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EL SEGUNDO De pronto Raquel se avalanzó hacia las manos de Pedro taba de ellos dos, de su relación, de cómo se conocieron. La
Al salir de la carpa, se miraron fijamente, pensativos. días pasaban y él escuchaba atento las historias que le con
intentando quitarle el sobre, pero él alcanzó a alejar lo, mirada de Pedro era de total desconcierto.
aUtObúS dio media vuelta y se echó a correr. Se rieron hasta lle hospital y ponerse el abrigo, cayó el sobre. Cuando se aga
Dos semanas después lo dieron de alta y al salir del
gar a casa, Raquel siempre luchando por quitar le el so
bre, Pedro, evitándolo. Aun estando en cama, el suceso les chó para levantarlo, Raquel le contó:
pareció divertido y el sobre terminó sobre el buró de él,
—Hace quince días fuimos a una feria, nos di vertimos
cerca de Raquel pero lejos de sus manos. Entre juegos, se mucho. Una vidente te dio este sobre ¿lo recuerdas? Has
de saber que cada año vamos. El próximo será mucho
quedaron dormidos.
Pedro abrió los ojos cuando sonó el despertador, se mejor que éste, ya lo verás.
le vantó y comenzó a prepararse para regresar al rit mo se Pedro, en su intento por recordar algo, sacó el papel del
manal del trabajo. Después de una cálida ducha y listo sobre y leyó las siguientes líneas: “Existen distintas formas
para salir de casa, le dio un beso de buenos días a Raquel para mostrar la ve racidad de mis prácticas y el dominio
y ella respondió con una sonrisa, se acomo dó boca arriba de los sueños en aquellos que no creen es mi especialidad.
y le dijo: Así te muestro la realidad de mis creencias. No te preocu
—¿Tomarás el sobre, lo leerás? Anda, diviértete. Vea pes, joven: los sueños, sueños son. No ha pasado nada.”
mos qué dice. El sonido del despertador hizo que Pedro abrie ra los
¿Sabes lo que es el —Ahm, creo que como parte de la diversión te de ojos. Estaba exaltado, demasiado agitado. Raquel, con aquel
suspenso? He aquí un relato jaré en suspenso, lo leeré abajo —le respondió mientras sobresalto, también se inquietó y, tras caricias y abrazos, tra
en cuya intriga se cifran guardaba el sobre en su abrigo y cerraba la puerta de la tó de calmarlo.
azar, decisión y destino. habitación. —No te preocupes, amor —le dijo Pedro— fue sólo
Cuando llegó a la sala, abrió el sobre y comen zó a leer, un mal sueño, una larga pesadilla. Se pasará si me doy un
su rostro se tornó serio. La nota termina ba con una pre buen baño.
Por Idamis Rosado gunta que en su mente comenzó a dar vu eltas: “¿Tomarás Abrazó a Raquel y la besó con gran alivi o. Cu ando se
el primer autobús?” Después soltó una carcajada nerviosa sentó a la orilla de la cama, vio el sobre en el buró, justo
omo todos los años, Pedro y Raquel se pre ria: una señora gorda, morena, siempre vestida de rojo, y sin más, volvió a guardar el papel en el sobre, el sobre donde lo había dejado antes de dor mir. No quiso espe rar
pararon para ir a la feria del barrio; para ellos con largos faldones y muchos collares y pulse ras, nada en su abrigo; abrió la puer ta prin cipal y salió de la casa. más para saber lo que aquella mu jer ha bía escrito y le pidió
Cera todo un ritual. A la feria iba gente de ba que no representara el vestir de una adivina. Tení a Estando ya en la parada del autobús, vio que el trans a Raquel que abriera el sobre y lo leyera. Por supuesto, ella
rrios vecinos y de algunos lejanos, la mayoría en grupos fama, pero la había adquirido más por ser una mujer porte público se acercaba y la gente le hacía la pa rada. aún creía que ese suceso con la vidente no significaba nada,
de amigos, pero ellos siempre iban solos y su diversión a gradable, servicial, simpática, con una mirada que a Cuando se detuvo frente a él, observó cómo la gente lo se guían siendo pa trañas, cosas sin sentido. Sin embar go, los
podía extenderse hasta altas horas de la noche. Primero todos infundía tranquilidad, que de sus consul tas y pre abordaba y en la puerta se quedó pensati vo, in móvil, in ojos y la mi ra da de Pedro reflejaban miedo, temor. Así que
llegaban a cenar. Comían de todo: quesadi llas, pozole, moniciones, de las que nadie hablaba. Ella, sin embar deciso. El chofer del autobús le dijo un tanto de sesperado: se re incorporó en la cama y leyó en voz alta: “Después del
elotes, tamales, buñuelos… Cada uno pedí a cosas di go, sos tenía que lo que sabía lo había aprendido de sus —¿Va a subir o qué, amigo? sueño de esta noche... ¿Tomarás el pri mer autobús?”
