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experimentar el mundo; si es para bien, o es para mal, más aún, desde el pop-up que aparece sin ser llamado? resto de las publicaciones más púdicas, leerlas en rin-
me da igual, lo relevante es notar que, en la actuali- En la actualidad, basta con hacer casi cualquier bús- cones secretos, etc.). En cambio, con el pulular de los
dad, difícilmente podemos pasar un rato sin asociarlo, queda en Internet para que se desplieguen resultados Sensacionales (de maestros, de chafi retes, de mercados,
cual perros pavlovianos, con una canción. De muchas relacionados con la pornografía, lo cual nos hace asistir, etc.), las revistas del corazón, y la lógica misma de la
maneras, decodifi camos el mundo musicalmente, a la casi sin darnos cuenta, es decir, casi sin compromiso, a la publicidad, uno puede acceder libre e involuntariamen-
manera de un soundtrack. Además, seguramente nos ceremonia del porno. Lo pornográfi co nos ha invadi- te a las formas más rudimentarias y burdas del relato
hemos vuelto, por sobresaturación, menos sensibles al do, está en cada rincón de la red, lo encontramos sin pornográfi co, en las que mostrar lo ob-sceno es la única
sonido. Somos capaces de soportar un sinnúmero de buscarlo, lo miramos casi sin quererlo. Ahí está, en un pretensión. También abundan los relatos en internet,
sonidos simultáneamente, distinguiendo, algunas veces, link, en una ventana, en veinticinco o más recuadros pero ¿quién quiere leer cuando los dispositivos visuales
aquellos que nos son relevantes, pero en la mayor parte simultáneos: imágenes-movimiento de diferentes tipos, en este medio son tan atractivos? Quizá lo que que-
de las ocasiones —piénsese en el ruido de una ciudad— anuncios para agrandar el pene, invitaciones al chat del de por decir a este respecto es que la tecnifi cación, la
el sonido se convierte, ante todo, en un simple rumor. sexo, garantías de obtener sexo en tres meses, cincuenta industria y los fl ujos del capital han hecho del relato
Escuchamos tanto que hemos dejado de escuchar. y cinco o más categorías desplegadas reclamando nues- pornográfi co, al igual que las imágenes en Internet, una
Ahora bien, con respecto a lo visual, desde 1935 tra atención: cansancio, ignorancia, dispersión. moneda de uso común.
Benjamin nos advertía que, como resultado de toda la Por supuesto, dicho fenómeno no se reduce a la red Que no se me malentienda: no soy un detractor de la
maquinaria y las técnicas cinematográfi cas, los más favo- ni a las imágenes. Una buena parte de mi educación tecnología, ni mucho menos —Dios me libre— de la por-
Calígula (la producción pornográfi ca más grande y cos- recidos serían “el dictador y la estrella de cine”. Y, claro, pornográfi ca también corrió a cargo de la literatu- nografía, solamente planteo una sospecha: si el porno se
tosa de la historia), y otras tantas de hoteles de Tlalpan, salvo las excepciones del llamado cine de autor y alguna ra, desde los más rudimentarios relatos de las revistas ha convertido, como la música y el cine, en algo cotidiano
Tacubaya y Ecatepec que, hay que decirlo, tuvieron su que otra notable excepción hollywoodense, la industria semiocultas en los puestos de periódicos que, a decir y de fácil acceso que se experimenta desde la dispersión
encanto —y su consecuente proliferación a lo largo de cinematográfi ca en el mundo no ha servido para otra verdad, pueden llegar a ser brutalmente estimulantes sensorial, ¿cabrá esperar que nuestro destino sea volver-
la paradójicamente ob-scena pasarela del Eje Central cosa más que para enajenar la percepción de los espec- (alguna vez mi dealer pornográfi co sentenció: “a mí se nos tan pornográfi cos que dejemos de serlo en realidad?,
en la primera década de nuestro siglo—. tadores, generando así, como decía Benjamin, una “masa me para más leyendo que con fotos”), hasta las pletóri- o, por el contrario, ¿cabrá esperar una hipersensibilización
Esta especialización, sin embargo, obedeció a algo acrítica” que busca en las proyecciones cinematográfi cas cas, lúdicas y fi losófi cas páginas del Marqués de Sade, erótico-pornográfi ca de los espectadores y, por ello, algún
más que a la simple academización de un impulso ca- una bonita historia para juzgar, o una terrible historia y la sutil sensibilidad de Anaïs Nin, pasando, por su- tipo de benefi cio para la sexualidad? Me gustaría pensar
lenturiento; obedeció, entre otras cosas, a un efecto de para denostar, sin darse cuenta de que dichas historias puesto, por Henry Miller, Flaubert, Bataille, Almudena que lo segundo, sin embargo, dada la confi guración de
sobresaturación pornográfi ca; y es que la disposición de están confi gurando sus ilusiones, deseos y más grandes Grandes, Bocaccio, Alberto Ruy Sánchez y el mismísi- nuestra cultura, me temo que tendremos que luchar con
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los elementos en pantalla, los pop-ups, la diversidad y temores por vía de las sensaciones visuales y auditivas. mo Ovidio, por decir algo. La lectura de dichas obras, vehemencia para que no nos ocurra lo primero.
