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toda su vida. “Hete aquí —decía Valéry— que esos ra-  II
                         tos vacíos y tristes y esos seres destinados al bostezo y los  Ante todo esto, vale la pena preguntarse: ¿y qué dia-
                         pensamientos taciturnos son ahora dueños de adornar  blos tienen que ver el arte y la reproducción técnica con
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                         su ocio o de infundirle pasión”.   En este sentido, aun-  el porno? Intentaré dar algunos antecedentes para ir
                         que sea a modo de sospecha, el poeta señalaba también  avanzando en la respuesta.
                         que algunas modificaciones podrían ocurrir en aquel   Antes de saber todo lo anterior —es decir, antes de
                         que contemplara la obra.                      todo arte, toda filosofía, y toda teorización mediana-
                            El esbozo anterior, realizado en 1928, fue traslada-  mente sistemática— tuve mi primera experiencia con
                         do por Walter Benjamin, en 1935, a la reflexión sobre  la pornografía. De eso hará unos veinte o veinticinco
                         las producciones artísticas visuales. En su célebre texto  años. Pertenezco a una generación para la cual el acce-
                         sobre la reproductibilidad técnica del arte, Benjamin,  so privilegiado a la pornografía ocurría a través de los
                         entre otras cosas, señalaba que la experiencia del arte  escondites secretos de los papás, los tíos, o los púberes
                         —autor, obra, producción, reproducción y espectador—  que a hurtadillas hacían circular una de las escasísimas
                         ha sido  substancialmente modificada en  virtud  de la  y enigmáticas revistas en los salones de clase. Por su-
                         reproductibilidad técnica, pues en su reproducción po-  puesto, las revistas a color eran un lujo; y si uno corría
                         sibilitada y efectuada por la técnica, la obra pierde su  con suerte, podía tener acceso a una flamante película
                         valor aurático, el aquí y ahora que rodea a una obra en  Betamax o, lujo  de los lujos,  vhs,  en algún apartado
                         un contexto específico, y se pone a disposición de cual-  rincón de la casa. Todo lo anterior, por supuesto, era
                         quiera y en cualquier momento (Benjamin pensaba, so-  objeto de determinadas prácticas subterráneas que uno
                         bre todo, en la fotografía). Destacaba, de entre muchas  debía disponer para que la experiencia porno(gráfica)
                         otras conclusiones, que la nueva forma de experimentar  discurriera venturosamente. Las revistas en la escuela
                         el arte permite considerar cambios no menores en nues-  no pasaban de la curiosidad, la ansiedad o el estupor.   soluto, y me entregaba a la ceremonia con clarividen-  mano). Todo, por supuesto, a la nada decorosa veloci-
                         tra forma de relacionarnos con el mundo y con nosotros  Lo interesante ocurría en casa, en soledad o en compli-  te inocencia. Los neófitos aseguran que la trama en el  dad de 28.8 kb por segundo. De modo que, cuando por
                         mismos; es decir, que la producción, la re-producción y  cidad con primos o amigos medianamente calenturien-  porno es irrelevante, pues siempre ocurre lo mismo, el  fin llegó la Internet, entré al paraíso de las perversiones
                         el consumo del arte mediados por la técnica transforman  tos. Había que cerciorarse de tener privacidad o, mejor   pizzero, el fontanero, la sirvienta, etc., que deambulan  pornográficas. La cosa fue vertiginosa. Había tanto, y
                         la obra, su producción, su reproducción, y al espectador  aún, completa soledad. La experiencia, salvo raras oca-  semidesnudos por algún lugar y que, a la menor provo-  tan variado, que no sabía para dónde ir. Sin embargo,
                         mismo. Por ejemplo, señalaba desde entonces que “la re-  siones, ocurría siempre entre el nerviosismo, el asombro   cación, terminan follando salvajemente con el primero  meticuloso como soy, me tomé el cuidado de explorar
                         productibilidad técnica de la obra de arte transforma el  y, por supuesto, la excitación. Había que tener siempre   que pasa; sin embargo, la trama importa, y mucho, aun-  pacientemente algunas páginas y, pese a que la varie-
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                         comportamiento de las masas con el arte”;   cuando así lo  los pantalones a la mano, así como el control remoto de   que sea rudimentaria. 7       dad se expandía, no iba mucho más allá de las orgías,
                         hacía, Benjamin estaba señalando una forma específica  la videocasetera para cualquier “interrupción” posible.   Una serie de películas que se me volvió sumamente  los  cumshots, las adolescentes, los tríos, y los clásicos
                         de reproducción artística en la que destaca la tecnología   Los materiales, por supuesto, eran limitados. Iban   relevante en este sentido, y que me hizo descubrir otro  fetiches (bomberos, policías, mecánicos, enfermeras,
