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Experiencia ajena                              Experiencia por obligación
                                                                                                                                                  Más atractiva que la conversación misma…          No escribo lo que quiero y cuando quiero:
                                                                                                                                                                 José María Álvarez
       Las experiencias de lo                                                                                                    Un caso parecido, que tiene que ver con las experiencias   cómo se trabaja en algunos cursos de Creaci ón Litera­
                                                                                                                                                                                                      sí lo que quieres tú, y cuando quieres.
                                                                                                                                                                                                                   Enrique Badosa
                                                                                                                                 de otros, me pasó en el centro de Coyacán, donde conocí  Ya he dado una idea vaga en el inicio de este texto de
                                                                                                                                 a Yolanda, una chica hippie que me contó acer ca de sus ex­
       no escrito                                                                                                                periencias con las drogas psicodélicas y de su erotismo más  ria, y de ellos puedo decir también que a veces tenemos
                                                                                                                                 extremo (como hacer el amor en una iglesia de Uruguay).  que escribir por obligación. En mi caso y en el de mis
                                                                                                                                 Ella se enteró de que era estudian te de Creación Literaria  compañeros, escribimos sin satisfacción cuan do vemos la
                                                                                                                                 porque me vio escribiendo en un cuaderno que trato de lle­
                                                                                                                                                                                experiencia de escritura como un trabajo y no como un
                                                                                                                                 var siempre conmigo; enton ces me preguntó qué escribía y  placer. A este tipo de escritura impues ta me atrevería a
                                                                                                                                 así comenzó a contar me de sus viajes por Sudamérica. Me  llamarla “falsa”, porque al realizar la po demos sentir que
                                                                                                                                 hizo prometerle que escribiría algún poema sobre ella y sus  nos engañamos a nosotros mismos, e incluso los lectores
                                                                                                                                 vivencias; pero le pro metí en vano, porque no he escrito  pueden percibir ese engaño, esa ex periencia forzada que
                                                                                                                                 nada al respec to y hoy es la primera vez que hablo de ello,  transmite el que escribe. En la ca rrera básicamente tene­
                                                                                                                                 en este texto. Escribir sobre las experiencias de otros, sin  mos que leer y escribir, como en cualquier otra; pero el
                                                                                                                                 sentir el deseo de hacerlo, es como caminar por el desier to  peso que tenemos enci ma es que no siempre podemos es­
                                                                                                                                 sin sentir la a rena caliente en las plantas de los pies, o edifi­  cribir libremente, sino que es tamos sujetos a los formatos
                                                                                                                                 car una pirámide en un reino que no nos corresponde. Esto  de certificación, que muchas veces son muy específicos
                                                                                                                                 me ha llevado a pensar que no so tros no elegimos los te mas  en cuanto a formas y temas. Estamos ante un hecho un
       Iniciarse en el arte de la escritura                                                                                      para escribir, sino más bien los temas nos eligen a nosotros  tanto indignante, porque tenemos que amoldarnos a lo
       no es sencillo para nadie, en este texto                                                                                  y nos embriagan hasta que externemos unas lí neas sobre  académico y cum plir con los requisitos. En este sentido,
       un escritor nóvel nos habla sobre la                                                                                      una hoja de pa pel. Los viajes de Yolanda la ti enen poseída  la escritura se vuelve tediosa; por eso a veces abandona­
                                                                                                                                 y no la deja rán descansar hasta que se siente a escribir por  mos los cur sos y buscamos otro tipo de asignaturas que
       imposibilidad de escribir experiencias                                                                                    ella misma, ya sea un diario u otro tipo de texto en el que  sean más con scientes de esta traba para los alumnos. Y
       ajenas por solicitud o exigencias                                                                                         plas me sus propias experiencias.              creo que todos deberíamos coincidir en pensar la escri­
       externas al propio camino creador.                                                                                                                                       tura como un modo de libertad, un modo de traspasar la

                                                                                                                                 Experiencia íntima                             fronte ra de lo establecido en diversos ámbitos, como los
                   Por Francisco Trejo                                                                                                                     Me saqué los ojos, como Edipo.  socia les y los literarios.