ferentes y después las compartirían. Era una ver dadera an tepasados y que eran prácticas reales que se habían —Oh, sí, lo siento —respondió, y tras otro segundo de Pedro nunca había sido supersticioso, pero en ese mo
fiesta culinaria. Después, caminaban por mucho, mucho conservado a través de largas generaciones. indecisión, subió los escalones, pagó y tomó un asiento. mento la duda germinó. No podía dejar de pensar en el
rato para aligerar la comida, porque lo si guiente eran los Cuando estuvieron dentro, la anciana les dio la Cuando Pedro volvió a abrir los ojos, se encon tró en sueño. Mientras se duchaba recordaba cada una de las es
juegos mecánicos. La locura total: Raquel no dejaba es bienvenida sin voltear a verlos siquiera, pero con una habitación de hospital alumbrada con una tenu e luz cenas. Cuando estaba listo para irse se acercó a Raquel y,
capar ni uno solo y Pedro podía pasar mo mentos exorbi un tono lleno de amabilidad. Los invitó a sentar que no le permitía distinguir los detalles. No habí a na die después de darle un beso de buenos días al que ella res
tantes al lado de su compañera. Se de leitaba mirándola se y cuando levantó la vista sus ojos se encontraron ahí y el cuerpo le dolía tanto que apenas podí a mo verse. pondió con un abrazo y una sonrisa, salió de la casa para
sonreír por toda la feria, escuchar la decir cualquier boba con los de Raquel. Le dirigió una amigable sonrisa y Deseó irse, sólo que no recordaba dónde vivía y tampoco di rigirse al trabajo. De pie en la parada del autobús, vio que
da que se le ocurría. Se divertían mucho. luego su mirada se posó en Pedro. Tras segundos de cómo había llegado a ese lugar. Tenía frío. Ja ló las sábanas el primer transporte se acercaba e hizo la parada. Se que dó
Una de las zonas favoritas de Raquel era la de silencio, ella les dijo: para cubrirse hasta la cabeza y para tra tar de esconderse frente a la puerta, pensativo inmóvil, indeciso. El cho fer del
juegos de destreza y extrañezas. Siempre convencía a —No tiene sentido realizar en este momento una del desconcierto que lo acosaba. Vol vió a cerrar los ojos. autobús lo miró un tanto desesperado.
Pedro de jugar a las canicas, a los dardos o aros; de práctica, ninguno de los dos cree en esto. Pero a ti, Lentamente la luz del día comenzó a iluminar el cuarto —¿Va a subir o qué, amigo?
entrar en la casa de los espejos, de visitar a los seres joven, te mostraré algo que te haga dudar. y a dar un poco de calor. Escuchó cuando algui en entró en —Oh, sí, lo siento —respondió, y tras otro se gundo de
extraordinari os. Cuando estuvieron frente a la carpa de Pedro se encogió de hombros y volteó a ver a Ra la habitación, pero sólo hasta que se decidió a mirar pudo indecisión, subió los escalones, pagó y tomó un asiento.
la mujer vidente, por primera vez ella le rogó que entra quel, sonriendo. La anciana tomó una pequeña hoja de comprobar que alguien estaba ahí. Era una mujer delgada,
ran. Para ambos eran patrañas y ya en años anteriores papel y escribió unas líneas, la dobló y la metió en un de cabellos rojos y rizados, de ojos gran des y boca pequeña.
habían pasado de largo sin darle importancia. Sólo que so bre. Cuando se lo dio a él, se limitó a pedirle que lo Ella le sonrió y acarició su frente pero cuando le preguntó
en esta ocasión Raquel se emocionó tanto, que conven le yera hasta el siguiente día en la mañana, antes de salir cómo se sentía, Pedro no pu do contestar. En realidad él no Idamis es adicta a estar en su casa, a disfrutar de su espacio en silencio, aunque a veces
ció a Pedro de entrar. de casa, o no tendría sentido. Cuando se despidieron, la dijo nada porque no tenía nada qué decir. No reconocía a le da por cantar. Creía que la narrativa era un mundo por conquistar, pero en la carrera de
La mujer vidente era la más anciana de toda la fe mu jer les respondió con una mirada llena de sonrisas. la mujer que tenía en frente y que lo trataba con cariño. Los Creación literaria se descubrió conquistada por ella.
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