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Según los bomberos, decía el abuelo, el fuego extinguió múltiples vidas. Sin embargo, era absurdo pensar en una explosión.
Más increíble fue que nadie se hubiera dado cuenta de cómo el incendio se extendió poco a poco. No fue sino hasta que, al
He aquí un relato donde la locura es el motor de la
arder ciertas hierbas que produjeron gran humareda, un hombre acudió a presenciar el hecho y de inmediato dio aviso a las au-
ficción, y el enigma y lo ininteligible se vuelven las toridades. Al hablar conmigo, el hombre aún se veía alterado. Según las noticias del día siguiente, entre los escombros, justo en
claves fundamentales de la trama. su centro, los bomberos encontraron a un hombre milagrosamente intacto, quien fue el único testigo de cómo se inició el fuego.
Al menos tres bomberos debieron ser atendidos por el personal médico tras sufrir un principio de
i padre y yo nos dábamos a la tarea arqueoló- axfisia, en tanto la tarea de las dotaciones se vio obstaculizada por la falta de agua en la zona.
Aunque las autoridades aún no confirman el hecho, se ha reportado que hubo un sobreviviente. No
gica de escudriñar las cosas en el ático de mi
se descarta que se trate del mismo individuo que provocó el incendio.
Mabuelo, quien había fallecido no hacía mucho
tiempo en cierto hospital, ya con sus facultades bastante
deterioradas. Entre los extravagantes e insólitos triques
(cientos de fotografías, disfraces, antiguos casetes…) De acuerdo con los testimonios que logré recuperar, el hom- inusual sobreviviente radicaba en un manicomio a las afueras
de un curioso detective como lo fue mi abuelo, encontré bre repetía, sin parar y entre sueños, frases inconexas, expre- de Buenos Aires, y que el personal que laboraba ahí, lo había
un polvoso cuaderno forrado en piel. Su interior sadas con una voz cuasi de ultra-tumba: "Estos animales son visto, en medio de insólitas madrugadas, incorporarse de la
albergaba recortes de periódico, boletos del her bívoros y esos omnívoros… Estos animales son her bívoros cama con ojos extraviados, llenos de un fulgor extraño, y lo ha-
tren, dibujos y múltiples anotaciones de y esos omní voros". Sus aseveraciones eran, por supuesto, algo bía escuchado gritar, a todo pulmón, incoherencias, imitando
su puño y letra; se trataba de una suma que los bomberos no terminaban de comprender. Ya en la voces y sonidos parecidos a los de los murciélagos en época
de historias un tanto extravagantes, muy ambulancia, despertó por fin aquel misterioso testigo. Los de celo. Un espectáculo tétrico, afirmaban. También se decía
difíciles de creer, pero que, en verdad, suce- paramédicos se asustaron mucho ante la manera en que el su- que en algún punto, ante la imposibilidad de ser comprendido,
dieron: apariciones de personas por mucho jeto volvió en sí, ya que gritaba desesperada y eufóricamente, abandonó el habla, todo contacto humano y decidió abrazar,
tiempo extraviadas, lugares que conducían a sin parar: "¡El último bienio hemos triplicado la actividad con todas sus fuerzas, el mutismo.
pasadizos que resguardaban secretos, asesina- bursátil!". Inmediatamente después, se percataron que el Decidí investigar más y pude descifrar el sitio indicado.
tos ocurridos en cuartos cerrados… hombre esbozaba una sonrisa inusual y se espabilaba. Un amigo doctor me consiguió un permiso para ingresar a en-
Han pasado unos 20 años de tal hallazgo y Éstas eran actitudes muy extrañas para cualquier persona, trevistar a algunos pacientes en el nosocomio localizado, todo
aquel almanaque fantástico continúa conmi- pero acaso tenía que ver con el shock que le produjo aquel even- bajo la coartada de una supuesta investigación universitaria.
go, fascinándome aún con sus historias extra- to traumático. Ante tan extraños hechos, en los días siguientes Me había fascinado tanto el caso que no dudé en aprovecharla.
