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Los hijos de      mente mayor que la de la alegría absoluta”.   y crece al mismo tiempo, exaltada entre la esperanza
                     de  la  desesperación  absoluta  es  infinita-
                                                         de la nada y la desesperación del todo, alimentada con
                      Entonces ¿qué les queda a los infelices or-
                                                         fragancias y venenos, abrasada por el amor y el odio,
                  gánicos? ¿Qué empuja cada día a esas hordas de  aniquilada por las luces y las sombras”. La segunda op-
                infelices a subir las cimas de la desesperación? ¿La  ción, buscar consuelo, es imposible, porque el ente que
               pasión por lo absurdo? La última parece ser la única  ha subido a las cimas lo ha hecho porque su desespe-
              que resiste la falta de justificación de un vivir sin cau-  ración no tiene razón, y su vacío reverbera en cualquier
  Cioran Por Francisco C. R.  sas ni efectos, ni argumentos ni fin; en “la pasión por  lado en que se detiene, un vacío que lo desarraiga de la
              lo absurdo” dice: “La única manera de lograrlo con-  humanidad. La tercera posibilidad, buscar un grupo de
 Con este texto, C. R. nos adentra a la visión de  siste en aferrarse a lo absurdo y a la inutilidad absoluta,  autoayuda, es de hecho la más inútil de todas, porque el
 los llamados "hijos de Cioran" a través de una  a esa nada fundamentalmente inconsistente cuya fic-  grupo no existe, existe la compañía del dolor irracional
 de las más grandes obras de este escritor rumano.  ción es susceptible de crear la ilusión de la vida.” Para   que individualiza a los hijos y que a veces los hace aso-
               los  seres  que  padecen  las  cosas,  el  sufrimiento   marse a la orilla de la cima.
                 es la única pasión que tienen, pero que no pueden   ¿Qué les queda entonces a los hijos de Cioran? El
 os hijos de Cioran pueblan las cimas de la desesperación; los orgá-  medir y muchas veces ni siquiera exteriorizar.  “baño de fuego”, que se inicia al empezar a escalar y
 nicamente infelices tienen su lugar en esa cima donde no hay ni   Los orgánicamente infelices tienen el rostro  que se acaba cuando se alcanza la cima, “constituye
 Loscuridad ni luz, donde se ha alcanzado el ascético espacio de la   templado en la normalidad, si ese rostro fue-  la tentativa más fecunda. Sentir en todo nuestro ser
 nada; ellos caminan de un lado a otro en ese espacio, sin expresión, sin   ra copia de la intensidad de sus sentimientos,  un incendio, un calor absoluto, notar que brotan en
 gritos ni lamentaciones, cargando su cuerpo en cada paso que dan.  entonces  la  convivencia  sería  casi  imposible,  nuestro interior llamas voraces, no ser más que relám-
 En las cimas de la desesperación (Émile Michel Cioran; Rasinari,    el cara a cara un suplicio, se encontrarían con   pago y resplandor: eso es un baño de fuego.” Cuando
 1911 - París, 1995) fue publicada en Francia cuando Cioran   un  rostro  demacrado  por  el  desconsuelo,   los sentidos, las penas y todo lo que constituye tanto
 contaba con veintidós años, edad en la que parecía ya haber   con surcos tallados por la mano del insomnio,  a los infelices como a los felices orgánicos ha sido ex-
 agotado todo, haber leído todo y haber encontrado el desengaño   rostros  que  son “la  explosión  de  un  volcán  plotado hasta lo último, cuando se ha extasiado todo
 capital de la existencia por la vida misma. Infectado de insomnio,   que arroja llamas ardientes como la deses-  hasta desgastarlo, hasta volver cada estado de ánimo
 se cuestiona: “Ignoro totalmente por qué hay que hacer algo en esta   peración” en medio de la rutina.   estéril, se fragmenta lo inmediato para las dos espe-
 vida, por qué debemos tener amigos y aspiraciones, esperanzas y   ¿A qué se sube entonces a la cimas de la  cies: para los felices queda la satisfacción o la búsque-
 sueños”, y es sobre ese árido suelo en el que las cimas empiezan   desesperación? ¿Al suicidio? ¿A buscar con-  da de nuevos recipientes de alegría, mientras que para
