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ese texto (tampoco comprendía la vida), pero resultaba   Sé que algunas personas difícilmente creerán en mis   líneas,  espontáneamente  entendí  que  con  Farabeuf  he   ha sido acercarme a la obra fíl  mi ca y teórica del cineasta
                   fascinante, incomprensible e hipnotizan te y, por ello, se  a firmaciones, pienso en aquellas que detestan el texto de   ex perimentado el efecto del mensaje estético, del cual es­  ruso Sergei Eisenstein, pues Elizondo aplica en su obra
                   convirtió en una obsesión, un pensamien to recurrente, un  Elizondo, pero así es la literatura, el arte, la vida.   cribe Umberto Eco en La estructura ausente. De en tre las   la técnica del monta je creada por este cineasta. Asimismo,
                   enigma que tenía que resolver, pero del cual me desviaron                                                     varias características que enuncia Eco, vino a mi mente   en mi in tento por compren der ese texto he leí do Ma  nual
                   mis estudios y otros libros.                   ¿Qué digo?                                                     que el mensaje estético es auto­reflexi vo, es decir, llama la   de descom posición (Précis de décomposition, 1949) de Émile
                     Años  después,  cuando  estaba  por  terminar  la  li ­  Parece poco honesto afirmar que no sé qué decir sobre   atención sobre sí mismo, sobre su construcción y estruc­  Michel Cioran, poemas de Christina Rossetti y escritos de
                   cenciatura, leí A paixão segundo G. H. (La pasión se gún G.  un tex to, después de que he pasado varios años estudian­  tura. No miento si afirmo que to dos estos años me he   crítica y teoría literaria (algunos más apasio nan tes e ilumi­
                   H.), una novela escrita por la brasile ña Clarice Lispector.  do la obra, leyendo y escribiendo al respecto. Me explico:   preparado y me he dedicado jus tamente a desentrañar la   nadores que otros) y descubrí dos películas increíbles: Senso
                   No sé qué parte de esa nueva experiencia de lectura evocó  por ella he vivido enredada en los caminos empedrados   composición de ese texto. Esa concentración de esfuerzo   (1954), de Luchino Visconti, y El año pasado en Marienbad
                   en mí el texto de Elizondo. ¿Habrá sido el extrañamien­  y laberínticos de la investigación y he traducido esa ex­  y energía me ha converti do en una lectora más compe­  (L’année dernière à Marienbad, 1960), de Alain Resnais.
                   to que ambos textos me produjeron? La lectura de La  periencia en términos académicos: citas, notas al pie de   tente —eso creo, eso espero— y en una apasionada del    Al cuestionarme mi atracción por Farabeuf  y en el in­
                   pasión… fue como haber leído sin leer, es decir, reconocí  página, bibliografía, marcos teóricos, concep tos. Du rante   arte. No sólo me ha lle vado a otros textos literarios o a la   tento de explicarla también he aprendido mucho sobre mí,
                   las palabras, recordaba ciert os pasajes. Sin embargo, no  años he escuchado que la experiencia estéti ca sucede en   teoría literari a, tam bién me condujo a la pintura y al cine.   por ejemplo, que soy obstinada y que me gustan los retos.
                   sabía qué había leí  do, no entendía, no podía explicarla...  primera persona (yo) pero se relata en terce ra (ella, él, el
                   un estado similar al que me provocó Farabeuf. En algún  lector, el espectador, el público), yo misma he re petido   Lecciones                                ¿Romper el encantamiento?
