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creía que me ayudaría a obtener buenas califi caciones.
Antes que otra cosa, una computadora es una má-
quina muy sofi sticada, por lo tanto, facilita la realiza-
ción de diversas labores. En consecuencia, requiere un
entrenamiento mínimo para usarla, así como un adies-
tramiento más profundo para programarla y repararla:
basta pensar en el desastre que un virus puede provocar
si se infi ltra en su sistema. Como todos sabemos, cuan-
do un virus entra en una computadora, no le da gripa,
pero se avería.
Las computadoras tienen algo de organismo vivo
tan sólo por la operación metafórica de llamar “virus”
a los programas que las dañan. Esas máquinas tienen
algo de cosa viva a la manera de una rosa, o de mis
perros, o de mí misma y viceversa, los organismos vivos
Las nuevas tecnologías atraviesan nuestra realidad de tienen algo de computadora, por ejemplo, yo suelo re-
múltiples maneras, incluso hurgando en nuestra más ferirme a mi cerebro como mi disco duro.
profunda intimidad.
Yo, internauta
Después de mi traslado de la máquina de escribir ha-
cia la computadora, accedí internet. Sin notarlo, poco
a poco me convertí en internauta. Ignoro el momento
preciso de esa conversión, ha sido un proceso paulati-
no e interesante que sucedió frente a numerosos mo-
Por Martha Patricia Reveles nitores. Primero, tuve correo electrónico (de hecho, he
tenido cinco, o más, creo), luego, un blog y una cuenta
Una computadora es una máquina de Hi5; al inicio me resistí a ingresar a Facebook, pero
Tuve mi primera computadora después de los 23 años, lo hice y, desde hace un año aproximadamente, tengo
pero comencé a utilizar ese artefacto antes. Al princi- una cuenta de Twitter. Soy una internatua bastante ac-
pio me causaba mucho estrés, siempre oprimía el botón tiva, leo, posteo, comento y escribo constantemente en
equivocado, mi trabajo desaparecía y yo oscilaba ante la red. Me gusta perseguir las palabras de otros, quién
el abismo del pánico y la culpa por ignorar cómo usar quita y algún día las alcanzo.
una computadora; afortunadamente logré remontar ese Pensarme internauta me recuerda a los astronautas,
infi erno tecnológico mediante la práctica y, debo con- esos exploradores del mundo extraterreno que parecen
fesarlo, gracias a la ayuda de los encargados de varios tan lejanos, como venidos del futuro, como los robots.
laboratorios de cómputo. Por ese talante futurista, pensarme internauta me re-
Mientras llegaba el momento de poseer una compu- cuerda las tres leyes de la robótica elaboradas por el
tadora propia, utilicé muchas veces la de uno de mis tíos, escritor norteamericano Isaac Asimov (1920-1992),
quien vivía con mis abuelos. Se convirtió en un hábito reconocido por su obra inscrita en la fascinante ver-
que yo pasara varias tardes y noches trabajando en el pri- tiente literaria de la ciencia fi cción. Esas leyes aparecie-
mer piso de esa casa. Se hizo parte de la rutina que mi ron en su libro de cuentos I, Robot (Yo, Robot, 1950) y
abuelo me dijera: “cada vez que subo nada más te veo proclaman lo siguiente:
mover la cabeza de un lado a otro persiguiendo palabras”.
¿Qué pensaba mi abuelo acerca de la computadora? 1. Un robot no debe dañar a ningún ser humano, por
¿Qué sentimientos, qué fantasías le provocaba? Él era omisión, permitir que sea lastimado.
un hombre de ofi cios, carpintero y maestro electricista, 2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por un
sólo tuvo la instrucción básica, pero era increíblemente ser humano, excepto cuando tales órdenes entren en
hábil con sus manos. Quizá la computadora era para él confl icto con la primera ley.
un artefacto extraño, emparentado con la máquina de 3. Un robot debe proteger su propia existencia tanto
escribir y con la televisión de la sala. No imagino que como dicha protección no entre en confl icto con la
la viera como una herramienta o máquina de trabajo al primera o la segunda ley. 1
igual que su cepillo y su taladro; muy probablemente En el futuro imaginado por Asimov bajo ninguna
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