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general. Entonces ¿cómo hacer? No creo que el proble-
ma sea la rebeldía ni la liberación —que, finalmente, a
uno más o menos se le ocurre por dónde—, sino que el
problema está en que eso no termine volviéndose un
nuevo espacio de poder. Creo que eso es lo más grave.
B: Sin duda es muy grave, pero, además de indicar-
lo, ¿se te ocurre alguna manera de que esto no suceda?,
es decir, de evitar que esos discursos terminen en lo
opuesto a su intención inicial…
AM: En lo personal —ya lo decías tú al principio
señalando los terrenos por los que me he metido— creo
que para eso está la crítica, el ejercicio permanente de la
crítica, su virtud es estar siempre vigilando estos nuevos
fascismos que están a punto de surgir por todos lados:
en el ejercicio de la palabra, en el ejercicio del cuerpo
mismo —ese cuerpo no sólo como el lugar de las pa-
siones o de la seducción, sino de las relaciones afectivas
con los otros, también es un escenario fácilmente con-
ducible hacia las exclusiones. Entonces, hay que estar
atentos, hay que estar permanentemente a la espera de
que esto pueda volverse en contra, de que lo que ha
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sido un terreno de fuga, en términos deleuzianos , sea
conducido a un terreno de ejercicio del poder. ¿Qué lo
evita? La crítica, y no sólo como una crítica conducida
verbalmente, discursivamente, con cierta distancia, sino
una crítica que te toque y que sea —como decía Judith
Butler en un texto hablando de Foucault y de su ejer-
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cicio de la crítica — una práctica virtuosa, que implica
un ethos, un comportamiento determinado que implica
una virtud, es decir, una práctica que necesita y que re-
quiere de la fuerza —que es lo que virtud finalmente Uno se siente muy bien con uno mismo, hay reconoci-
quiere decir: es una fuerza ético-política permanen- miento, etc., pero hay que saber retirarse en algún mo-
te—; y esto hay que estar elaborándolo todo el tiempo. mento, y sobre todo hay que saber poner a prueba lo
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En su momento Derrida utilizó la palabra auto- que uno está diciendo. Lo que ha servido hace un año
inmunidad para referirse a los peligros de una crítica puede hoy no servir, y esto hay que asumirlo, poner a
que, buscando la puesta en cuestión, no se pone en prueba la crítica también contra los efectos que a veces
cuestión ella misma, y entonces se autoinmuniza con- son incalculables. A veces la crítica te lleva hacia luga-
tra su propia fuerza liberadora o de puesta en cuestión. res que no querías. Al feminismo universitario le ha
Es gravísimo, pero sucede por todos lados. Sucede en pasado. El feminismo universitario ha construido espa-
las organizaciones políticas. Ha sucedido, lamentable- cios de poder dentro de la institución, diríamos, andro-
mente, en la izquierda y en los movimientos sociales céntrica, y hasta ahí se ha quedado, lo cual es gravísimo
de la izquierda que construyen pequeñas cúpulas de porque el feminismo debería de ser permanentemente
poder, con su propio vocabulario interno, sus gestos crítico y no contentarse con ocupar los lugares que el
de auto-reconocimiento. Hay que estar echando abajo androcentrismo ya tenía en la institución…
todo esto, y a veces hacerlo es echar abajo en el senti-
do fuerte, es decir, en el sentido físico, hay que romper B: A veces los mismos movimientos estudiantiles
estos castillos, y en otros casos hay que cuidarse a uno han incurrido en esto, ¿no?
mismo de no estar persiguiendo este tipo de posturas
y posiciones que el ego recibe con un aplauso, pero que AM: Por supuesto, los individuos construyen su pro-
sabemos que son negativas en términos de autoridad. pio camino político ahí, en los movimientos estudian-
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PALABRIJES 10 julio-diciembre 2013