                   momento pen sé que sería una buena idea comparar am­  esa  afirmación.  Sin  embargo,  al  contarlo  aquí  ad quiere   En mis lecturas de Farabeuf  he aprendido que una obra   Como a muchas niñas, a mí me gustaban los cuen tos de
                   bas obras co mo trabajo de tesis para titularme. Sí me titu ­  un nuevo significado: Farabeuf ha sido una ex periencia   ar tística tiene sus reglas propias e internas, esto es, que el   hadas: en muchos de ellos aparecía una bruja o he chicera
                   lé, pe ro no con ese proyecto. No obstante, como el texto  estética, emotiva e intelectual;  su re levancia dificulta mi   uso de la segunda persona del singular (tú) en la obra fun­  malvada  que  lanzaba  wwalgún  encantamiento  sobre  la
                   de Elizondo me embrujó, regresé a él para escri bir (in­  escritura.                                          ciona como un anzuelo que atrapa al lector (bueno, al que   protagonista, por envidia o por venganza; en otros, la pro­
                   cansablemente) sobre su composición.              En virtud de lo anterior, debo confesar mi adoración        acepta morderlo). Del mismo modo, descubrí que la re­  tagonista recibía el hechizo por haber obedeci do a su cu­
                                                                  por un texto tan complicado y tan sui géneris dentro de las    petición de situaciones, imágenes, oraciones y pa labras, es   riosidad o a su deseo, es decir, por no mantenerse dentro de
                   ¿Nos convertimos en lo que leemos?             letras mexicanas. Se distingue de otras novelas por su es­     decir, la forma en la que las palabras fue ron a comodadas   sus límites. Pienso sobre todo en el cuento “Las zapatillas
                   ¿En  qué  nos  convertimos  cuando  leemos?  ¿En  qué  nos  tructura circular; las oposiciones y conjuncio nes que pre­  ponen de manifiesto el tema de la nove la: re petir obsesiva­  rojas”: una niña desea con enorme intensi dad un par de za­
                   transformamos al terminar la lectu ra de un libro? Estas pre­  senta entre amor y dolor, muerte y vida, pla cer y tortura,   mente un instante al infinito.  patos rojos sin saber que, una vez que se los ponga, sus pies
                   guntas me las provoca la re lación tan estrecha que sostengo  hombre y mujer; la inclusión de imágenes (un dibujo, un   Otra lección consiste en haber experimenta do, durante   no pararán de bailar jamás. Ella perde rá el control sobre
                   con Farabeuf. Esas interrogantes pueden traducirse en   ideograma y una fotografía) como parte del texto y    mis sucesivas lecturas, que las palabras elegidas ex­  sí misma. La moraleja parece ser que nos cuidemos
                   la siguiente: ¿me he con vertido en una persona (lec­  la reiteración constante de palabras. Estoy conven­    ponen el tema de cualquier texto escri to, sea literario   de aquello que deseamos porque puede con vertirse en
                   tora) obsesiva por haber leí do ese texto o, porque lo   cida de que si el enganche, la atracción, el clic con   o no. Un ejemplo de ello consiste en la insistente   realidad y lo lamentaremos.
                   soy, me convertí en su lectora? Al gunas personas que   el texto de Salvador Elizondo no sucede duran te      aparición  de  palabras  que  provienen  del  campo    Quizá  sea  una  comparación  muy  disparata da,
                   me conocen podrían afir mar que mi tenacidad me     la primera lectura, no sucederá nunca. Farabeuf no        semántico de la fotografía, tales como “capturar”,   pero leer, investigar y escribir sobre Farabeuf es como
                   enganchó con esa obra, quizá, pero sería una respu es ta    da segundas oportunidades.                        “captar”, “congelar”, “detener”; con ellas no solamen­  estar condenada a bailar (leer) a perpetuidad. ¿Es un
                   demasiado simple, además de re duccionista. Farabeuf me                                                       te se alude a la acción que realiza una cámara fotográfica   pro pósito que me lleva a exceder mis límites y, por lo tanto,
                   transformó en una lecto ra ob sesiva, o agudizó ese rasgo;  A mí no me gusta                                  o una fotografía, sino también se intenta recrear el mis­  a padecer un hechizo? A veces me he sentido rebasa da por
                   contribuyó a desarrollar mi capacidad para disfrutar la lite­  Farabeuf no gusta: atrae, hipnotiza, seduce y tortura como   mo e fecto, esto es, las palabras capturan, captan, congelan,   el texto, he sentido que nunca lograré decir todo a quello
                   ratura y estudia rla. Fer vorosamente suscribo que la lectura  la luz a las fabelas.                          detienen.                                      que he pensado sobre él. Tengo la sensaci ón persistente de
                   nos transfigura.                                  Comprendo que no todos los lectores hagan clic con            En mi deseo de comprender mejor la obra que me tie­  que algo se me escapa, se escabulle ante mis ojos y huye de
                     Mis varias lecturas de Farabeuf me han enseña do a  ese texto. Sostengo que no es una obra que guste, porque   ne hipnotizada, decidí seguir los rastros y las huellas que   mis manos y sale corriendo por entre mis piernas. ¿Todo
                   leer con mucha atención. Cuando estoy a punto de pa­  el gusto no es un criterio válido para decidir si una obra   en ella encontraba. Así que indagué sobre la fotografía que   el trabajo realizado no me ayuda a salir de la hipnosis?, ¿no
                   ralizarme y perderme ante los detalles, por ejemplo, ante  artística posee, o no, importancia o valor.        aparece en el libro, lo cual me llevó a leer el ensayo Las   rompe el encantamiento?
