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VIGILAR Y CASTIGAR
o la filosofía como experiencia
Puesta en escena, más que conjunto de verdades, la filosofía foucaultiana nos obliga
a preguntarnos por aquellos mecanismos que hemos inventado para “normalizarnos”:
la prisión es uno de ellos.
Por Román Suárez
s imposible no asociar la publicación, en 1975, foucaultiana. Pensar la locura, la muerte, la violencia y
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de Vigilar y castigar con el lanzamiento, en la criminalidad sólo es posible si vamos a los espacios
E1971, del manifiesto del Grupo de Informa- en donde se producen las prácticas que de manera pa-
ción sobre las Prisiones (GIP). En ambos firma Michel ciente, milimétrica y gris se decantan, que dan forma
Foucault y en ambos esa firma es un gesto de apertura a las caprichosas instituciones administradoras de la
más que de apropiación. Uno de los objetivos que mo- exterioridad, de eso que es imposible pensar sin arries-
tivaron la creación del GIP fue el de abrir la posibili- garse a perder el suelo del pensamiento mismo.
dad, inexistente hasta ese momento, de que los medios Esa particular manera de entender el pensamiento
masivos de comunicación sirvieran para que los presos como una fuerza que abre, limita, disuelve o potencia
mismos hablaran sobre su situación, expresaran su sa- otras fuerzas, implica siempre un riesgo, el riesgo de lo
ber y pudieran hacer de sus propios pecho y garganta no previsto, el riesgo del encuentro, en el que cada idea
los resonadores para amplificar los efectos del oscuro pronunciada, más que intentar traducir una verdad, in-
orden carcelario. Eran los propios internos quienes tenta suscitar un efecto, una acción, una consecuencia,
debían alzar la voz para hacer de su experiencia un una experiencia en quien la recibe. El pensamiento deja
discurso que se abriera paso entre los tantos discursos entonces de ser el maestro sabihondo y dominador para
especializados que aún sofocan, traducen y domestican transformarse en el acróbata de la cuerda floja que en
el murmullo escalofriante que sale por las rejas y ven- cada paso arriesga su llegada y que, en cada peligroso
tanas de una prisión. Se trataba, a final de cuentas, de lance, desprende de su público gestos y gritos de admi-
hacer visible aquello que, existiendo en el interior de ración espontáneos. El pensamiento se hace actor y el
una sociedad, es a su vez su más recóndito afuera, su libro entonces se hace teatro. Cada libro de Foucault
exterioridad radical e inexpugnable, impensable e inex- debe ser leído como una puesta en escena, más que
perimentable. Se trataba de abrir ese espacio para que como un conjunto de verdades.
a través de él se escuchara el murmullo de un afuera en Del conjunto de libros que Foucault dedicó al tema
perpetua retirada. del encierro es Vigilar y castigar el que brilla con una luz
Ese ejercicio de escucha, de irrupción y de espera monumental y casi cegadora. El libro intenta, más que
de lo radicalmente otro es una constante en la filosofía una historia, una genealogía del encierro, la vigilancia
40 PALABRIJES 10 julio-diciembre 2013

