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el  placer  de  escucharnos  hablar  sobre  nuestro  pasado,  sobre  condimentada y cocinada, valió la pena la velada de anoche:
                                                                                                                                   nuestra cotidianidad y, principalmente, sobre lo que queríamos  Lucía se veía pulcra, tomamos unos tragos, no dejamos de
                                                                                                                                   hacer juntos en el futuro; ella deseaba lo que las mujeres co-
                                                                                                                                                                                      comernos con la mirada, cenamos ensalada de lechuga que
                             Chef  Gourmet                                                                                         munes han deseado a lo largo de la historia: tener hijos, formar  yo preparé, bailamos un poco, prendimos un par de puros,
                                                                                                                                   una familia, tener una casa propia, una televisión enorme en  hicimos el amor y antes de que me dijera que quería irse a su
                                                                                                                                   medio de la gran sala de piel donde ella y yo, después de que los  casa le ofrecí un té de canela con manzana, puse la cantidad
                                                                                      Por Cristian Picón                           hijos se casaran, esperaríamos contentos y resignados la muer-  adecuada de medicamento en su tasa, nos besamos mientras

                                                                                                                                   te, sin nunca habernos preocupado de la situación mundial, de  bebimos el té, yo estaba semidesnudo y ella vistiéndose para
                                                                                                                                   política, de arte, de lo que pasa en la ciudad. Ella deseaba un ni-  salir,  fingí  haberle  pedido  el  taxi,  era  cuestión  de  tiempo,
                                                                                                                                   dito de amor en donde nada de lo que pasara pudiera penetrar  cuando vi que empezaba a adormilarse, me le fui a besos y
                                                             El amor se cocina, y cuando se hace
                                                                                                                                   en nosotros. Pobre ilusa.                                                  mi excitación fue tan auténtica,
                                                                    con dedicación aunque duela                                    Deseaba  puras  indecen-                                                   tan  determinante,  que  la  llevé
                                                      y sea inequitativo, huele bien y sabe mejor.                                 cias.  Amaba  de  ma nera                                                  cargando  a  la  cama  y  mien-
                                                                                                                                   muy rosa, no hacía caso                                                    tras se dormía le hice el amor
                                                                                                                                   a  sus  inclinaciones  más                                                 por última vez; escuchó mi voz
                                                                                                                                   agudas, no moría nunca,                                                    diciéndole  el  último  poema  al
                                                                                                                                   como yo. Su instinto de                                                    oído,  quiso  resistirse,  pero  po-
                                                                                                                                   conservación la colocaba                                                   bre Lucía, no podía ya ni con el
                                                                                                                                   en una posición mental-                                                    peso de sí misma, menos iba a
                                                                                                                                   mente aberrante.                                                           poder con el inmenso amor que
                                                                                                                                     Yo, por mi parte, fren-                                                  yo le tenía. Después del acto de
                                                                                                                                   te al amor, he necesitado                                                  amor, en donde yo fui el prota-
                                                                                                                                   tempestades,  inmolacio-                                                   gonista,  ella  se  quedó  profun-
                                                                                                                                   nes,  ruido  fatuo,  golpes                                                damente dormida y yo procedí
                                                                                                                                   truculentos  para  poder                                                   a llevarla a la tina de baño, ahí
                                                                                                                                   vi vir.  Cuando  encuentro                                                 le levanté la manga de su brazo