                                                                                                                                                              Y los hijos de la chingada
                                     El arte consiste precisamente en no escribir   do de imitar el estilo de ese escritor; o escribir un texto en             esperan que sea cierto…  Experiencia perdida
                                               lo que se tiene que escribir,  nuestro propio esti lo basándonos en uno de los temas que                           José Vicente Anaya                                  ¿Recordarte
                                         sino algo completamente imprevisto.  frecuentemen te abordó dicho autor. El he cho de desco­                                                              cuando me dejaste tan mal sabor de alma?
                                                   Witold Gombrowicz  nocer algú n tema puede ser agobiante en el momento de     Aunque  la  idea  de  hacer  un  diario  puede  resul  tar  ma­              Enrique González Rojo
                                                                  inten  tar es cribir. Una vez, en un taller de poesía mexicana,   ravillosa para algunas personas, puede ser un im pedimento
                   ¿         uántas veces hemos hablado acerca de qué  a los in  tegrantes del grupo se nos pidi ó que escribiéramos   para que otras personas escriban, y esto puede deberse a  Un estudiante de Creación Literaria, al igual que los es­
                             escribimos  y  del  por  qué  escribimos?  En  un texto relacionado con el tema de la ceiba, sobre el que
                                                                                                                                 que  no  todos  estamos  dispuestos  a  re velar  experiencias  critores, no puede prescindir de dos elemen tos básicos: el
                      Cmúltiples  ocasiones.  Pero,  ¿cuándo  habla­  es cribió Carlos Pellicer. Soy una per sona que no conoce   demasiado  íntimas.  En  mi  caso,  la  in tención  de  realizar  cuaderno y el bolígrafo (más allá de los objetos tecnológi­
                   mos acerca de las cosas que no escribimos y de las razones  los ambientes tropicales y, al no tener esta experien cia, me   un diario ha cesado gracias a la e xistencia de otros géne­  cos que existen hoy en día). La mayoría de las veces salgo
                   por las que no escribimos? Rara vez. Aquí quiero hablar  sentí impotente para desarrollar el e jercicio. Durante el   ros como el cuento y la poesía, en los que puedo externar  de mi casa con este par de instrumentos, pero he llegado a
                   sobre esas experiencias que a veces nos llevan a dejar tex­  transcurso del taller, aquél día, el ti empo pasó mientras yo   parte de mis experiencias de una forma menos transpa­  olvidar los, y cuando esto ocurre no sé por qué razón llegan
                   tos en el aire.                                sólo contemplaba la página en blanco de mi cuaderno. Al        rente. Para decirlo en otros términos: a veces el pudor nos  a mi mente muchas ideas, revelaciones que se presentan
                                                                  salir del salón me senté en una escalera de la universidad     impide escri  bir. En América Latina eso es evidente: por  para iluminar la noche de mi sombra como un rayo de luz
                   Experiencia desconocida                        y considerando que la ciu dad ha sido nombrada muchas          cada diari o literario que se escribe en el subcontinente, en  que entra por la grieta de una pared. Es una experienci a
                                           Queriendo luchar con la pluma…  veces como una selva de con creto, escribí unos versos acerca   Europa se escriben decenas. No obstante, como dije an tes,  extraña el hecho de no tener a la mano una hoja de papel y
                                                     Gonzalo Millán  de las arboledas de neón y de los ríos de alquitrán que estoy   existen otro tipo de personas que pueden hablar de sus ex­  un bolígrafo en el momento más requeri do porque, además
                                                                  acostumbra do a ver. También escribí sobre la fauna de         periencias íntimas sin ninguna preocupación y, des de lue­  de sentir éxtasis durante la creación de una idea, se siente
                   Algunas veces se nos pide escribir sobre temas que desco­  este ecosiste ma artificial: los perros callejeros y los gatos   go, tienen sus razones y la necesidad de hacer lo. Entonces  una enorme frustración al saber que tal pensamiento va a
                   nocemos o que no nos interesan en absolu to. En un taller  ha bitantes de las marquesinas, las ratas gigantes de los   podemos decir que los textos cuya forma exige la revela­  perderse para siempre, aunque más tar de tratemos de cavar
                   literario, por ejemplo, cuando leemos a un autor, nos su­  ba sureros y las cucarachas que han rebasado el número de   ción de nuestras vivencias de una mane ra directa, pueden,  el suelo de nuestra memori a para desenterrarlo y traerlo
                   gieren ejercicios que consisten en escribir un texto tratan­  habitantes de la urbe.                          a veces, también ser un obstáculo que silencia la escritura.   de vuelta a la superfici e. Dejar ir un pensamiento de este
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