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Defe- … Al instante…
El vaho a humedad, pestilente, iniciaba siendo muchas veces moho, muchas veces muerte.
nestra- humana…
Por sus oquedades, exhalaba la tierra el hedor de las miríadas de muertos soterrados en ella a lo largo de la ruindad
ción Ya las arañas mancillaban mi rostro…
Consecuentemente, en el cada vez más insufrible aturdimiento, me sumergía; así en las honduras de la Tierra; así en
Por Daniel Laguna Cortés mis recónditos remordimientos.
Debido a la emanación de desasosiego que incineraba a la sazón el postrimero aliento de salvedad, comenzaba a
IIustración Pablo Vega padecer recalcitrantes náuseas.
En este punto, las culpas mías habíanse posesionado aún más de la resignación de mi penar, que de mi amargura. La
hoguera aguardaba -asentía para mí.
El descenso a los
¡Mis pecados!, intuí, sí, harto de terror; cuando el pavor por los poros supura.
infiernos es siempre oscuro,
... Hube de acertar.
paradójico y tortuoso, pero Arribaban a mi especular, poco sutiles, ya los porqués.
también puede ser poético, Sólo al margen de un exhalo, reparé en la idea de elevar una súplica al Hacedor de todas las cosas y los hechos, e
vehemente e iluminador. invocar su amparo.
Entre tanto, supuse a la suerte ser echado… una broma de Dios ser. ¡Vaya!, sólo por un instante, la coexistencia entre
Él y yo, juzgué oportuno estimar.
En el acto primero el Bien concentraba, en monopolio,
... Mi caída era irrefrenable… y continuaba haciéndolo…
el dominio de la fe y no toleraba protesta, una sola.
En el acto segundo el Mal entreabrió el telón
Comenzaba a experimentar por vez primera la sacudida del arrepentimiento y su compunción; sobre seguro, como
para denunciar la verídica razón de la
una forma de expiación de mis adeudos no saldados.
tragedia del anfiteatro universal…
Padecía todo un dechado de dolores corporales y del alma.
caía y caía yo bajo la superficie terrenal… Nunca una introspección tan íntima en su más avieso dislate alcanzó la mordacidad de arrastrar dicha experiencia a
Y crujían mis huesos al batirse con las aristas de piedra que conformaban compendio alguno.
...Y el túnel de semejantes dimensiones de una fúnebre fosa…
Y sucedió todo al resquebrajarse el tablado del piso de mi desolado refugio. ... Toqué por fin solidez…
En el transitar entre un segundo y otro…
Encontrábame –antes de mi infortunio– apacible. En el sitio donde conquistaba el deambular en mí, cabalmente… Como almohadones algodonados revestidos de lienzos lanosos me soportaron y, entre plácidos seres que complacían
Mirábame, pues, de frente con el silencio… Sí, en mi ansiado abandono. al orden y a la simetría por su hermosura, augustos, yací sosegado por ilusorio tiempo. ¡Tan ficticio y aparente éste!, tanto, que
De modo preciso ahí, en donde ocultábame de los momentos cuando huésped era en el fango de la estulticia y del la conciencia del tiempo en el saber del Inframundo no procede, sólo en los dogmas del mortal y en sus devociones limítrofes.
cisco espiritual. Ello entero por tratar, a mi parecer, de alcanzar la vida que se me iba. Por el desdichado anhelo mío de ampa- ... Ya en algún Recinto, a lo lejos, percibíase una sinfonía como sonido de millares de sierras a todo lo que podían trabajar, no obs-
rarme en la inmortalidad… y no más. tante, pareciese que interpretaban el espantoso Tritón en compañía de un incesante martilleo con tempo demoledor, o a ritmo de <<grind>>.
Todo ello al subsistir desprovisto, sí, de presencias e imágenes que suscitasen un asomo, cierto atisbo de verosimilitud Cualquier profano del mundo afirmaría que muy semejante al pagano e impío eco de los terrenales acordes bautizados
o resquicio alguno, de réplica a la sinrazón de mi murga mundanal. como "Heavy Metal".
Hallábame allá, en donde evocaba, de juro, los retratos de mis cruzadas primeras y dirimía mis reconcomios en papel
y tinta para a la postre delegarlos en mis prosélitos ulteriores… Con sus alas de diáfano plumaje me apretujaban aquellas formas. ¡Eran ellos!, los ángeles caídos, los rebeldes,
Ya en el límite de la pendencia. Severamente inmerso en aquellas honduras logradas de la inconsciencia y de la obser- sediciosos; los insurrectos y alborotadores. ¡Conspiradores de Dios!
vación axiomática; mas no de esa cognición primaria y de “juicio sensato” en donde no se hallan las respuestas de la transito- Cierto es que la insolencia suya no había causado estrago alguno en la potestad de su beldad.
riedad. ¡Desproporcionada pedantería de la mente humana esto último; concepción falaz y embustera <<el pensar atinada a la Únicamente se les consentía a mis ojos moverse y contemplar los más seráficos talantes.
“conciencia”>>! Seducidos mis ojos a la vez que mucho cegados por su luz celestial o infernal, permitióseme incorporarme y andar…
Todo, todo, ante la sentencia de deterioro y el fárrago entre mis pasiones y mis pesares. ¡Penuria de mí! Con los brazos desplegados bamboleaba aquí, allende.
... Fui dirigido entonces ante el Altísimo del Abismo, ante el Soberano del Mal, ante el insurgente de la Corte Celestial…
…Descenso vertiginoso el mío, al tiempo que atropellado. ... Estaba Él ahí. Delante de mí: el Eterno Anticristo.
Hube de resistir.
Veíame, al caer, forzado a conciliar entre la cordura y las inagotables aversiones todas mías. Ello para lograr mis ... ¡De la más noble belleza el Eterno Anticristo siempre ha sido y será!:
memorias, trasladar al escenario presente y sojuzgar la realidad. De ojos compasivos y de ternura desbordante su mirada se iza en suprema quietud y celeste paz.
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