la cantidad, en suma, la plaga pornográfi ca en la red, Además, lo sensible visual ha dejado de ser un reto para demás está decirlo, también requería cierta cautela, y
rebasó mi sensibilidad porno(gráfi ca). El asunto se tor- nosotros. Al igual que con el sonido, cada vez soportamos presentaba sus difi cultades (pasear durante largos ra-
nó insoportable. Y es que, claro, ¿qué se le puede pedir más estímulos visuales, sin poder concentrarnos —salvo tos alrededor del puesto de revistas, localizarlas entre el
a alguien que creció con monitores monocromáticos y contadas excepciones— en uno solo.
procesadores 80-88? Uno podría pensar que se entra Ahora bien, ¿qué es lo que nos estará pasando con
1 Valéry Paul, “la conquista de la ubicuidad”, en Piezas sobre el arte, Barcelona, la balsa de Me- trata de un juguete prodigioso y sin embargo no lo soporto, quizás porque soy muy propenso a
al paraíso, pero no, el cambio de lo sensible promovido nuestra nueva manera de experimentar el porno a dusa, 1999, p. 133. lo óptico. soy una persona de vista muy aguda. Pero el cine perturba la visión. la velocidad de
por la Internet tiene sus inconvenientes. 9 través de la tecnología? Como decía más arriba, hace 2 Idem. los movimientos y los rápidos cambios de las imágenes fuerzan a la gente a pasarlo todo por
3 Idem. alto. la mirada no se apropia de las imágenes, sino que éstas se apropian de la mirada”
apenas unos veinte años, contemplar pornografía era
4 Idem (las cursivas son mías). (Franz Kafka, citado en Helena Chávez Mac Gregor, La experiencia del arte: Walter Benja-
III una actividad ceremonial, cautelosa, minuciosa y, en 5 Benjamin Walter, La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica, México, itaca, 2003, p.82. min y el arte de la desconfianza, Tesis de licenciatura, México, uNam-ffyL, 2004, p. 73). en
6 Vale la pena recordar que en los años ochenta, y los que les precedieron, la mayor parte de la por- la pornografía de internet, claro, no ocurre algo distinto: todo es demasiado y demasiado
¿Y esto qué tiene que ver con lo anterior? La cuestión, muchos sentidos, educativa; es decir, había una dis-
nografía tenía sus propias censuras. el vello púbico y los órganos genitales –sobre todo los mascu- rápido, se tienen que pasar cosas por alto, la mirada no se apropia de las imágenes.