                   la metáfora recurrente del insecto atravesado por un alfi­  Nunca he dicho que me guste Farabeuf. De hecho no   lágrimas de Eros (Les larmes d’Eros, 1961), de Georges Ba­  De  momento  no  puedo  contestar  esas  pregun  tas.
                   ler, recuerdo que pertenece a un contexto más grande, a  me gusta, lo que yo siento y he sentido por esa obra es   taille. También busqué y encon tré el libro de donde pro­  Cono ceré la respuesta, quizá, en el momento en que a cabe
                   una obra, y que está en relación con ella. En mi o pinión,  demasiado grande para ser definido por el ver bo “gus­  viene el dibujo que ilustra una am putación que aparece en   mi tesis de maestría, eso supongo. He imagina  do que des­
                   esa metáfora no es gratuita, porque Sal va dor Elizondo  tar”. Por ejemplo, a mí me gusta beber café, ver te levisión,   la obra, se trata de Précis de manuel operatoire (1889), un   pués de terminarla no querré saber nada más de Fara beuf.
                   escribió con extremo cuidado ese texto. Farabeuf es la in­  comprar ropa, comer queso y chocolates, es de cir, me gus­  manual de operación, escrito por el médico francés Louis   ¿Eso basta para romper el hechizo? Sé que puede parecer
                   cesante narración fragmentari a de tres in stantes en tres  tan los placeres sencillos y más o menos a ccesibles, inclu­  Hubert Farabeuf (y no es broma la coincidencia entre el   interminable un trabajo que implica leer e interpretar un
                   diferentes espacios: una plazoleta en Pekín, un departa­  so, puedo decir que son placeres có modos. Si digo que   apellido del mé dico y el título de la novela). Se trata de un   texto literario, porque ofrece múlti ples op ciones de lectura
                   mento en París y la orilla del mar; en cada uno de ellos  algo me gusta, pienso en algo con fortable, que me deja tal   texto de cirugía en el que se describen los procedimientos   e investigación. En ese sentido, leer es como vivir, y vice­
                   se desarrolló un evento (con la duración de un instante)  y como soy, que no me cu estiona, ni me reta.       para realizar ligaduras de arterias y amputaciones.  versa por supuesto.
                   que se desea repetir. Además de su cualidad reiterativa, la   Yo  adoro  Farabeuf:  me  tiene  hipnotizada.  Desde  la    Otros rastros y huellas me condujeron al cuadro Amor
                   obra de Elizondo se distin gue porque incorpora, como un  pri mera vez que la leí penetró mis pensamientos como   sagrado y amor profano de Tiziano, porque es mencionado   Martha  Patricia  tiene varias obsesiones como el café, las bolsas, el tiempo y las puntas
                   elemento más del texto, la perturbadora fotografía de un  la cuchilla en la carne. Algo en el mundo, del mundo,   y descrito varias veces en el texto. Otro de los derroteros   extrafinas de los lápices y las plumas con las que escribe. Posee varias ediciones de Fara-
                   hombre torturado.                              me  remite  si empre  a  esa  obra.  Mientras  escribía  estas                                                beuf, con excepción de la primera.
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