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Inyecciones ideas, sin la posibilidad de seguir escribiéndo lo. Si la crisis se un ágrafo, un ser sin letras en las venas, un escritor al
literaria o la falta de imaginación lo saturaran todo, nos que le da asco la literatura, como lo plante a Robert Musil.
volveríamos seres que rondan por la ciudad sin esperanza. No obstante, también es cierto que se puede optar por la
Sólo pensarlo le puede poner la piel de gallina a cual
solución más radical, no sólo no saber más de letras, cer
quiera: la mente divagan do sin rumbo, la totalidad de la cenando la literatu ra de nuestra mente, sino abandonando
literarias existencia quedándose en blanco… ¡quién sabe cuál sería la vida misma. Es la solución que eligió Pavese al darse un
el caos que desata ría el no saber qué hacer, cómo nombrar tiro luego de declararse venci do por el poder de las palabras
las cosas, qué decir fuera de la normalidad!
o por la falta de ellas.
Para algunos, el quedarse sin ideas también ha con
De vez en cuando, este síndrome de no te ner nada
en mente me ha atacado, me ha querido de jar vacío. En sistido en un lapsus de desesperación o frustraci ón acu
ciertas ocasiones logro vacunarme salien do a la calle: ob mulada. El escritor argentino Héctor Tizón narra la
¿Alguna vez has padecido frente a la página servo a la gente mientras camina y ano to qué de ellos me impotencia de seguir escribiendo luego de sa lir exiliado
en blanco? ¿Sabes lo que es el bloqueo de resulta llamativo o ridículo para poder hacer alguna his por la dictadura. Según Tizón, su silencio fue el resultado
escritor? Aquí puedes encontrar fórmulas toria. También me salvo practican do otro método íntimo: de haber perdido la conexión con las palabras, en la medida
para evitarlo. la lectura (recorrer pági nas antiguas para inventar nuevas en que éstas se hallan arraigadas a un lugar específico. Su
formas de caminarlas). En cualquier caso, estoy conven prime ra novela luego del exilio fue para él “la elaboración
Por Eduardo Rivera cido de que el po der de las ideas y de las palabras debe ser del duelo”. Sólo aceptando la pérdida (del país, de la pro pia
mayor al temor de perderlas. voz, de quien había sido), pudo escapar del silencio.
Todo esto da asco. sías. El poder de crear se ve trun ca do porque la existen Para Octavio Paz las palabras son insepara bles del La frustración también tiene otros motivos, un ejem
Sin palabras. Un gesto. cia no sólo es literaria. hombre ya que son las aliadas sin las cuales se queda solo plo de esto sería la impacien ci a. Cuando uno siente gran
No escribiré más. Ante tales circunstancias, el miedo arreci a y las i deas co y sin sentido: necesidad de relatar, de contar, de narrar cier tas experien
Cesare Pavese mienzan a huir, se albergan en un lugar oscu ro y recóndito cias vitales, de reflejar mun dos, aunque a veces cueste tra
del cerebro. A veces pienso que pu e de ser mi culpa por no La palabra es el hombre mismo. Estamos hechos de pala bajo hacerlo, nos vemos orillados a querer contarlo todo
¿ uál es uno de los mayores miedos de un crea dejarlas fluir en ese río de pa la bras que es la literatura. En bras. Ellas son nuestra única realidad o, al menos, el único de un solo golpe. En tonces emprende mos una carrera
dor? El mutismo, la ausencia de inspiraci
testimonio de nuestra realidad. No hay pensamiento sin escritural que nos deja sin aliento, escribi mos de forma
otras ocasiones se trata de algo más mundano: por descuido
Cón. Ya sea artista, escri tor o cualquier otro no llevo conmigo los in strumentos necesarios para atra lenguaje, ni tampoco objeto de conocimiento: lo primero inconclusa al ser presa de dos temores: no transmitir la
ofici o del pensar creativo, el te mor pro viene acaso de no parlas (una pluma y un pedazo de papel, aunque sea una que hace el hombre, frente a una realidad desconocida, es experiencia en su totalidad y no provo car la emoción
en contrar un ángel, una musa o, como lo llama García servilleta). nombrarla, bautizarla. adecuada en el lector; que así se vuelve nuestro segun do
Lorca, “el duende”: esa entidad mági ca que propicia la Ante tales tropiezos ocasionales, intento diver sas téc verdugo.