 a levantarse, a poblarse con esos hijos que han renunciado a las   suelo? ¿A un grupo gigantesco de autoayuda?  los infelices queda el incendiarse, el
 ambiciones. Para ellos ninguna ganancia es suficiente para asirlos   A  ninguna  de  la  tres,  si  bien  la  primera  es  vaciarse  encima  el  combustible
 a la vida, porque están irremediablemente lejos de todo, porque un   la única resolución en un mundo en el que  de  su  propia  miseria  antes  de
 muro transparente media entre el mundo y ellos.   nada está resuelto, en el que hasta esa acción  soltar el cerillo; para empe-
 Ya no poder vivir. Es lo que se dicen los que pasean por la super-  pierde todo sentido cuando se busca una re-  zar a escalar como un me-
 ficie del lugar, lo que se repiten momentos antes de que el rumano    afirmación  de  la  vida,  un  desenlace  por  un  teoro  que  va  en  sentido
 les dicte sentencia: “La vida crea la plenitud y la vacuidad, la exu-  “motivo”,  ya  sea  valeroso  o  de  naturaleza  contrario: “La liberación
 berancia y la depresión; ¿qué somos nosotros ante el vértigo que   existencial. El suicida nace. En un sólo día  de  la  gravedad  gracias
 nos consume hasta el absurdo?”. La vida, el existir en dado    puede suicidarse muchas veces, la renuncia a  a  ese  baño  de  fuego…
 caso,  es  el  inicio  de  la  desgracia  para  los  orgánicamente    su existencia no es más que la cúspide de su  ello  no  es  nada  com-
 infelices, un callejón en el que al final, los hijos encuentran es-  condición  endógena.  El  suicida  es  una  colec-  parado con la sensación
 crito en el muro: “¿Qué importancia puede tener que yo me   ción de tragedias, instantes y desequilibrios que  final  tan  paradójica  en
 IIustración Roberto Molotla
 atormente, que sufra o que piense?”. Aunque para los orgá-  para muchos son sólo etapas transitorias y que  la  que  el  sentimiento  de  esa
 nicamente infelices la vida es un suplicio, no encuentran   La alegría. Debe surgir dentro del sujeto, nunca por causas   en ellos se marcan como una honda huella que  irrealidad  onírica  es  sustituido
 razón para renunciar a ella. Y en los monólogos nocturnos   externas, debe nacer del propio ritmo y recursos del indivi-  los  va  acercando  a  la  autoinmolación.  Viven  en  una  por la sensación de ser reducido a
 encuentran una razón de su inacción hacia uno u otro lado:   duo. Porque hasta Cioran acepta que la alegría es “un estado   locura perpetua, pero no una locura que dinamita la  cenizas, sensación que corona ine-  IIustración jesús Roldán
 “La clave se halla, probablemente, en la irracionalidad de la  paradisíaco”, pero hace una distinción: “ese estado sólo puede   conciencia, sino en una locura consciente que los lleva  vitablemente todo baño de fuego
 vida, la cual hace que ésta perdure sin razón”. Pero los orgáni-  alcanzarse mediante una evolución natural”. Porque sus hijos a   de un polo a otro, como si nada mediara entre ellos  interior.
 camente felices son capaces de formar una fila de “propósitos”  lo más que pueden aspirar es a la superación de la obsesión por   y sus pasiones, entre ellos y su renuncia: “Únicamente  " Se llega a las cimas de
 que son anulados, uno a uno, por los orgánicamente infelices:  los instantes de agonía para entrar en un paraíso de serenidad   ellos me impresionan, pues sólo ellos conocen grandes  la deseperación para ser
 “¿el entusiasmo?, impuro; ¿la vida?, racional; ¿la dialéctica de  donde nada se espera; es entonces cuando los infelices orgá-  pasiones  y  experimentan  grandes  transfiguraciones.”    destruido por la nada.
 la vida?, lógica y no demoníaca; ¿la eternidad?, una palabra  nicos, perdidos entre las calles de su desesperación, deciden   El orgánicamente infeliz a través de esa explosión en él,
 vacía; ¿la experiencia de la nada?, una ilusión; ¿la fatalidad?,  entregarse a su drama interior, aceptando que esa alegría irra-  termina convirtiéndose en “una fiera de sonrisa grotes-
 una broma...”. Pensamientos que abortan la alegría.   cional está fuera de sus alcances. Y es que “La complejidad    ca que se contrae y se dilata infinitamente, que muere  Francisco es un habitante del lugar común...

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