesional, estudió letras Hispánicas para
que mis glosas tuvieran sentido y dibujaba en los márgenes cuentos. Y no me refiero a la influencia que otros autores to, sorprenderlo con la transformación. Ponga mos, por ejercer su identidad a gusto; continúa hablando de la imaginación en sus clases, porque allí
para que hubiera continuidad. Ahí comenzó mi obsesión han ejercido sobre mi escritura y otros aspec tos de mi vida, ejemplo, este relato: siempre se encuentra un poquito de verdad.
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