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ALEGRÍA
I
Por Bily López Felicidad y alegría, según entiendo, no son lo mismo. Spinoza, no con el club de los optimistas. Para este ma-
Para tener alegría basta una mirada, una bebida espiri- rrano la alegría es un afecto en el cual el ser humano
tuosa, unos dedos cosquilleando en la entrepierna, o una pasa de una menor a una mayor perfección, es decir, un
lúdica elucubración de la imaginación, casi cualquier afecto que aumenta la potencia de obrar de un ser hu-
cosa. La alegría, sin embargo, no equivale a la felicidad mano. Y, por otra parte, cuando hablo de felicidad ha-
cuando ésta se equipara a la estabilidad, la eficiencia, blo del aberrante concepto de la misma que nos hemos
el cumplimiento de las metas y los deseos, así como al construido en, por lo menos, el último siglo: American
alineamiento con las formas de vida predeterminadas y dream y punto. Desde esta perspectiva, a todas luces,
codificadas como exitosas por el modo de producción felicidad y alegría se contraponen, puesto que la prime-
capitalista. Ser feliz, así entendido, no implica ser ale- ra es una codificación, una modulación, una dirección
gre; y ser alegre no implica ser feliz. Se puede ser feliz axiomatizada de los deseos, mientras que la segunda
en la inmundicia cuando la felicidad no es más que un es un acontecimiento que posibilita la transgresión de
reducto de los deseos dirigidos por una sociedad con- todo deseo codificado, dirigido, axiomatizado o modu-
troladora, en cambio, no se puede tener alegría bajo lado: la posibilidad de ser algo más. La alegría, en pocas
este esquema de felicidad, en todo caso, la alegría surge palabras, es siempre el umbral de la transgresión, de la
como un movimiento a contrapelo de esa felicidad. rebeldía, mientras que la felicidad, esa felicidad, es por
Y es que, claro, cuando hablo de alegría lo hago con lo general el taimado epítome de lo preexistente.
12 PALABRIJES 10 julio-diciembre 2013

