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Joan Brossa




















                            Remasterizando la famosa tesis del poeta inglés T.   rebase las fronteras de lo meramente literario (ceñi-
                         S. Eliot planteada en su ensayo La tradición y el talento   das en esencia a la búsqueda del sentido trascendental
                         individual, Paz pone mayor énfasis en la obra que en   del ejercicio creativo), será negado en automático, por
                         el creador, antes la Literatura que las literaturas. Así se   más que en su obra exista un planteamiento estético
                         aleja de cualquier interpretación historicista o genealó-  articulado alrededor de su práctica poética de compro-
                         gica de la poesía, ya que, como se lee, un poema (uno   miso con el entorno inmediato, realidad que ha deci-
                         bueno) es susceptible de resignificaciones por parte del   dido nombrar en el poema para hacerla visible. Este
                         lector sin que tenga que mediar contexto alguno. Desde   tipo de descalificaciones, estoy convencido, ocurrieron
                         luego, es necesario precisar contra qué tipo de poesía se   casi siempre al amparo de la idea que sobre la poesía
                         manifiesta Paz, y por qué su aversión: tal interpretación   defendía Paz. Basta mirar, por ejemplo, la nota crítica
                         nace, como él mismo precisó en diversos momentos,   que el Nobel mexicano realizó sobre el grupo La espiga
                         a partir de la creencia de que toda “literatura política”   amotinada en el ya mencionado prólogo a su antología:
                         durante el siglo XX, en última instancia, era una deri-
                         vación del Realismo Socialista:                  En 1960 apareció un libro, La espiga amotinada […] El
                                                                          título del libro era romántico y un poco retórico. Los poe-
                            Lo que me prohíbe adherirme a la dudosa y confusa doc-  mas también lo eran. La actitud del grupo era exagerada.
                            trina del «arte comprometido» no es tanto una reserva de   Paso por alto la retórica y me quedo con el romanticismo
                            orden estético como una repugnancia moral: en el siglo   y la exageración. A este libro siguió otro: Ocupación de
                            XX la expresión «arte comprometido» ha designado con   la palabra (1965). Sin someterse a los necios preceptos
                            frecuencia a un arte oficial y a una literatura de propagan-  del “realismo socialista”, los cinco han declarado que para
                            da. […] La «literatura comprometida» ha sido doctrina-  ellos el ejercicio de la poesía es inseparable del cambio de
                            ria, confesional y clerical. No ha servido para liberar sino   la sociedad. Esta pretensión, en la segunda mitad del siglo
                            para difundir el nuevo conformismo que ha cubierto el   XX, puede hacer sonreír. Por mi parte creo que, inclusive
                            planeta de monumentos a la revolución y de campos de   si se estrellan contra el famoso muro de la historia, pensar
                            trabajo forzado.                              y obrar así es un punto de honra para cualquier poeta y
                                                                          más si es joven.
                            Como ya señalamos, será Efraín Huerta el prime-
                         ro en resentir los efectos de esta condena. En los años   No importa entonces el trabajo creativo, la formu-
                         setenta, José Joaquín Blanco afirmaba en su Crónica de   lación de una poética del compromiso social, ni tener,
                         la poesía mexicana que “se reconocía en Huerta un es-  más que una base estética para su obra, una práctica li-
                         critor menor que a pesar de haber cometido los grandes   teraria sólida y anclada a la larga historia del fenómeno
                         pecados literarios del siglo (estalinismo, poesía panfle-  literario mexicano, pues el contenido desautoriza toda
                         taria, el fárrago exaltado como retórica constante) ha-  valoración ulterior como obra de arte. Gabriel Zaid
                         bía logrado poemas importantes.” Este tipo de juicios,   es tajante al respecto:  “Cierta basura llamada poesía
                         provenientes de un sector particular de la literatura   comprometida, social o de protesta, es completamente
                         mexicana, se multiplicaron al por mayor. Y en ese “a   inocente […] como si no hubiera diferencia entre un
                         pesar de” reside la condena central. El poeta que deci-  poema y una declaración política o de amor, firmada
                         da, por convicción política, social o ideológica formular   en una carta o manifiesto.” De este modo, toda una
                         una obra literaria con cualquier clase de contenido que   tradición literaria ligada al compromiso con el entorno
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