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Dos poemas
rio. La experiencia se arremolina como un torbellino que te en cucaracha, topo o hechicera, el que devieneinvasión
arrastra los ánimos hacia los lugares más insospechados extraterrestre, proceso burocrático, misterio inexorable o
—la calma, la desdicha, la miseria, o la más santa de las mariposas amarillas. Ese escritor es el que fluye y ayuda
felicidades, da igual— como un toro que embiste a un ser a fluir. La salud como literatura, como escritura —insiste
Por Juventino Gutiérrez
humano indefenso. Escribir para afrontar la experiencia. Deleuze— consiste en inventar un pueblo que falta.
Escribir para matar al toro, ¿por qué no? Escribir para La literatura sólo empieza cuando nace en nuestro in
torear, devenirtorero en la escritura, mejor aún, devenir terior una tercera persona que nos desposee del poder de
bestia, toro, devenirespectáculo de riesgos mortales. decir Yo —sigue Deleuze—. ¿Y cómo no estar de acuerdo?
La escritura es un proceso —afirma Deleuze—, un En la escritura, como en la vida, tenemos que desposeer
paso de vida que atraviesa lo vivible y lo vivido. Escribien nos del poder de decir Yo, de sus impertinencias y de sus Mis abanicos te escriben
do se pone en marcha el devenir, se eslabona, se promueve. necedades, de sus más grandes desvaríos como la posesión. A Rosario Guzmán Guzmán
Escribiendo sangran las heridas purulentas hasta recobrar Aun cuando la gramática nos lo impida, aun cuando la
la salud. Un texto traza líneas de fuga entre vivencia y costumbre nos obligue a decirlo, a pensarlo, a vivirlo —a
vivencia, entre texto y texto, entre vivencia y texto; abre ese maldito yo, como le decía Cioran—. Exsistir es estar Bajo este cielo de blancas alfombras
la experiencia, la disecciona sin matarla. Escribiendo se puesto fuera. Vivir es vivir lo otro —los otros todos que abro mis abanicos para observarte;
sale de sí, aunque no se quiera, se devienepueblo, ma nosotros somos— decía Paz. Vivir es noserunomismo, y sus tintas invisibles
torral, animal enfermo, guerra, ley, pasión incontrolable, aunque duela, aunque no se comprenda. Vivir es manía, vuelan sobre las anchas hojas de tu risa,
se devienelujuria, perversión, amor, se devieneconflicto, entusiasmo, posesión: un noestarenunomismo. Vivir se enredan en el bosque de tu cabeza,
escena de violencia, intensidad, fuerza, hasta –como dice es embriaguez, no sólo de vino, sino de poesía o de virtud se trepan a tus elevadas flores,
Deleuze– devenir imperceptible. —como exigía Baudelaire—, pero también de pasión, de esparcen signos en tus delgadas ramas,
La enfermedad no es un proceso, sino detención del dolor, de alegría, de nostalgia, de extrañeza, de impulso naufragan en tu oscura isla
proceso —sigue Deleuze—. Y es que con frecuencia nos vital por encontrar salidas: de escritura. y su escritura coquetea con tu cuerpo
atoramos, nos perdemos en las neurosis del mundo, en Y es que la experiencia nunca es suficiente. En la re que se escabulle en el arbusto de mi memoria.
sus ilusiones perniciosas, en sus callejones sin salida y en flexión sobre ella —ese viejo vicio nuestro— se iluminan
sus trampas mortales. Con frecuencia nos vemos atrapa sombras, contrastes, porvenires y anhelos, carencias y des
dos en algo que sólo es bajo la condición de su no-ser; tellos de luz que nos obligan a reconstruirla, a repensarla,
nos rompemos la crisma en su superficie sin reparar en a recrearla, a revivirla. ¿Qué es lo que se ha vivido ahí? —
sus profundidades; y entonces deliramos en las ruinas, in pregunta Nietzsche—. ¿Qué es lo que se quiere vivir ahí?
tentando rescatar lo que ha quedado atrás, sin ver la luz Preguntas ineludibles, temblorosas, que nos ponen frente Asombro
ni la alegría posibles que se tejen en sus trazos amorfos. a nosotros mismos y nuestras incapacidades discursivas y A Rosario Guzmán Guzmán
Para salir es necesario seguir intentando, tomar el mundo vivenciales. Sin el delirio y la sabiduría que la embriaguez
y voltearlo de cabeza, experimentar, construir agencia promueve, las respuestas navegan en la aridez, en lo eviden- En tus ojos descubro el arco iris
mientos, dispositivos deseantes que nos arraiguen mejor te, en la superficie, rayan en la coherencia. el pequeño almacén de colores
a la vida, lejos de eso, pero a partir de eso. Romper con la Innumerables son los intentos filosóficos y literarios el collar que regala la lluvia al cielo
vida, para abrazarla mejor. Kafka conoce a Felice y sólo por aprehender eso que solemos llamar vida, vivencia o el amante que la noche apetece.
puede hacerla suya en la escritura, ahí la construye, ahí la existencia. Pese a tales esfuerzos, y pese a que en cada línea Es necesario mirarte
compromete, ahí la vive. La literatura se presenta enton se construya el ser, siempre hay algo que se queda por decir. y con encendido asombro
ces como una iniciativa de salud —sentencia Deleuze—. Sin embargo, se persiste furibundo. Desde antiguo —de ver que tus ojos
La escritura, no como cura, no como remedio, sino la mano de Platón— la creación poética y literaria ha sido no son verdes
como agente, como potencia, como detonante de los trazos asociada a ciertas formas de locura, se le ha negado su per no son azules
de una vida posible, como elemento paroxístico que abra tenencia al ámbito del saber y, además, la escritura se ha no son grises
za las imposibilidades y las acaricia para extraer de ellas el puesto en tela de juicio como parte de los ejercicios para no son miel;
llanto, la inmundicia y la luminosidad. Catarsis poética. La alcanzar el conocimiento verdadero. Si esto es así, ¿por qué no.
escritura como elemento de lo inconmensurable: la vida. insistir en la escritura como forma de vida? Por todo lo Tus ojos tienen el color de un secreto olvidado.
La escritura como recuerdo futuro, como recuento, como que ya se ha dicho. Porque la vida es una mierda, una dulce
repaso de lo que está en el porvenir. El escritor emerge así mierda que comer y, más encima, una mierda embriaga
como médico de sí mismo y del mundo —sugiere Deleuze—. dora. Porque escribir es también un alimento, un alimento
El escritor que lee, que llora, que padece la detención de los maldito que nos ayuda a defecar.
procesos y que con su pluma busca reventarla, hacerla fluir;
el escritor que tiene los tímpanos perforados, las plantas
de los pies ulceradas y las ilusiones perdidas; ese escritor, el en estos días, Bily intenta escribir, y vivir, buscando una prudencia perdida que la experien- Juventino, después de leer todas las aventuras de sherlock Holmes,
escritor que corre, que vuela, que nada, el que se convier cia le arrebató placenteramente. quedó convencido de que la justicia no es ciega, sino ficcional.
6 Palabrijes 07 otoño 2011 Palabrijes 07 otoño 2011 7

