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desarrollan una obra fuera del ámbito social. La abru-
madora presencia de los medios de comunicación en
nuestros días ha provocado un boom de lo que, parafra-
seando a Jean Franco, se puede llamar el “escritor su-
perstar”. En nuestros días, no es raro que las opiniones
políticas de Mario Vargas Llosa o Antonio Tabucchi
tengan una enorme autoridad en los medios periodís-
ticos en que se publican, al grado de que la columna
de un escritor y la de un politólogo sean leídas con el
mismo nivel de respetabilidad. En literatura, esto se
traduce necesariamente en una representación de pro-
blemáticas sociales en los textos narrativos. El centro
del problema radica precisamente en las formas de la
representación.
Veamos un ejemplo: los dos novelistas sudafrica-
nos más importantes de nuestros días son, sin duda, los
Premios Nobel Nadine Gordimer y J. M. Coetzee. La
primera realiza una literatura que pudiéramos llamar
“de denuncia”. Cuando uno se aproxima a las páginas
de El último mundo burgués o de Historia de mi hijo, la
denuncia social es muy clara. De esta manera, las no-
velas de Gordimer se centran en las formas en que los
individuos sudafricanos ven sus vidas afectadas por la
realidad social y política de su país. Por ello, estos libros
se enfocan en figuras prototípicas que permiten una
transmisión directa del mensaje, haciendo a la novela
un medio político que busca la suscripción del lector a
las causas sociales. Coetzee, en cambio, utiliza medios
indirectos para la representación del tema sudafricano.
En una de sus obras maestras, Esperando a los bárbaros,
la discriminación del otro es presentada simbólicamen-
te. La novela habla de la vida de un cuartel fronterizo,
donde el ejército de un país inexistente espera la inva-
sión de los bárbaros, un grupo poco definido sobre el
cual los protagonistas no saben nada excepto que resul-
ta una amenaza difícil de precisar. En este caso, Coet-
zee toma el problema de la discriminación del otro y,
al estilo de El desierto de los tártaros de Dino Buzzati,
fuerza de ser tan pretenciosos se tornan absolutamen- crea un mundo donde dicho problema se manifiesta de
te ilegibles y pierden su capacidad de ejercer cualquier una manera diferente al de la realidad inmediata, lo que
función literaria y social. permite aislarlo para explorar narrativamente su densi-
Volvamos al término “literatura comprometida”. La dad filosófica y literaria fuera del contexto sudafricano.
acepción original, que habla de una literatura en la cual Así, la novela de Coetzee mantiene su compromiso con
el texto es un instrumento para la transmisión de un una realidad social, pero amplía este compromiso a una
mensaje de importancia social, no debe ser descartado realidad literaria, en la cual el problema del racismo se
a priori. Es claro que el regreso al realismo socialista o representa a través de una variante narrativa que permite
a cualquier teoría literaria basada en la determinación representarla en un imaginario mucho más amplio que
lineal que una causa política ejercería sobre la escritura la coyuntura social. El resultado es claro. Mientras Gor-
resulta inviable. Sin embargo, el intelectual es una figu- dimer crea una literatura cuyo interés existe en tanto
ra que, por lo regular, se encuentra relacionada con la su contexto social de producción siga vigente, Coetzee
esfera pública tanto nacional como internacional, con crea una parábola de la discriminación que, tras la caída
la evidente excepción de los escritores misántropos que del apartheid, no pierde su poder ni su eficacia narrati-
22 PALABRIJES 10 julio-diciembre 2013

