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y el castigo carcelarios. Y si este libro va más allá de   que se impone cuando se instala de manera clandestina
       ser una simple historia, lo es en gran parte porque la   el más temido de los enemigos: la enfermedad invisible.
       palabra “historia” siempre tuvo para Foucault un uso   Seremos testigos también del nacimiento del pan-
       problemático y lúdico. Foucault siempre negó que sus   óptico, de su quirúrgica geometría, de la organización
       trabajos fueran “trabajos de historiador”, aunque nunca   matemática del espacio que condiciona la circulación
       dejó de reconocer que se sirvió del trabajo historiográ-  del poder que viaja en cada mirada, en cada orden y en
       fico, pero de un modo peculiar. El uso de la historia en   cada rayo de luz que recorta la penumbra, pero también
       él es paródico, más que académico y, por ello mismo, es   asistiremos a la manera en que el hueco, la sombra y la
       siempre pacientemente documentalista, porque, como   oscuridad de la noche se instalan y hacen del pensa-
       toda parodia, debe conocer e imitar los movimientos   miento y del corazón del criminal su huésped rebelde
       exactos de aquello que parodia, sin implicar, desde lue-  y violento. Atravesaremos el alucinante ajedrez de la
       go, que los efectos que busca provocar tengan que ser   vigilancia, su matemática y su geometría, y los vere-
       los mismos. No es entonces una historia que trata de   mos, desde su perfección y eficacia, convertirse en la
       encontrar el logos oculto de la violencia lo que lleva de   moral de nuestros tiempos, en el humanismo que se
       manera necesaria a la cárcel tal y como la conocemos.   hace patente en cada petición de trato digno para quien
       Es, de manera contraria, la puesta en escena de cómo se   habita las zonas más oscuras de nuestra civilización. Si
       ha decantado paciente, minúscula e imperceptiblemen-  Vigilar y castigar es una genealogía es porque hace eco
       te lo que hoy conocemos como prisión; pero es más que   del asombro que le sobreviene a  Nietzsche cuando se
       la explicación de cómo ha ocurrido una consolidación,   da cuenta de toda la sangre y el dolor que hay detrás de
       la puesta en escena de su desmontaje, de su articulación   las cosas buenas.
       en retrospectiva. Y aunque el libro avanza de acuerdo   A finales de los años 70 Foucault dió una entrevista
       con un orden cronológico, eso no implica que haya en   para un periódico italiano en la que tasó los logros de
       cada uno de sus pasajes una lógica que ate de manera   Vigilar y castigar, y ante el acoso del entrevistador que
       irrenunciable el paso de una a otra etapa. Cada uno de   intentaba orillarle a reconocer que su libro no era un
       los cuatro capítulos que conforman el texto, desde el   trabajo en el que pudiésemos encontrar una verdad me-
       primero dedicado al suplicio, hasta el último dedicado   tódicamente obtenida y constatada, Foucault respondió
       a la prisión del siglo XIX, son la puesta en escena del   que nunca había buscado otra cosa más que escribir
       espacio en el que circula el poder y la manera en que   ficciones, ficciones que buscan dramatizar nuestra ac-
       ese poder atraviesa los cuerpos, los ojos, las palabras, los   tualidad, ficciones que buscan generar la unidad de “La
       comportamientos y las miradas de todos los que se ven   experiencia mediante la cual llegamos a individualizar
       tocados por la enorme máquina que es la prisión.   ciertos mecanismos (por ejemplo, el encarcelamiento, la
          El primer capítulo inicia con el espectáculo grotes-  penalización, etc.) y, a la vez, al percibirlos (sic) de ma-
                                                                                                2
       co del suplicio de Damiens. Foucault nos hace respirar   nera completamente distinta para desligarnos de ellos.”
       el olor a azufre y a carne quemada; nos lleva al corazón   Finalmente, si Vigilar y castigar es uno de esos gran-
       de la nube de polvo que se levanta cuando los caballos   des textos, lo es porque desde los confines de la mo-
       de tiro, que jalan para desmembrar el cuerpo de Da-  dernidad nos enseña a preguntarnos sobre nuestra
       miens, fallan a cada intento; nos lleva al centro de ese   actualidad, al mismo tiempo que nos muestra las difi-
       remolino en el que se cruzan los gritos, los olores, el   cultades de responder la pregunta que nos ha forzado
       dolor, el polvo, la violencia que atraviesa los gestos, la   a formular. Es un libro moderno en la medida en que
       piedad disimulada del cura que bendice al tiempo que   hace uso de las más claras lecciones de Kant (mostrar el
       pide arrepentimiento; la impasibilidad férrea del ver-  trágico destino de la razón que se pregunta cosas que no
       dugo, el sol del medio día en su lucidez, y la sombra de   puede responderse); pero también muestra por qué pre-
       la locura sobre las cabezas de los que, con él, asistimos   guntamos de cierta manera y nos da luz sobre la manera
       al espectáculo brutal del suplicio, de la violencia vuelta   de preguntar por nuestra actualidad de una forma radi-
       ejemplo, espectáculo y castigo en el mismo instante en   calmente distinta de como lo hemos venido haciendo.
       que el látigo suena y los pater noster salen compulsiva y   Vigilar y castigar es el más actual de los libros
       alocadamente de la boca de Damiens, quien, finalmen-
       te, se desprenderá de su propio cuerpo y le verá morir y
       alejarse como un despojo ajeno a sí mismo, como una   1   Foucault, Michel. Vigilar y Castigar: Nacimiento de la prisión. México: S. XXI Editores, 1985
                                                     2  Trombadori, Duccio. Conversaciones con Foucault. Pensamientos, obras omisiones del último
       cáscara o un ropón, del que dolorosamente se ha des-
                                                      maître-à-penser. Buenos Aires: Amorrortu, 2010
       prendido. Atravesaremos la ciudad envuelta por la pes-
       te, el mar de ratas, los cadáveres ardiendo y el control   Román  es profesor de filosofía, melómano y diletante profesional.
                                                                                                             41
       PALABRIJES 10 julio-diciembre 2013
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