                         de su producción, pero se centraba fundamentalmente  desde relatos baratos acompañados de alguna que otra   horizonte —quizá el fundamental— del porno, fue,  voyeurs y cosas levemente sadomasoquistas, por decir
                         en lo que le ocurre al espectador frente a dicha repro-  fotografía de modelos cuya anatomía, en honor a la ver-  por supuesto, Taboo, cuyo argumento está basado en las  algo). Pero el avance en la red me devastó. No pasó
                         ducción. Benjamin, por supuesto, pensaba en el cine,  dad, no era muy agraciada, hasta pletóricas fotografías   relaciones incestuosas que se pueden dar entre todos  mucho tiempo para que comenzaran a aparecer nuevas
                         en el cual, según decía, todos adquirimos el estatuto de  a color de chicas en lencería o —cuando la suerte era   y cada uno de los miembros de una familia. Claro, es  categorías, que seguramente siempre han existido, pero
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                         expertos al enfrentarnos a él desde una mirada dispersa  inmejorable— con todo al descubierto,  pasando, por   sorprendente ver a una madre fornicando con su hijo,  de las que yo no tenía noticia hasta entonces. Fue así
                         que capta la obra sin darse cuenta de toda la serie de  supuesto, por las inolvidables fotonovelas más bien   o a una hermana haciendo una felación monumental  como descubrí la existencia del bukkake, la zoofilia, el
                         tecnologías inmiscuidas en su producción y en su recep-  guarras y descuidadas, pero no por ello menos provoca-  a su hermano, o a las tías copulando simultáneamente  gonzo, el interracial, el shemale, el hentai y, con la proli-
                         ción. A partir de esto, Benjamin sugería que la percep-  doras. Una vez que descubrí mi primera película por-  con el cuñado de la sobrina, o qué sé yo, lo cual, además  feración de las webcams y los celulares con dispositivos
                         ción sensorial del ser humano ha sido transformada por  nográfica el viaje no tuvo retorno.          de sorprendente, puede resultar excitante (no en vano  de video, el s, así como fetiches más sofisticados, como
                         medio de la tecnología, y advertía que dicha transforma-  Resultó que el sonido, más que la vista, era parti-  Taboo es uno de los grandes best sellers de la historia de  la lluvia dorada, la coprofilia, las embarazadas, las an-
                         ción podría ser utilizada de dos maneras fundamentales  cularmente estimulante. Pese a que éste fue, en defi-  la pornografía).                    cianas y cosas por el estilo. 8
                         en la experiencia efectiva de los seres humanos: como  nitiva, un nuevo mundo, no tardé mucho tiempo en   Así, en plena adolescencia onanista, emergieron,   No pasó mucho tiempo para que mi curiosidad ter-
                         “estetización” de la política (que es, por lo demás, lo que  reconocer actores, actrices, locaciones, situaciones,  en   como una bendición, las redes locales. Y entonces la  minara por agotarse y, en colusión con mi lado acadé-
                         ha hecho el fascismo para promover la enajenación de  fin, un pequeño cosmos cuya variedad, pese a ser pobre   experiencia cambió. Ya no tenía que esperar a que no  mico, comenzara a ver el porno desde una perspectiva
                         los individuos que terminan gozando al contemplar su  y limitada, no dejaba de hipnotizarme. Mi educación   hubiera nadie, ni tenía que hurgar en rincones secretos.  más teórica. Fue así que comencé a rastrear películas
                         propia aniquilación por medio de la experiencia estéti-  pornográfica fue conducida, involuntariamente, por   Ahora bastaba con desvelarme haciendo alguna tarea  como Garganta profunda (la primera película pornográ-
                         ca generada por la tecnología), o como politización del  Ron Jeremy, Kay Parker, y, con un poco más de retraso,   para que, en cualquier momento de la noche, tuviera  fica que fue un éxito en taquilla, cuya singular trama
                         arte (función revolucionaria que Benjamin creía que el  por Asia Carrera y Jenna Jameson, quien —lo acabo   acceso a fotografías que rebasaban toda mi experien-  consistía en describir las peripecias de una chica vagi-
                         comunismo podía llegar a lograr por medio de la crea-  de descubrir— es sólo cuatro años mayor que yo. Las   cia previa (todavía recuerdo mi impresión al ver en una  nalmente anorgásmica que sólo alcanzaba el orgasmo
                         ción de obras artísticas encaminadas a la emancipación  películas no representaban demasiadas variantes en su   de mis descargas furtivas a una chica con un pene en  por medio de la estimulación de su garganta, pues, por
                         y concientización política de los individuos).  trama, lo cual, en apariencia, no me importaba en ab-  cada cavidad —anal, bucal y genital—, y uno en cada  una mutación genética, ahí es donde tenía el clítoris);
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