i maginación y la voluntad estética. nicas que he leído de algunos escritores para evitar la No obstante, también es cierto que las palabras impli La impaciencia es peligro que a toda costa el escritor
Ésa es la incertidumbre que nos deja el oficio de re fuga de ideas. Una es la de Bukowski: ponerse borra cho can un peligro. La literatura puede volver se enfermedad. debe evitar. Al reflexionar sobre el arte literario, Joseph
flexionar por escrito. Uno de los mayores temo res que mi entras los pensamientos salen por los dedos; así como En Bartlebly y compañía, Enrique VilaMatas rastrea la Joubert solía decir: “para escri bir bien es necesario tiempo
cohabitan en mi persona es el de quedarme sin i deas. aquel personaje de uno de sus poemas que sangra ba al historia de diversos auto res que se quedaron sin habla y disposición”. Según su poética, saber esperar constituye
Quedarme con la mente en blanco y no saber qué hacer tocar las teclas de un piano, así es como hay que gol petear o que de diversos mo dos renunciaron a su oficio: Rulfo, una virtud. Quizá por ello recomendaba a los escritores el
cuando tengo una hoja virgen frente a mí. La mayoría de las teclas de la vieja máquina de escribir que, en su caso, Rimbaud, Salinger… Como si la literatura, el contacto arte del rodeo: “Antes de emplear una palabra hermo sa, ha
las veces siempre hay algo sobre lo cual crear. Entonces se corrió con suerte al no ser vendida por una bo tella de profundo con las palabras, los hubiese llevado al sinsen zle un sitio”, decía. Por el contrario, cuando el escritor no
hace viable sacar a ese personaje es con dido detrás de la whisky esquinero. O como le hace Stephe n King que tido. El pro pio VilaMatas cae en ese abismo del blo logra ese estoicismo de la paciencia, suele caer en el típico
pluma o del tintinear del cursor de la máquina; se vuelve escucha heavy-metal mientras atrapa i de as en su habita queo luego de escribir tan memorable libro, como si se silencio escritural. José Emi lio Pacheco narra lo que le ocu
posible sacarlo para que ac túe bajo nuestra tutela; si se ción, completamente dedicado a crear; así, las tonadas de hubie se contagiado de una enfermedad, la representada rrió a Juan José Arreo la cuando intentaba escribir su mag
resiste a hacer lo, no queda sino obligarlo, aunque algunas la música impiden que las sensacio nes es capen, mientras por Bartle bly, el personaje de Melville, que inaugura ese nífico Bestiario. Su problema no fue no poder escribir, no
veces él mis mo pide cómo quiere actuar y nacer dentro prosigue la escritura de cualquie ra de sus novelas de te es tigma del no: esa voluntad de preferir la negaci ón en saber qué decir. Todo lo contrario: ya había escrito el libro
de su historia. rror. Sigo su estrategia y el te mor se aleja mientras en lugar de la vida. Para salir de ese abismo el escri tor ca talán en tero en la mente. Su problema fue querer decirlo todo
El temor sobreviene cuando la mente divaga, se deja ciendo la radio; pongo un poco de buena música en los inventa otro padecimiento: El mal de Montano. En ese de un jalón y no poder sentarse a escribir para lo grarlo.
lle var por sus emociones y no ocurre nada interesan audífonos y todo comienza a flu ir, las ideas son fabricadas libro narra la historia de un crítico literario que no puede Muchos son los motivos e hipótesis que po demos enunciar
te a la hora de escribir. Hojas repletas, pero vacías. Ese al ritmo de las canciones de hardcore que recorren los ca vivir sino a través de textos y citas libres cas. Se trata del acerca del writer’s block, nos dice Pacheco:
ho rror cabalga en mi mente y no se va hasta lograr su bles o de un poco de buen surf. No siempre tal estrategia síndrome opuesto. ¿Será cierto que el estar enfermo de
cometi do que es el de llevarme hacia la derro ta, a pagar funciona y en tonces hay que buscar otros medios para literatura, el no poder vivir sino a través de libros, puede […] todas son plausibles y ninguna satisfactoria: temor al
la máquina y de jar todo inconcluso. Existe un pesar que atrapar al duende lorquiano. ser justo la medicina para curar nues tro malestar de ágra- rechazo, deseo de perfección, ansiedad de no estar a la al
se vuelve alia do de ese temor: la interrupci ón for tuita Después de todo, el temor debe ser derrota do de una fos? Para VilaMatas, las palabras son al mismo tiempo la tura de lo que se hizo antes, autocasti go al privarnos de la
de la escritura debi do a la aparición del mun do real (al u otra forma, puesto que éste no puede ha bitar, de manera enfermedad y la cura. actividad que más satisfactoria nos re sulta… La hipótesis
guien toca a la puerta o el teléfono sue na y es necesario permanente, la mente del crea dor; sería funesto. Se pueden inventar diversas inyeccio nes literarias para no tiene fin.
atenderlo). Lo inespera do no siempre pro ve e de fanta No podría visualizar un mundo sin imaginación ni dejar atrás el mal de quedarse sin nada en mente, de creer
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