ñas. Entre todas ellas, hay una que no deja de a la tragedia, las autoridades locales y en especial los bomberos, Quería por todos los medios conocer el motivo del incendio y
intrigarme, tanto por los hechos ahí narrados buscaron respuestas. Respuestas que el único testigo, el hombre la identidad del inusual testigo. Sólo puedo dejar aquí escrito
como porque desde pequeño vivo en las cerca- misterioso, no podía otorgar, ya que sólo decía cosas extrañas que en efecto lo vi: lo hallé en un rincón del patio norte del
nías de donde todo aquello aconteció. tales como: "Los burgueses eran los que vivían en los Burgos o hospital, instalado en su propia y rancia miseria. Por desgra-
El asombro y el absurdo muchas veces vie- ciudades"; "en el hueco de la pared han quedado huellas de la cia, no resolvió mis dudas, ni acabó con la incertidumbre que
nen de la mano, mostrándonos que la vida está huida", entre otras muchas ininteligibles frases repetidas. por esos días poblaba mi vida; por el contrario, las acrecentó.
plagada de delirios. He aquí las páginas del El más interesado en saber el origen del fuego era el jefe Supongo que creí que resolver ese misterio me salvaría de mi
cuaderno en donde se intercalan anotaciones de bomberos, quien se luxó el húmero en las maniobras. Buscó propia falta de sentido. Aunque quizá lo hizo. Y es que debo
de mi abuelo, con los fragmentos de una nota que le dejaran encarar al tipo, pero no le permitieron hacerlo, decir que en sus ojos vi algo que no esperaba ver: ciertos gestos,
periodística aparecida en junio de 1948 en El Nacional: no pude averiguar el porqué. Un bombero subordinado afirmó, cierta expresión que había visto ya antes, acaso en un sueño o
sin dar mayores explicaciones, que las autoridades federales en un espejo. Y también…
* * *
temían por la integridad del paciente y único testigo. En cual- * * *
quier caso, me fue imposible contactar, en los días posteriores Hasta ahí llegan las frases surgidas de la mano de mi abuelo. Fin
al incendio, al extraño sobreviviente. Lo que sí supe fue que la de la libreta. Cada vez que releo la historia, viene a mí su rostro.
Buenos Aires, 17 de junio. El incendio comenzó alrededor del medio día de ayer en el Barrio de Flores, policía lo interrogó durante horas, pero nadie me quiso decir Su sigilo acendrado y esa mueca extrema de su boca. Cada vez
en la zona que colinda con Parque Avellaneda. El humo se alcanzaba a ver desde avenida Rivadavia e cuál había sido su paradero. También recibí la versión de que que pienso en él me digo que la experiencia del horror no puede
incluso, hacia el poniente, hay testigos que afirman haber estado en La plaza Martín Fierro y haberse un lingüista logró descifrar mediante la morfología estructural transmitirse. Y que la locura tiene mucho que decirnos. Que
percatado de la humareda. Después de varias horas, el siniestro calcinó las construcciones de toda la
manzana situada entre José Martí, Remedios, Tandil y Quirmo. Horas después de iniciado el percance, la de Jakobson, la verdad escondida detrás del reiterado delirio, quizá esté ahí la clave. Que la histeria es también un modo de
calle se encontraba abarrotada de gente. Fue tal la gravedad del siniestro que a los bomberos sumaron pero prefirió no revelarla. Me interesó tanto el caso que decidí hablar de este mundo y una manera de liberarse de él.
su ayuda los habitantes del lugar. En la extinción del fuego, trabajaron ambos grupos, hombro con comprar algunos libros de Lingüística.
hombro. Todo concluyó a las 7 de la tarde, cuando se logró controlar las últimas llamaradas. Aunque pasó algún tiempo, seguí indagando sobre aquel Josué D. DiMarque suele ser presa del insomnio cuando a su derredor le acechan letras,
palabras e ideas. Este observador compulsivo lucha siempre porque algún día el ruido
incendio. Una de las leyendas urbanas que se fueron generando que emana de la gente se acalle y por fin puedan comprenderse entre sí, para ello estudia
conforme el polvo se abalanzó sobre aquellos días, fue que el Comunicación y Cultura en la UACM.
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