                                                                                                                                   que  mi  manera  de  amar                                                  izquierdo y de un tajo le corté
                                                                                                                                   es  muchísimo  más  cruel,                                                 las  venas  para  verla  desangrar,
                                                                                                                                   más  entregada,  más  per-                                                 puse  un  recipiente  pequeño
                                                                                                                                   turbadora,  decido  pensar                                                 en la gotera de su mano hasta
                                                                                                                                   que las personas amamos                                                    llenarlo de su exquisita sangre,
                                                              IIustración Felipe Mendoza
                                                                                                                                   injustamente. No hay un                                                    con ésta me preparé un whisky
                                                                                                                                   punto  medio,  nadie  llora                                                y me lo bebí a su salud. Plati-
                              e gusta cocinar y ver cuando alguien come lo que yo sazono con infinito placer. Cocino               de la misma manera, na-                                                    camos como siempre, le confesé
                              cuando el amor me sabe a poco; cuando las cosas que me pasan son insuficientes.                      die  entrega  las  mismas                                                  que  no  podía  correr  el  riesgo
                     M Todo lo que se cocina está previamente muerto, el arte de la gastronomía es, de alguna                      cosas,  nadie  necesita  lo                                                de perderla, por eso la llevaría
                     manera, un oficio de sepultureros. Cuando me anego de estos pensamientos llego a creer que algo se            mismo. Incluso, he llega-                                                  dentro de mí por el resto de mi
                     alimentará de mí, de mi cuerpo, de mis palabras, de mi ágil soledad. Nada puede ser más placentero            do  a  creerme  la  idea  de                                               existencia.  Eran  ya  las  dos  de
                                                                                                                                                                                            IIustración Lizbet Minero
                     que jugar a ser Dios en medio del defecto. Cocinar un buen platillo no sólo satisface la necesidad            que  un  amor  correcto,  si                                               la madrugada, si no apuraba el
                     básica de comer. Quien piensa eso, piensa poco y poco aprovecha las puestas en escena que nos ofrece          tal existiese, sería el regalo más indigno que uno pudiera dar a  paso, el desayuno se retrasaría, la corté en quince pedazos,
                     la posibilidad momentánea de estar vivos. Así, el Creador, la naturaleza o el destino —llámesele              quien ama. La catástrofe es necesaria, el corazón pide enfermarse. la empaqué en plásticos, la metí al refrigerador y guardé las
                     como sea, da igual—, hace lo que puede para que uno se siente a tragar minutos crueles. Estamos                 Ya no sé bien a bien si todos estamos enfermos y yo decidí   partes que no me gustaban de ella en el closet, eso era para las
                     obligados a no morir sin antes haber dejado el plato limpio.                                                  sanar o es al revés.                               cucarachas y los ratones. Terminé a las nueve de la mañana,
                       Ahora mismo, mientras reflexiono sobre no sé qué, estoy en la mesa de la cocina, cortando carne               Son las once de la mañana, no dormí ni un segundo, no   exhausto, pero igualmente enamorado. Ahora mismo me doy
                     y esperando a que la sartén con aceite esté lista para ofrecer una fiesta de olores. Ninguna decep-           tengo sueño, estoy en la cocina de mi departamento, la sar-  cuenta de que algunas desveladas valen la pena, ésta es una de
                     ción como la de un mal platillo.                                                                              tén esta lista. Previamente metí su brazo derecho en la olla   las más importantes de mi vida. Huele bien, el amor, aunque
                       Me han decepcionado dos veces en la vida. He tenido dos grandes amores. Odio decir que con                  exprés, le puse agua, una cabeza de ajo, media cebolla y un   duela y sea inequitativo, huele bien. Ninguna ilusión tan llena
                     ninguno de ellos he logrado lo que podría llamarse una relación estable. Cuando llego al punto en             poco de sal. El otro brazo lo estoy cortando con un cuchillo   de placer como la de un buen platillo.
                     el que ya no hay más palabras pero mucha tristeza y decepción, me pongo a cocinar.                            muy filoso, quiero trozos pequeños, esta carne es para asar en
                                                                                                                                                                                      Cristian es estudiante de Creación Literaria en la UACM; laberíntico y disperso como la idea genial pero
                       Olvidé muy pronto a Estela, muchísimo más pronto de lo que pensé. Lucía era capaz de motivar                aceite, cuando está cruda huele muy mal, pero ya lo he expe-  fugaz; abandona la realidad cuando ésta tiende a defraudarlo, cuando se vuelve exigua. Así es como llega a
                     cualquier instinto en mí. Experimentamos a menudo, en la mesita de la cocina de mi departamento,              rimentado, se me abre el apetito luego de estar perfectamente   las letras, huyendo.

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