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Su aspecto media entre lo femenino y lo masculino. ¡Fuerte! ¡Bello! ¡Perfecto!
¿Su voz?, ¡¿cómo ostentarla?! ¡Oh, no, tened piedad de mí!:
... Por un nunca anterior había yo delirado siquiera el suponerla o el conjeturarla.
¡Armoniosa y melódica-retumbante, indivisa se revelaba!
Oscuro,
Lo más adosada a la resonancia de cien cajas de violoncelos. ¡Como canto de mil violines! De armonía eterna como
meramente Él… y Dios… seguramente.
... Y con infinita cadencia enunció mi nombre, sí:
1
–¡Dani-él! –exclamó.
…En absoluto obtendría yo licencia. Siquiera el arte a guisa de elucidar el candor, sólo mío, para desvelar la inmediata
devoción y dilección fugitiva que desprendióse de mí, y abrigar por Él. extraño...
Lo amé al soplo de mi inmemorial búsqueda de fe. De mi fatídica necesidad material de un padre eterno.
... Me eché a sus brazos y en su seno consintió Él mi llanto.
Deferente, con exquisito refinamiento y, sin réspice alguno, preguntóme:
–¿Lo ves, hijo mío?
¡Muéstrame, Padre! –repliqué.
–Por apóstata fui lanzado de los Cielos en una de las interminables beodas de Dios. Separado así de la prosapia que, zampada poético
en la egolatría, en la ancestral descomposición de la Santísima Trinidad, se pudrió en su vanagloria.
–Ocurrióse todo en el desenfreno y galimatías del festejo del Séptimo Día.
–En delirio ecuménico atrevióse Dios a arrojar a la orfandad y la muerte a la totalidad de sus hijos y semejante creación.
¡Está en el Génesis 1-27, lo declara Dios con reveladora presunción, lo confirma seguidamente en hipérbaton, y lo
reitera, sin duda.
... Y continuó:
Por Adriana Azucena Rodríguez
–Es de fijar la vista ante ordalías tales de quienes su dogma acatan con fervor. Sus cuantiosos e incurables estremeci-
mientos culpígenos.
... Entretanto sucedía, Su voz, atendía yo con fijeza y respeto:
–¡He ahí Dios crápula! ¡Símbolo de la egolatría famélica! ¡Yerma tiranía y sátrapa arrogancia lo vertebran!
–¿En dónde se halla la gracia de la que profesa Él hasta el hartazgo? ¡Sólo existencias huérfanas de su “gracia divina”;
Rusia, 1915 ó 1917. Jóvenes veinteañeros a los que les gustaba la poesía de Mayakovski
ellos todos menesterosos inquilinos del mundo! ¡Nómadas y difuntos en idéntico tiempo!
tanto como les disgustaba seguir los dogmas, jóvenes que simpatizaban
– ¡La Biblia; la serpiente del Génesis 3; Jesucristo! ¡Patrañas!, ¡embelecos henchidos de artimañas y subterfugios de
con la Revolución (rusa, claro), querían hacer de la literatura un trabajo científico.
la vanagloria y abyección de Dios! De su glotonería de señorío absoluto… –selló su prédica el Eterno Anticristo.
... De ahí que, con osadía y sin decoro, supliqué: Sólo a los jóvenes se les puede ocurrir algo así: que la lectura y la obra literarias
–No aspiro volver a tal mundo. Permítaseme el existir aquí, Contigo, con ustedes –extendí así mis brazos a toda su se convirtieran en una disciplina autónoma, con un objeto de estudio específico.
comitiva, toda ella de dócil sahumerio, e imploré:
–He conocido la verdad. La verdad que asiduamente entreví después de antes.
Nunca siempre he deseado morir en el más vil desamparo de Dios.
¿ Por dónde empezar? Claro: organizando reuniones Quizás la pregunta más acuciante, cuya respuesta inauguraba
... Asintió así el Eterno Anticristo: entre amigos. En Petrogrado (así se llamaba entonces la teoría literaria, haya sido: ¿cuál es el objeto de estudio de una
la hermosa ciudad de San Petersburgo, cruel hogar disciplina centrada en la literatura? No es posible que sea toda la
– ¡Ciertamente es que por tu reaccionario persistir, decidido he extraerte de tal orbe y conducirte hoy aquí, y he aquí, de Raskólnikov, el héroe de Crimen y castigo) fundaron literatura, con los millones de textos que la conforman. Entonces,
incólume, con la muerte no intimarás…! la Sociedad de Estudio del Lenguaje Poético. Y, a 650 consideraron que ese objeto de estudio sería la característica que
kilómetros (unas ocho horas en tren), el Círculo de Mos- distinguiera a esos millones de textos calificados como literarios:
... ¡Hube de vencer...! cú. Ambos grupos se ocuparon, entonces, de temas tan la literaturidad presente en ellos y no en los otros millones de
banales como urgentes: ¿qué es la literatura?, ¿cómo se textos no literarios. Este tipo de procesos de reflexión llevó a los
1 Mencionó mi nombre orientando su egregia mirada a lo alto, a Él. Siendo la anterior porque en lengua hebrea se esgrime el pronombre “Él” como sufijo en copiosa cantidad de nombres masculinos, todos en referencia a Dios. construye una obra literaria?, ¿cuál es la diferencia entre jóvenes de ambos grupos a conclusiones similares: determinar
Daniel, ¿Algo propio de mí?... ¡Sí!, Antítesis y Simetría: Lo dice él, cuando niño de mí; lo digo yo, cuando adulto de él. verso y prosa? la existencia de un lenguaje “oscuro” característico de la poesía.
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