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Una reflexión nostálgica sobre cómo la saturación de las imágenes
puede desgastar hasta el más candente de los deseos.
Por Bily López
llanta—, o bien con algún objeto de uso común—una
mesa, una máscara, un jardín, o un espejo que no deja
El sorprendente crecimiento de nuestros medios asomar la miseria—. Por otra parte, la pornografía es
y la adaptabilidad y precisión que han alcanzado sólo una parte de lo porno, y se refiere a los objetos que
nos aseguran para un futuro próximo culturalmente hemos privilegiado para promover la ex-
profundas transformaciones en la antigua industria de lo bello. periencia porno, es decir, los desnudos y el acto sexual,
Paul Valéry ya sea visual (fotos, películas, grabados o pinturas) o
literariamente (cuentos, novelas, poemas, etc.).
l porno es una cosa seria, muy seria. Más allá de Sin embargo, pese a que lo porno no depende, stricto
la moral, del buen gusto, e incluso más allá de sensu, de un objeto, hay algo en la tecnificada experien-
Elas imágenes o las grafías ob-scenas, el porno es cia contemporánea de él, que ha alterado significativa-
algo que debemos tomar muy en serio, sin importar si mente la experiencia porno y, con ello, presumiblemente,
somos aficionados o detractores de la pornografía, pues, nuestra propia sensibilidad pornográfica.
ante todo, el porno es un viaje a las profundidades de
uno mismo y no sólo contemplación de lubricidades. I
Su relevancia no está en los cuerpos, en la desnudez, En los albores del siglo Paul Valéry nos anunciaba, no
ni en el acto sexual, sino en el feliz descubrimiento de sin temor, que los avances técnicos y sus disposiciones
que algo en la develación de todo ello es capaz de pro- sobre lo artístico cambiarían las formas de la experien-
ducir en nosotros algún tipo de excitación. En el porno cia del arte. El poeta francés se centraba en los fenóme-
asistimos a un asalto a la sensibilidad, establecemos un nos sonoros para su reflexión, y así, parecía maravillarle
compromiso entre espectador y espectáculo cuya chis- que los seres humanos ya no tuvieran que depender de
pa deviene en incendio de imaginerías productoras de ciertas condiciones materiales o espirituales para, por
lubricidades corporales. En este sentido, y más allá de ejemplo, escuchar música. “Antaño no podíamos go-
la inmediatez, el porno es una forma de conocimiento zar de la música en el momento elegido, según nuestro
y autoconocimiento, pues todos somos susceptibles a humor. Nuestro gozo se debía acomodar a la ocasión,
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cierto tipo de él; no hay un tipo de porno par excellence, al lugar, la fecha y el programa” —decía el poeta, re-
sino que debemos descubrirlo (o construirlo) nosotros firiéndose a las disposiciones materiales que se tenían
mismos; en la contemplación de algo que nos parece ex- que cumplir para efectuar y escuchar conciertos—. Sin
citante —es decir, en la experiencia porno— asistimos a embargo, gracias al avance de nuestros medios técnicos,
un autodescubrimiento de nuestras posibilidades corpo- ahora, según Valéry, “se acabó esa servidumbre tan con-
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rales, de nuestras fantasías, deseos, voluntades, y, ¿por qué traria al placer”. En adelante, “será maravillosamente
no?, también de nuestros rechazos e indiferencias, explo- agradable poder cambiar a nuestro antojo una hora va-
rando, así, ignotos límites de nuestras territorialidades y cía, una tarde eterna o un domingo infinito en magia,
recorriendo intensidades de latentes verdores vírgenes. ternura o movimientos de espíritu”. 3
Lo porno, por supuesto, no se reduce a lo pornográ- Con las reflexiones anteriores, Valéry apuntaba a un
fico. Lo porno es una experiencia, una relación que pro- desarrollo de la tecnología que modificaría los objetos
mueve algún tipo de excitación, fascinación o fervor en su reproducción técnica, de modo que un sonido,
lúbricos en una persona, no tiene un objeto privilegia- una canción o un concierto, podría ser re-producido en
do; la experiencia porno se puede dar con una mirada, cualquier momento y en cualquier lugar en el que exis-
un cuerpo desnudo, un labio superior que deja asomar tiera un aparato construido para tal efecto. Lo anterior,
los incisivos, o con una situación cualquiera —una mu- aventuraba el poeta, también podría modificar en algo
jer asomada por la ventana o un hombre cambiando una al escucha, pues éste sería capaz de infundirle música a
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