si se mira con cuidado, es muy elemental. Valéry ad- posición de elementos materiales y espirituales que
linos– eran, incluso, un atrevimiento. la revista Hustler, desde los años setenta, ha sido un ícono en 10 Valéry Paul, “la conquista de la ubicuidad”, op. cit. p. 134
vertía que con la reproducción técnica de los sonidos debían acomodarse para llevar a cabo la experiencia, este sentido al atreverse, desde sus inicios –y enfrentando un sinnúmero de difi cultades sociales, 11 Claro, en este punto habrá quien diga que alguno de los escritores mencionados no escribe
económicas y políticas–, a mostrar los genitales femeninos de manera explícita. pornografía, sino erotismo. la distinción siempre me ha parecido arbitraria, mocha y de
nuestra experiencia de la música cambiaría. Benjamin había que investigar, procurarse soledad, había que
7 Barba andrés y javier Montes, en su libro La ceremonia del porno (anagrama, 2007), afi rman tintes morales evidentes que intentan refugiarse en el “buen gusto” para denostar aquello
sospechaba lo mismo respecto de lo visual. No hace fal- desearlo y, luego, llevarlo a cabo bajo una inspección que, en efecto, la trama no importa, pero sí las situaciones en las que algo es porno, pues nada que les incomoda; sin embargo, mientras la pornografía o el erotismo se conviertan en ex-
ta mucha refl exión para darnos cuenta de lo acertado de meticulosa, curiosa y, por ello, edifi cante; en buena es porno en sí mismo, sino que lo porno es porno en tanto es capaz de provocar excitación a periencia porno, no veo la necesidad de hacer esa distinción, y por eso meto a todos en el
alguien. el porno es porno, siempre, para uno mismo. en este sentido, las situaciones o la mismo costal; hay que aclarar, no obstante, que la sofi sticación y el tratamiento de algunos
sus advertencias. medida, el porno —y la pornografía— es la escuela
trama (por muy rudimentarias o desgastadas que parezcan) juegan un papel importante de estos agentes del porno son de tal magnitud que son capaces de penetrar en los rincones
Ya en 1928 el poeta decía, con un dejo de displicen- que responde a muchas de las preguntas que nos hace- en el porno y la pornografía, pues es lo que vuelve, de una u otra manera, porno una más profundos, oscuros y recónditos de la experiencia, y que, por ello, llevan el porno hasta
cia, que “en la actualidad ya es imposible comer o beber mos y que padres y maestros eluden asépticamente; en situación (más allá del mete-saca). Por supuesto, los productores mismos de la industria algunas de sus máximas consecuencias al ponerlo en relación con situaciones e intensida-
pornográfi ca se han encargado de trivializar algunas situaciones —y con ello han contribuido des con las que usualmente no se le relaciona, en las que lo pornográfi co puede llegar a ser
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en un café sin verse perturbado por algún concierto”; este sentido, una escena pornográfi ca puede ser toda
a extender el prejuicio sobre la trivialidad de las tramas en el porno y la pornografía— , por sólo un pretexto para promover la experiencia porno o cualquier otro tipo de experiencia
y, claro, tras las consolas de discos, las grabadoras, los una cátedra, una conferencia magistral a la que hemos fortuna, nunca falta el buen samaritano que juega con situaciones recónditas que pueden edifi cante.
autoestéreos —sobretodo los de los microbuses— los asistido con hambre, dedicación y esfuerzo, de la cual atrapar a más de un ávido feligrés.
8 además me enteré de algunas minucias respecto de las mafias y los crímenes infames
walkman, los discman, los iPods y los celulares, no cabe sacamos el máximo provecho.
que se cometen en nombre de algunas perversiones llevadas al extremo, como la porno-
duda de que nuestra experiencia con la música es otra. ¿Hacia dónde se dirigirá la sensibilidad erótico- grafía infantil y las producciones obligadas –la película Daniel y Ana, de Michel Franco Bily ha dejado de buscar la prudencia perdida en las marañas de la historia como fi na-
Estamos atiborrados de música por todas partes. Esto, pornográfi ca de las juventudes que ya se han educado en 2009, muestra la brutalidad del asunto. lidad y redención, ahora intenta reinventarse una a partir del acontecer y de la fatalidad
9 a este respecto recuerdo una entrevista que le hicieron a Kafka, en la que le preguntaron si le
evidentemente, tiene efectos sobre nuestra forma de desde un click del ratón o del teclado de su teléfono o, (y todo lo que esto conlleva).
gustaba el cine. el escritor respondió “la verdad es que nunca pensé al respecto. Por cierto se
12 Palabrijes 08 primavera 2012 Palabrijes 08 primavera 2012 13

